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«Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes: contemplad mis obras, poderosos, y desesperad». 

El poema de Percy Bysshe Shelley hablaba de un monarca gigantesco cuyo imperio había terminado reducido a unas piernas de piedra en mitad del desierto. Pero, visto el panorama político de Arrecife, quizá Shelley simplemente se adelantó dos siglos y se equivocó de isla. 

Yonathan de León ha reclamado al Gobierno de España que devuelva a Marruecos a los migrantes que llegan en patera a Lanzarote. Y lo ha hecho acompañado de una de esas frases concebidas para sobrevivir mucho más en Instagram que en un manual de Derecho: «Lo único blindado es La Mareta». 

Contundente. Rotundo. Imperial. 

Solo le faltó ordenar el retorno de las pateras desde el balcón del Ayuntamiento mientras un heraldo anunciaba: "Por mandato del alcalde de Arrecife, queda resuelta la política migratoria europea". 

Hay un pequeño inconveniente. Uno diminuto. Casi insignificante: la ley. 

Porque devolver a una persona a Marruecos no funciona como devolver un paquete porque llegó a la dirección equivocada. 

El marco jurídico vigente obliga a tramitar las devoluciones y, cuando existe una solicitud de protección internacional, entran además en juego los procedimientos previstos por el Pacto Europeo de Migración y Asilo, plenamente aplicable desde junio de 2026. El propio BOE recuerda que el Derecho de la Unión directamente aplicable prevalece sobre las disposiciones nacionales incompatibles. 

Es decir: existen procedimientos administrativos, garantías jurídicas, legislación española, normativa europea, obligaciones internacionales y circunstancias individuales que deben examinarse. 

Pero siempre queda una alternativa. 

La rueda de prensa. 

Debe de ser maravillosa esa concepción de la política en la que uno formula una frase contundente y automáticamente desaparece toda la arquitectura jurídica de un Estado miembro de la Unión Europea. 

"Devuélvanlos a Marruecos".

¡Ah! 

Pues asunto solucionado. 

¿Cómo no se le había ocurrido antes a Interior? ¿Cómo no llamó Bruselas al Ayuntamiento de Arrecife? ¿Para qué tenemos juristas, funcionarios, tratados internacionales, reglamentos europeos, jueces y procedimientos administrativos pudiendo preguntarle directamente a Yonathan? 

La cuestión migratoria es extraordinariamente compleja. Precisamente por eso merece algo más que convertir seres humanos, fronteras y legislación en material para fabricar un titular contra Pedro Sánchez. 

Se puede criticar la política migratoria del Gobierno. Faltaría más. 

Se puede exigir mayor control fronterizo, más recursos para Lanzarote, mejores mecanismos de retorno para quienes legalmente deban ser retornados, mayor implicación europea y una política mucho más firme con Marruecos. 

Todo eso es legítimo. 

Lo que resulta intelectualmente bastante más pobre es comportarse como si la solución dependiera exclusivamente de que Pedro Sánchez levantase el teléfono desde La Mareta y dijera: 

"Venga, todos para Marruecos". 

Especialmente porque una situación excepcional no convierte las garantías establecidas por el ordenamiento jurídico en un folleto opcional. 

Y aquí está precisamente el problema de determinada política contemporánea: confundir una solución con una frase que suena a solución. 

Porque una cosa es gobernar y otra posar de emperador. 

Lanzarote tiene motivos más que suficientes para reclamar atención ante la presión migratoria. Los tiene para exigir recursos humanos, económicos y materiales. Los tiene para pedir corresponsabilidad al Estado y a Europa. 

Precisamente por eso el debate merece rigor. 

No grandilocuencia. 

No convertir La Mareta en el comodín argumental para absolutamente todo. 

Y mucho menos vender como jurídicamente sencilla una decisión sometida a normas que trascienden ampliamente las competencias de un alcalde, de un ayuntamiento e incluso la voluntad unilateral del propio Gobierno de España. 

Al final siempre volvemos a Ozymandias. 

El rey ordenaba.

El rey proclamaba. 

El rey estaba convencido de que su poder era inmenso. 

Y siglos después solo quedaban unas ruinas rodeadas de arena. En Arrecife todavía estamos a tiempo de evitar las ruinas. 

Aunque, viendo determinadas declaraciones, la estatua ya parece encargada.

 

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