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Domingo de Guzmán Pérez, exdirector del Hospital Insular de Lanzarote (1982-2022). Foto: Juan Mateos.
Domingo de Guzmán Pérez, exdirector del Hospital Insular de Lanzarote (1982-2022). Foto: Juan Mateos.

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Todavía no se había acallado el eco de la manifestación del 20 de junio donde miles de personas se pronunciaron contra el cierre del Hospital Insular, por su reforma, mejora y por la defensa de la sanidad pública,  cuando algunos de nuestros representantes públicos se precipitaron a cuestionar tales demandas y a censurar el aspecto personal de las mujeres que allí estaban. En lugar de esta respuesta reactiva contra miles de ciudadanos que se manifiestan por una legítima demanda ¿Por qué no lo convierten en un instrumento para exigir en los centros de poder de Gran Canaria o Tenerife, lo que la isla necesita?  ¿No fue así como se contribuyó a conseguir la unidad de radioterapia? ¿No consiste en eso también la participación en una sociedad democrática?

Por circunstancias familiares he pasado varios días transitando por el Hospital Materno Infantil de Gran Canaria. Un hospital que tiene 44 años de construido. La mayoría de sus instalaciones no han sido nunca reformadas y tienen el aspecto original. Les puedo asegurar que la apariencia del interior de nuestro Hospital Insular es mucho mejor. Y lo digo por todas aquellos (y aquellas) que no se cansan de decir que las instalaciones están obsoletas. Eso sin dejar de reconocer las limitaciones de espacios y servicios que nuestro hospital tiene.

Justo detrás del Hospital Materno Infantil están terminando de construir la llamada torre de pediatría, un magnífico hospital monográfico que sin duda será un gran avance para la sanidad de nuestra comunidad autónoma. Según la Consejería de Sanidad esa obra, junto con la reforma de las urgencias del Hospital Dr. Negrín, supondrán un inversión de cerca de cien millones de euros.

Estoy seguro de que el Hospital Materno Infantil también se reformará dentro de poco y como ocurre con todas las reformas de los hospitales, no será necesario desalojarlo completamente. ¿Por qué para reformar el Hospital Insular, que está en una parcela de cerca de diez mil metros cuadrados, es necesario cerrarlo y desplazar su actividad? ¿Por qué no se reforma por fases?

El Hospital Clinic de Barcelona uno de los más avanzados y que recibe pacientes de todo el mundo, fue inaugurado en 1906. A pesar de estar en un edificio centenario y encontrarse en el centro de la ciudad, ha sido remodelado de forma constante y por sectores, consiguiendo ser unos de los hospitales más especializados, con unidades y servicios que se encuentran a la vanguardia de la atención sanitaria de nuestro país. 

Y yo me pregunto, ¿por qué en una época de presupuestos saneados y grandes inversiones, al Gobierno de Canarias solo se le ocurre para Lanzarote, cerrar el Hospital Insular y trasladarlo a un edificio prefabricado que necesita un millón de euros para corregir deficiencias? ¿No sería mejor invertir ese millón en subsanar los fallos más importantes de seguridad del Hospital Insular y encargar un proyecto para su reforma? ¿Por qué se le quiere dar un uso definitivo al Edificio de Enfermedades Emergentes, que fue creado para afrontar un pandemia, cuando la pregunta según los expertos, no es si habrá o no una nueva pandemia, sino cuando será y que intensidad va a tener?

Es lamentable cómo muchos de los que deciden y opinan en el debate público, no conocen el Hospital Insular, o hace décadas que no trabajan allí. Y sin embargo, con los profesionales que dan la cara todos los días y sacan el trabajo adelante en ese hospital apenas se cuenta, o no se les convoca jamás. Oigo opiniones que insisten en seguir troceando el Servicio de Geriatría, esa joya de los servicios sanitarios. Primero intentaron justificar la separación  del Hospital de Día de Geriatría del resto del servicio, y ahora se oye hablar de aislar la unidad de recuperación funcional y llevarla junto a plazas sociosanitarias. Una experiencia similar se intentó en los hospitales del norte y del sur de Tenerife y después de más de veinte años de problemas de gestión, ahora esos hospitales solo cuentan con camas sanitarias, simplemente porque el marco legislativo es demasiado complejo y solucionarlo a base de convenios, llevará décadas hacer los ajustes necesarios para que todo funcione bien. 

¿Pero por qué se empeñan algunos en desmontar, jibarizar y experimentar con el servicio que presta el Hospital Insular, si el modelo de Lanzarote es el que es y que se ha implementado durante décadas? 

Porque no es solo la obstinación en cerrar el Hospital Insular. Dicen que nada va a cambiar con el traslado, pero desde hace tres o cuatro años, solo se han puesto dificultades al normal desempeño del servicio: todavía no se ha nombrado un director médico o un jefe de servicio para el Hospital Insular, a pesar de que cuenta con uno de los servicios más grandes, y sin embargo otros departamentos con muchísimos menos adjuntos, han obtenido esos nombramientos. Permiten que se vayan fuera de la isla los geriatras que se forman aquí con tanto esfuerzo intelectual y humano. Se están poniendo dificultades para otorgar las certificaciones que les corresponden por derecho a los facultativos, y cuando lo hacen se infravaloran sus méritos. Han convertido el proceso de estabilización en una autentico drama y un laberinto para un personal de enfermería fiel, comprometido, formado y especializado, que se ve abocado a marcharse de la isla o aceptar puestos de sustitución, después de haber trabajado como interinas muchísimos años ¿Qué clase de estabilización esa? ¿Por qué se juega así con el medio de vida de las personas?

El hospital Insular es un hospital pequeño pero completo y especializado, con unidades de hospitalización, consultas externas, hospital de día, recuperación funcional, farmacia, laboratorio, radiodiagnóstico, administración y servicios generales propios. Juega un papel destacado en los servicios sanitarios de la isla, forma profesionales especializados y lo más importante: tiene un valiosísimo equipo humano, cuyo saber hacer, experiencia y compromiso, es de un valor incalculable,  ¿por qué la Consejería de Sanidad, que tantas inversiones millonarias está haciendo en otras islas, no lo reforma y lo mejora? ¿Por qué pone en manos de extraños, las decisiones sobre su futuro?

¿Por qué a nuestros representantes lo único que parece interesarles es el solar y la ubicación? ¿Para una residencia sociosanitaria? ¿Por qué tiene que desaparecer el Hospital Insular para hacer una nueva residencia de mayores?

 ¿Es que no hay otros terrenos en la isla para eso?  

Lanzarote es la isla que más aporta por habitante a la Hacienda de la Comunidad Autónoma y una de las que menos inversiones recibe también por habitante. Y está bien ser solidario. Pero el envejecimiento de la población no se detiene y la isla ha crecido en veinte mil tarjetas sanitarias extra en los últimos tres años. Sin embargo el Gobierno de Canarias parece no querer modernizar, sino que persigue privarnos de nuestro Hospital Insular. Y no es que andemos sobrados de infraestructuras. Por no tener no tenemos Campus Universitario, las escuelas como la de Enfermería de importancia estratégica, malviven sin recursos suficientes y falta de profesores. La capital de la isla no tiene un auditorio. Tampoco tenemos palacio de congresos, ni museos, ni centros culturales y educativos especializados. Las grandes inversiones parece que son solamente para las otras islas  ¿y Lanzarote solo paga las facturas?

¿Por qué en lugar de estar eliminando recursos no se hacen las inversiones necesarias para reformar el Hospital Insular, modernizar y ampliar el Molina Orosa, ampliar los centros de salud y construir los que faltan, y en definitiva dotar a la isla de las infraestructuras sanitarias necesarias y de las que ahora adolece? 

 

 

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