Muy tristes con Yaiza

 

Isabel Lusarreta

Una madre primeriza ha elaborado la teoría de que a un niño no se le puede educar llamándole malo cuando hace algo incorrecto, así que cuando tiene que reprender a su hija, opta por explicarle que están todos muy tristes porque ha pegado a otro niño, no se ha terminado la comida o no ha pedido ir al baño y ha habido que hacer todo un cambio de ropa. Así, la pequeña se preocupa por la tristeza de sus seres queridos, y pregunta si éste o aquél también están tristes por lo que ella ha hecho, pero no se le graba el trauma de pensar que es una niña mala. En definitiva, un sistema muy similar al que parece estar utilizando el Cabildo de Lanzarote con el Ayuntamiento de Yaiza.

José Francisco Reyes concedió una licencia de espaldas a la primera Corporación, pese a que hay sentencias judiciales que le obligan a notificar todos los permisos edificatorios que otorgue. Además, la licencia en cuestión se basa en un planeamiento municipal de hace 30 años y no respeta ninguna de las normas urbanísticas que se han aprobado posteriormente en la isla y que son de obligado cumplimiento. En resumen, y según la versión que da ahora el propio Cabildo, la megalicencia "contraviene la ordenación territorial y urbanística aplicable", al igual que muchas otorgadas anteriormente por José Francisco Reyes, algunas de las cuales siguen en litigios judiciales y otras ya han sido tumbadas por los Tribunales.

Pero pese a que en esta ocasión se había anunciado que se iba a actuar con contundencia e incluso se aprobó en pleno y por unanimidad de todos los partidos representados en el Cabildo estudiar la posibilidad de iniciar acciones penales contra el alcalde sureño, su grupo de gobierno o sus técnicos municipales, por ahora la respuesta parece que seguirá siendo más de lo mismo. Es decir, pleitear durante años esa licencia en los tribunales, para ver si hay suerte y el fallo llega antes de que las mil viviendas y los 220 locales comerciales ya estén en pie.

El comunicado emitido por el Cabildo no explica si se han encontrado o no los "indicios de criminalidad" que en su día acordaron buscar para poder dar de una vez una respuesta ejemplarizante. Aunque finalmente el informe encargado a los servicios jurídicos sí recomienda trasladar el tema a la Fiscalía para que lleve a cabo una investigación adecuada, la nota de prensa emitida por el grupo de gobierno del Cabildo se limita a explicar que lo acordado hasta el momento es interponer un recurso contencioso administrativo contra la licencia. Y aunque esa medida es correcta y necesaria, con eso no basta, porque una vez más, el mensaje que se está transmitiendo al alcalde del sur es sólo el de que estamos "muy tristes".

Estamos muy tristes porque pretende duplicar la población de Playa Blanca casi en secreto y sin consultar con nadie. Estamos muy tristes porque concedió una megalicencia a escondidas a pocos meses de las elecciones, arriesgándose a hipotecar el futuro del próximo gobierno municipal y el de toda la isla. Estamos muy tristes porque el Cabildo tuvo que enterarse de este proyecto a través de La Voz de Lanzarote, que hizo pública esta licencia que quizá si no aún seguiría oculta. Y, para colmo, estamos muy tristes porque aunque hace casi tres meses desde que este medio dio a conocer la noticia, el Cabildo aún no ha conseguido tener acceso a toda la documentación.

Finalmente, y fuera del plazo límite que se le dio, el alcalde terminó entregando el expediente y el proyecto de la licencia, pero lo cierto es que faltaba una parte de la documentación del proyecto técnico, que se ha vuelto a reclamar sin éxito. Y por eso también estamos muy tristes. Tanto que hasta el Cabildo advierte en su nota de prensa que "ha actuado y seguirá actuando con el mayor rigor en el respeto a la legalidad vigente".

Sin duda, un mensaje demasiado tibio para la gravedad de la situación. Porque el problema es que, en este caso, ni es el Cabildo el que se salta a la torera la legalidad vigente, ni las licencias se conceden solas. Y si alguien concede a diestro y siniestro permisos de construcción saltándose las leyes establecidas, no sólo debería dejarnos muy tristes. Aquí no se trata de cambiar unos pañales o pedir disculpas al compañero de pupitre por haberle quitado el rotulador. No se trata de educar a un niño sin herir su susceptibilidad o causarle traumas de por vida. Se trata de poner orden de una vez en el sur.

Y si el Cabildo finalmente se vuelve a quedar a medias y sólo actúa contra la licencia, y no contra el que la otorga y los que le respaldan, estará permitiendo que sigan rompiendo ese juguete en el que se ha convertido Playa Blanca. Porque a estas alturas de la película, nadie puede pensar que a Reyes le preocupe lo más mínimo que el Cabildo y las decenas de miles de ciudadanos a los que representa estén tristes. Ya va siendo hora de que, al menos, le vea las orejas al lobo.

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