¿Y ahora qué? Señores del gobierno

Ángel Domínguez

Llevamos asistiendo al descalabro del turismo desde que el pasado 1 de julio se autorizó la entrada de turistas al Estado español, pero mucho antes, los responsables del Gobierno central, autonómico e insular, casualmente todos del mismo color con algunos tonos distintivos, nos decían primero que “instalaremos el pasaporte sanitario”, luego que “los corredores seguros”, después que si los test PCR y ¿cuál fue la realidad?. La realidad fue que el 1 de julio se abrieron las puertas de par en par sin la más mínima seguridad, ni para turistas ni para residentes en el archipiélago.

Por otra parte, los empresarios turísticos se ofrecieron a pagar los test PCR, a la par que hacían grandes esfuerzos en adecentar y adecuar sus instalaciones hoteleras para mayor seguridad de los clientes, de nuestros huéspedes. Una vez más, el ámbito privado por delante del sector público, no por una cuestión de medios, sino claramente por una cuestión de capacidad y tal vez de necesidad, hay muchas familias que de ello dependen. 

En nuestra isla presumían, sacando pecho el 30 de marzo en una comparecencia pública desde la sede del Cabildo de Lanzarote,  de la cifra de 14 test diarios. Algo, a día de hoy, me atrevería a decir que insultante. 
No contentos con ello, el día 30 de junio, un día antes de la apertura de la isla a los turistas, se mandaba nota en la que, una vez más, se presumía de las 1.177 pruebas de tipo test de detección del Covid19, todo ello para una población de 160.000 habitantes. Es decir, ni el 1% de la población residente se había hecho test, todo un alarde de seguridad para nosotros y para quien nos pudiera visitar (véase la ironía).
Y llegaron los aviones, y llegaron los deseados turistas a los que no sometimos absolutamente a nada, a los que dejamos entrar sin corredores, sin test, sin pasaporte sanitario y sin ninguna de las medidas a las que se habían comprometido. Entonces y solo entonces llegamos a la cifra escandalosa de los casi 600 contagios en Lanzarote, y claro nuestros  países  “amigos” ponen a Canarias en la lista negra. No fuimos fiables, no se tomaron medidas, el Gobierno del Estado  no estaba, no se hablaba, no se tomaban medidas y el turismo se nos fue. 

¿Y ahora qué? Ahora todo es negro, ahora trabajadores en ERTE, casi en ERE, ahora complejos cerrados, ahora proveedores que no venden, hostelería resentida, repartidores sin reparto...
Pero esa pregunta tiene otra variante; ¿Y ahora qué? Ahora las colas en los servicios sociales, en los bancos de alimentos, en las listas de espera para adjudicaciones de ayudas, los impagos de alquileres, de hipotecas, ahora la no acción y la improvisación de estos gobiernos enfrascados en sus disputas partidistas y que va provocando que muchas familias tengan que vivir en completa incertidumbre. Con Europa dudando de nuestra capacidad para revertir esta situación. 

Sin embargo, en el polo opuesto ha estado por ejemplo uno de nuestros competidores más cercanos, Madeira, que ha tenido una ocupación de entre un 40 y un 70%  lo que le ha posibilitado salvar en parte su temporada de verano. ¿Cómo? trabajando, planificando y mostrándose fiable ante el contexto internacional, y desde luego lo han sido. Su presidente dijo algo que es totalmente cierto, y es que prefería gastar dinero en PCR que en paro, subsidios y otras prestaciones. Lo importante era destruir los menos empleos posibles. Y eso es lo que han hecho y así de bien les ha ido.
 
Mientras, nuestros gobiernos “vendían” Canarias como destino seguro. Pero lo cierto es que no lo éramos, lo cierto es que pasaron de todo lo que prometieron y han acabado por enfadar a la patronal turística. Normal, no hemos sido un destino puntero, no hemos sido un destino seguro, no hemos sido atractivos esta vez y en este contexto, pero otros destinos sí, sí lo han logrado. 

Ahora parece que se proponen soluciones, pero me temo que costará recobrar esa confianza. Aprendamos, nos han demostrado que se pueden hacer las cosas infinitamente mejor y aprendamos para que no haya más preguntas de ¿Y ahora qué?.  Sobre todo,porque hay empresas, autónomos, vidas y muchos empleos en juego.

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