Hay trabajos que forman parte de nuestra vida cotidiana y, sin embargo, apenas vemos. El de los profesionales de Instituciones Penitenciarias es uno de ellos.
Cada año, el Día de la Merced nos brinda la oportunidad de reconocer una labor que tiene mucho que ver con la seguridad, pero también con algo que a veces olvidamos: las segundas oportunidades.
En Lanzarote esta realidad tiene un nombre y un lugar: Tahíche. Allí, en el Centro Penitenciario de Arrecife, trabajan cada día hombres y mujeres cuya responsabilidad va mucho más allá de custodiar un centro.
Su tarea exige profesionalidad, responsabilidad y, también, una importante dimensión humana. Porque detrás de cada expediente hay una persona; detrás de cada condena, una historia; y detrás de cada persona, la posibilidad de que su vida pueda tomar un rumbo diferente.
Nuestra Constitución establece que las penas privativas de libertad deben estar orientadas hacia la reeducación y la reinserción social. Pero esos principios no se quedan en un texto jurídico. Se construyen cada día con el trabajo de funcionarios y funcionarias, equipos técnicos, psicólogos, trabajadores sociales, educadores, personal sanitario y tantos otros profesionales.
Por eso, cuando hablamos de instituciones penitenciarias hablamos de seguridad. Pero hablamos también de convivencia, de formación, de tratamiento y de oportunidades.
Y ambas dimensiones están profundamente relacionadas.
Una sociedad segura no solo necesita que se cumplan las condenas. Necesita también que, cuando llegue el momento de regresar a la sociedad, una persona tenga más herramientas para no volver a delinquir.
En una isla como Lanzarote, donde conocemos bien el valor de la convivencia y de la integración, esta reflexión adquiere un significado especial. La reinserción no depende únicamente de lo que ocurre dentro de los muros de un centro penitenciario. También
necesita una sociedad capaz de abrir puertas: a la formación, al empleo, a la familia y a una vida alejada de la delincuencia.
Como Director Insular de la Administración General del Estado, quiero aprovechar esta fecha para reconocer especialmente a los profesionales del Centro Penitenciario de Tahíche. Su trabajo no siempre ocupa titulares, pero es imprescindible.
También quiero acordarme de sus familias, que conocen de cerca los horarios, las responsabilidades y las dificultades que acompañan a esta profesión.
El Día de la Merced es, en definitiva, una fecha para mirar un poco más allá de los muros.
Para recordar que la seguridad y la reinserción no son caminos diferentes, sino dos partes de una misma responsabilidad.
Y para agradecer a quienes, cada día, hacen posible que nuestro sistema penitenciario funcione con seguridad, profesionalidad y humanidad.
Porque una sociedad también se mide por su capacidad para ofrecer una segunda oportunidad cuando la ley y las circunstancias lo permiten.
Feliz Día de la Merced.
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