El maestro que nos enseñó a recordar: Don Óscar

2 de enero de 2026 (18:32 WET)

Hoy nos toca decir adiós a alguien muy especial: nuestro querido profesor Don Óscar. En el CEIP Capellanía deja una huella profunda y serena, de esas que no hacen ruido pero
permanecen. Fue maestro, buen compañero y, sobre todo, una persona comprometida con la educación entendida en su sentido más amplio: enseñar era también cuidar la memoria,
transmitir valores y dar sentido a lo que somos como pueblo.Eso no podemos olvidarlo.

Óscar siempre defendió que la escuela no podía vivir de espaldas a la historia de Lanzarote. Para él, educar era recordar, nombrar y respetar el pasado. Decía que la memoria no era algo antiguo o viejo, sino un regalo que se entrega a las nuevas generaciones para que sepan de dónde proceden. Y así lo hacía, con palabras sencillas, con historias, con ejemplos que nacían de la tierra y de la gente.

Hablaba de Lanzarote como quien habla de una persona querida, con respeto, con conocimiento y con emoción. Nos enseñó que las tradiciones no son folclore vacío, sino recuerdos históricos vivos, y que cuidarlas es una forma de dignidad colectiva. Por eso sentía un orgullo tan profundo por Los Buches, a los que consideraba una parte esencial de la memoria popular de la isla, una voz del pasado que sigue caminando entre nosotros. Como cronista, supo preservar y transmitir ese legado con rigor, pero también con alma, un alma grande. En el CEIP Capellanía aprendimos de él que ser docente no es solo explicar contenidos, sino ayudar a construir identidad, pensamiento crítico y amor por lo propio, por lo nuestro. Su forma de enseñar, de escuchar y de compartir seguirá presente en pasillos, aulas y conversaciones, aunque hoy nos duela su ausencia; allí tendremos siempre su presencia.

Gracias, Óscar, por recordarnos siempre la importancia de la memoria, por defender la cultura de Lanzarote con honestidad y por ejercer la docencia desde el corazón. Tu legado vive en lo
que sembraste y en todo lo que nos ayudaste a recordar.

Hasta siempre, MAESTRO, con mayúsculas, como siempre te llamaba. Ahí, en ese cielo que ya habitas sobre Lanzarote, seguirás brillando en la memoria de esta isla que tanto amaste.
A su familia, mi abrazo más sincero, con la certeza de que su legado vive en esta isla y en todas las personas a las que enseñó a quererla. Ni todas las estrellas juntas podrán compararse con la luz que tú tenías.

Con todo mi cariño, compañero.

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