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"Otro incidente firmado por Spanair"

"Embarqué felizmente en el avión de la dudosa compañía aérea española dispuesta a llegar a Almería a las 11:50 horas del mismo día", indica. Sin embargo, a la hora prevista de aterrizaje, comunicaron ...

"Embarqué felizmente en el avión de la dudosa compañía aérea española dispuesta a llegar a Almería a las 11:50 horas del mismo día", indica. Sin embargo, a la hora prevista de aterrizaje, comunicaron a los pasajeros que por problemas técnicos, se veían obligados a aterrizar en Málaga. "No nos contaron nada, sólo aterrizamos a 300 kilómetros del destino donde teníamos pensado hacerlo. Eso sí, nos dijeron que no nos alarmáramos, que no pasaba nada, que qué mas daba, que el comandante de la nave estaba buscando una solución", afirma.

A las 12.40 horas se formó, según esta lectora, un revuelto en el avión, porque la gente quería salir y necesitaba saber cuál era la solución que buscaba el piloto. "Tras la revuelta de los pasajeros, que habían confiado en una compañía de tan demostrado prestigio, se oyó una amable voz que por megafonía nos invitó a coger un autobús, sin trasbordar antes el equipaje y desplazarnos a 300 kilómetros por las maravillosas carreteras de Andalucía un viernes veraniego". "Al resto les ofrecieron coger el siguiente avión y les dijeron que se supone que funcionaría mejor que el nuestro", cuenta.

María debía presentarse a las 16.00 horas en un colegio de Almería, donde se iban a celebrar oposiciones al Cuerpo de Maestro. Llevaba preparándose para estos exámenes dos años, alternando el trabajo con los estudios y, en sus pocos ratos libres, dedicaba algo de tiempo a su marido y a sus amigos.

A contrarreloj, María debía decidir si coger el autobús y recorrer 300 kilómetros por carretera o esperar al próximo avión. Finalmente decidió pagar a un taxi. "O no llego o me muero en el intento", indica. "Miedo, impotencia, incertidumbre, decepción, rabia, desconsuelo y pena. Se sienten muchas cosas en el momento en el que eliges la opción del taxi sin saber si llegarás a tiempo para presentarte en el lugar donde deberás plasmar en papel, en dos horas, toda la información que has introducido en tu cerebro durante dos años", lamenta. "Encima tienes que pensar que, después de todo, has tenido suerte porque has podido aterrizar pese a los problemas técnicos", dice indignada.

"El final fue feliz. Tres horas más de lo esperado, 300 kilómetros más de lo esperado, 300 euros más de lo esperado y tres millones de pensamientos negativos más de los esperados no me impidieron que llegara a mi destino. Me mostré agradecida al acelerador del taxista, so pena de pago yo en multa y puntos, y pudiera, gracias a Spanair, cumplir la misión que llevaba preparando largo tiempo", señala.

A pesar de toda esta historia, María se muestra feliz: "Yo estoy aquí para contarlo y mando tres millones de abrazos a los que no pudieron contarlo. Gracias Señor por no haberme hecho famosa en la tele", afirma en referencia al accidente aéreo de Spanair en el aeropuerto de Barajas.

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