Madres

Cada verano tiene sus lecturas. Hay quien busca novelas de intriga para las tardes de playa, quien prefiere los clásicos pendientes o quien aprovecha las vacaciones para acercarse a voces nuevas. Este año propongo un hilo conductor poco habitual: la maternidad. No tanto entendida como un tema doméstico, sino como un territorio indómito donde se cruzan la memoria, la identidad, los afectos y las transformaciones sociales. 

La literatura contemporánea, desde Máximo Gorki y Marcel Proust hasta Annie Ernaux o María Negroni, ha encontrado en la figura materna una de las mejores formas de interrogar el pasado y comprender quiénes somos. Recientemente, la literatura canaria (y la conejera en particular) ha recogido este testigo, convirtiendo a las madres en protagonistas de algunas de sus obras más interesantes. Son figuras presentes y ausentes, cuidadoras y cuidadas, recordadas o perdidas. A través de ellas se cuentan historias familiares, pero también la propia historia de las islas. 

La primera recomendación es La madre de Hans Müller (Editorial Siete Islas, 2026), de Pepe Betancort. El autor abandona aquí el humor al que nos tiene acostumbrados en títulos como Cincuenta kilos de tomate o Las perlas de Eufemia Montelongo, pero mantiene intacto su cordón umbilical con el paisaje de Lanzarote y su querida Arrecife. La novela reconstruye Arrecife como era en los años sesenta, un tiempo previo al desarrollo del turismo, donde la ciudad aparece como un espacio vivo e íntimo. A este entorno, que aún conserva la lentitud y la belleza de otra época, llega un joven alemán marcado por la inesperada desaparición de su madre. Su camino se entrelaza con el de Pedro "el Caboso", un joven huérfano, continuando con delicadeza la exploración de la identidad afectiva y LGTBI que Betancort ya insinuó en su novela corta El Roque del Este (Caballos azules, 2025). 

Muy distinta, pero igualmente imprescindible y también bajo el sello editorial de Siete Islas, encontramos La madre hueca, de Ismael Lozano. Reconocido con el Premio Arkoiris 2024 al mejor escritor de Canarias por su constante compromiso con la visibilidad y la literatura inclusiva, Lozano se adentra en esta ocasión en el territorio de la ausencia. Ambientada en la isla de La Palma, la madre aparece aquí como una herida, un vacío. Con una escritura de gran sensibilidad, la novela explora los silencios familiares y esas fracturas emocionales que a menudo definen a una estirpe. 

Desde la poesía nos llega Jacintos y galletas (Ediciones La Palma, 2025), de Tina Suárez Rojas. Se trata de una hermosa elegía escrita tras la muerte de su madre, donde aborda el duelo y la escritura se convierte en un puente entre la ausencia y el recuerdo. En una línea similar de fragilidad y crudeza se sitúa una recomendación que no es una novedad: Ropavieja (Editorial Dieci6, 2021), de Lana Corujo. En este poemario de tono narrativo, la maternidad aparece ligada a la enfermedad. Corujo muestra cómo una hija acompaña a su madre en su deterioro físico y cómo los papeles tradicionales se invierten en un esfuerzo cotidiano por preservar la memoria.

A estas obras individuales y para los que gusten de la brevedad del relato, se suman dos propuestas corales que amplían el retrato hacia un territorio colectivo: la antología Madres (Ediciones La Palma, 2024), impulsada por Elsa López y coordinada por Juan Carlos de Sancho donde participan doce autores canarios, y la Antología Madre (Mercurio Editorial, 2024) coordinada por Berbel recogiendo relatos, poemas y testimonios de 151 mujeres de 43 países diferentes en torno a la figura materna. 

La gran lección que comparten todos estos libros es que las madres nunca son únicamente madres: son también paisaje y memoria. Y es precisamente al ampliar esa idea cuando descubrimos que la línea de los cuidados en Canarias no se detiene en la estructura nuclear de la familia, sino que se despliega hacia una red más amplia, comunitaria y casi invisible, donde la vejez adquiere un papel central. En ese tránsito, las madres se prolongan y a veces se transforman en abuelas, figuras que no solo custodian la vida cotidiana, sino también la memoria de lo que fuimos. 

Esa continuidad, esta relevancia del papel de las abuelas se percibe con especial claridad en poemarios como Soo (La Bella Varsovia, 2023), de Juli Mesa, o Cuando las naranjas (Ediciones La Palma, 2026), de Antonio Martín Piñero, y, de manera muy significativa, en obras como Las galletas (Plasson&Bartleboom, 2026) de Óscar Liam, donde la abuela emerge como figura de refugio y transmisión emocional. Del mismo modo, y desde un registro salvaje y descarnado, Andrea Abreu en su inolvidable Panza de burro (última recomendación para los rezagados que aún no la hayan leído) ya había abordado los cuidados compartidos entre abuelas, madres y vecinas como verdadero sostén de la vida en la periferia insular. En ese mundo, como todos sabemos, la crianza no pertenece a una sola casa: se reparte y se aprende en comunidad. 

Leer estos libros durante el verano es una invitación a repensar la familia -con la que por suerte podemos compartir más tiempo durante estos meses- desde los cuidados más que desde el vínculo biológico. En esas historias de mujeres, silenciosas o luminosas, que les recomiendo, se dibuja también la transformación de las islas y la forma en que cada generación intenta entender su propio pasado.