Turismo en Lanzarote: el turista tiene la cartera, pero ¿quién consigue abrirla?

La noticia publicada por La Voz de Lanzarote sobre la estrategia que prepara el Cabildo para conseguir que el gasto turístico impulse más al comercio llega en un momento especialmente interesante. El consejero de Comercio y Consumo, Armando Santana, ha viajado a Málaga para conocer experiencias que buscan conectar hoteles, restaurantes, administraciones y empresas comerciales. Se habla de rutas gastronómicas vinculadas al producto local, alianzas entre establecimientos turísticos y comercios, digitalización y herramientas para conocer mejor los hábitos de consumo de los visitantes. Todo suena razonable. Pero quizá haya que hacerse una pregunta bastante más incómoda: ¿por qué necesitamos ahora buscar fórmulas para que el dinero del turista llegue al comercio si llevamos décadas hablando de que el turismo es el gran motor económico de Lanzarote? 

La respuesta puede estar precisamente en la evolución del modelo turístico. Lanzarote tiene millones de visitantes y un gasto turístico elevado. El problema no parece ser que el turista llegue sin dinero, sino dónde termina ese dinero una vez que aterriza en la isla. Y ahí la noticia del Cabildo abre un debate que merece ser mucho más profundo que una campaña comercial. 

Los datos disponibles muestran que el gasto turístico de Lanzarote supera los 180 euros diarios por visitante en determinados periodos recientes. Sin embargo, cuando se descompone ese gasto aparece una realidad menos espectacular para el comercio: en el segundo trimestre de 2026, la partida correspondiente a compras de bienes se situó en 4,9 euros diarios. El grueso del gasto se concentra en alojamiento y transporte hacia la isla, mientras que otras partidas como restauración, transporte interno y ocio tienen también un peso importante. 

Por eso el reto que plantea el Cabildo es interesante. No se trata simplemente de conseguir que el turista gaste más. Se trata de conseguir que una mayor proporción del dinero que ya está dispuesto a gastar circule por la economía local. 

Y aquí aparece el asunto que inevitablemente acompaña esta conversación: el todo incluido. 

No se trata de demonizarlo. Es una fórmula comercial legítima, responde a una demanda y ofrece al visitante la posibilidad de controlar buena parte de su presupuesto. Pero también tiene una consecuencia evidente: cuanto más consumo queda resuelto dentro del hotel, menos necesidad existe de salir al exterior.

En Lanzarote, alrededor del 30,4% de los turistas contrataron esta modalidad en 2025. Es decir, aproximadamente tres de cada diez visitantes llegaron con una parte importante de su consumo vacacional ya contratado. Desayuno, comida, cena, bebidas y entretenimiento pueden estar incluidos. Si a eso se añade una oferta hotelera cada vez más completa, el establecimiento puede convertirse prácticamente en un pequeño destino dentro del destino. 

Y ahí está la contradicción. El hotel quiere que el cliente consuma dentro porque ese consumo forma parte de su negocio. El restaurante que está al otro lado de la calle necesita que salga. El comercio quiere que entre. El artesano quiere venderle. La empresa de excursiones quiere que reserve. El mercado quiere que lo visite. Todos compiten, legítimamente, por la misma cartera. 

Por eso la noticia del Cabildo debería servir para algo más que anunciar reuniones y futuras iniciativas. Debería abrir una conversación sobre cómo diseñar un turismo que no termine en la puerta del hotel. 

Porque si queremos que el turista compre en Lanzarote, primero tendremos que conseguir que tenga motivos para salir a comprar en Lanzarote. Y ahí sí tiene sentido hablar de rutas gastronómicas, productos locales, mercados, digitalización y acuerdos entre hoteles y comercios, tal y como plantea el Cabildo tras su experiencia en Málaga. 

¿Por qué no puede un hotel recomendar de verdad el comercio que tiene a 200 metros? ¿Por qué no establecer acuerdos estables entre establecimientos turísticos y pequeñas empresas locales? ¿Por qué no crear experiencias conjuntas entre hoteles, restaurantes, bodegas, artesanos, comercios, mercados y empresas de ocio? ¿Por qué no conseguir que el turista reciba en la recepción del hotel algo más que un folleto genérico? 

Si queremos que el dinero circule, habrá que construir los puentes para que circule. 

Y tampoco conviene plantear esto como una guerra entre hoteles y comercio. Sería un error. El hotel forma parte de Lanzarote y necesita una isla atractiva, viva y con oferta para vender sus habitaciones. Pero Lanzarote también necesita que una parte del gasto generado por esas habitaciones llegue al resto de su tejido económico. 

El problema aparece cuando el visitante puede pasar una semana en la isla sin necesitar realmente relacionarse económicamente con el territorio que está visitando. Puede ocurrir. Y cuanto más cerrado sea el circuito de consumo dentro del alojamiento, mayor puede ser esa desconexión. 

De ahí que el debate sobre el todo incluido merezca una conversación seria. No para prohibirlo ni para demonizarlo, sino para preguntarnos si podemos diseñar mecanismos que hagan compatible esa modalidad con un mayor consumo exterior. El turista puede tener su desayuno, su almuerzo y su cena pagados y, al mismo tiempo, descubrir un mercado, comprar artesanía, reservar una excursión, visitar un restaurante o adquirir productos locales. La cuestión es crear el incentivo y, sobre todo, hacer que la oferta exista y sea atractiva. 

Lanzarote ha conseguido algo que no es fácil: el turista está dispuesto a gastar. Ahora toca conseguir que ese gasto tenga más recorrido.

Que llegue al restaurante pequeño. A la tienda familiar. Al artesano. Al productor local. Al taxista. A la empresa de excursiones. Al mercado. Al comercio de la calle. A quien mantiene abierta una persiana durante doce meses al año esperando que alguien entre. 

Por eso la iniciativa que recoge La Voz de Lanzarote puede ser una buena oportunidad para plantear una cuestión de fondo. El objetivo no debería ser únicamente aumentar el gasto turístico, sino aumentar su capacidad de generar actividad económica distribuida dentro de la isla. El dato de gasto turístico medio dice cuánto dinero deja el visitante; no nos dice, por sí solo, cuánto de ese dinero llega al pequeño comercio. 

Quizá haya llegado el momento de dejar de medir únicamente cuántos turistas llegan y cuánto gastan, y empezar a mirar con más atención cómo se reparte ese gasto cuando llega. 

Porque otro récord de visitantes siempre queda bien en un titular. Pero para el comercio de Lanzarote la pregunta importante es otra: ¿cuánto de ese récord termina realmente en sus cajas? 

Lanzarote no necesita únicamente turistas con capacidad de gasto. Necesita turistas que tengan razones para gastar Lanzarote. 

Ahí está el verdadero reto que deja sobre la mesa la iniciativa del Cabildo. 

Porque el turista ya tiene la cartera. 

Ahora habrá que conseguir que, cuando la abra, la isla esté al otro lado. 

FUENTES Y DATOS DE CONTEXTO 

• Fuente principal: La Voz de Lanzarote, 16 de septiembre de 2026, “El Cabildo busca que el gasto turístico impulse más el comercio de Lanzarote”. La información recoge la visita del consejero Armando Santana a Málaga y las iniciativas estudiadas para conectar turismo y comercio. 

• Datos de gasto turístico: referencias del Observatorio Turístico de Canarias/Promotur y datos turísticos difundidos por La Voz de Lanzarote sobre el gasto por partidas en Lanzarote. 

• Todo incluido: datos de contratación de esta modalidad en Lanzarote en 2025 y documentación de contexto del Consejo Económico y Social de Canarias y de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria sobre sus efectos sobre el gasto y el consumo exterior.

 

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