L@s chic@s salen adelante

Hace un par de cursos me tocó impartir el Ámbito Lingüístico y Social y ser tutor de un grupo de Diversificación en el instituto donde trabajaba en ese momento. Fue bastante duro y me desgasté mucho. Eran muy disruptivos, tenían enormes dificultades y poca capacidad de trabajo. Del estrés incluso me salió una dermatitis que, sin exagerar demasiado, hacía que se me cayera la piel de la cara a cachos.

Todos los compañeros trabajamos mucho para sacar adelante a estos chicos: los profesores, las auxiliares educativas, orientación, el equipo de convivencia, el equipo directivo… Sin olvidar la labor imprescindible del personal administrativo y de limpieza. Fue un esfuerzo colectivo, con los medios modestos de los que disponemos en la enseñanza pública.

Ahora que, con la distancia, puedo ver los frutos de aquel trabajo, me emociono. A la mayoría de aquellos chicos no se les daban bien los estudios y, en su momento, parecían tener por delante un futuro complicado. Sin embargo, algunos se han consolidado en sus trabajos y otros incluso han abierto sus propios negocios. Ver cómo salen adelante, poco a poco y cada uno a su manera, llena a cualquiera de felicidad.

Acudo con muchísima alegría, por ejemplo, a cortarme el pelo en la barbería que uno de ellos ha abierto en el pueblo. En el salón me dejan guapísimo, un corte moderno, estupendo y no puedo evitar sentirme orgulloso al verlo convertido en un profesional. Durante el verano me he encontrado también por la calle con otros chicos de aquel grupo: uno me cuenta que está estudiando un ciclo formativo para poder trabajar en un ámbito que le gusta; otra pasa rápidamente con su patinete y me cuenta, feliz, que está trabajando en un servicio de delivery y que está ganando su propia platita.

También hay algunos que me escriben a través de las redes sociales al empezar el curso para contarme cómo les va en los estudios en los que se matricularon en su momento y para los que les ayudamos a conseguir una beca. Me hablan de sus progresos en el deporte, de cómo están sus familias y de sus proyectos. Todo eso me produce una enorme satisfacción. No a todos los chicos les ha ido bien. Sería injusto decir lo contrario. Algunos siguen perdidos, otros todavía no han encontrado su lugar y quizá necesiten más tiempo para madurar. Ojalá también ellos acaben encontrando su camino. Pero la mayoría lo ha ido haciendo, cada uno a su ritmo, y eso es motivo de esperanza.

Por eso no quiero terminar sin hacer un reconocimiento a la estupenda labor y al compromiso de la mayoría de mis compañeras y compañeros profesores en este inicio de curso. Nuestro trabajo es duro, exigente y muchas veces incomprendido. Y, como en cualquier profesión, nadie es perfecto: todos nos equivocamos, tenemos días malos, aprendemos y volvemos a intentarlo. Pero si algo he aprendido en estos años es que lo que realmente deja huella no es solo la profesionalidad, sino sobre todo la humanidad con la que acompañamos a estos chicos. El corazón que ponemos en las cosas. Son los pequeños gestos, la paciencia, la confianza, el tiempo dedicado y la capacidad de creer en ellos incluso cuando ellos mismos no lo hacen.

Eso es lo que construye comunidad, lo que sostiene a tantas familias y, muchas veces, lo que ayuda a un chico a descubrir que sí tiene un futuro. Y quizá ese sea uno de los grandes privilegios de nuestro trabajo: que muchas veces no llegamos a ver inmediatamente lo que estamos sembrando. Hay alumnos de los que nos preocupamos durante años y de los que, cuando terminan el instituto, apenas volvemos a saber. Otros nos harán desesperarnos, nos pondrán a prueba y nos harán preguntarnos si todo ese esfuerzo sirve realmente para algo. Pero el tiempo acaba dando algunas respuestas.

Los chicos salen adelante. No todos, no siempre y, desde luego, no al mismo ritmo. Algunos tardarán más en encontrar su camino. Otros quizá necesiten varias oportunidades. Pero muchos, la mayoría lo consiguen. Y cuando un día te encuentras con aquel alumno que parecía destinado a tenerlo difícil y lo ves trabajando, estudiando, cuidando de su familia, practicando un deporte o simplemente contento con la vida que está construyendo, entiendes que todo aquello tuvo sentido.

Por eso, ahora que comienza un nuevo curso y vuelven los retos, las prisas, las dificultades y también los días complicados, creo que merece la pena recordarlo. Vendrán nuevos grupos, nuevos problemas y situaciones que nos exigirán mucho. Tendremos que esforzarnos, volver a empezar muchas veces y, seguramente, equivocarnos alguna que otra vez. Pero también estaremos sembrando. Y aunque no siempre podamos verlo, algunas de esas semillas acabarán dando fruto. Quizá dentro de unos años, cuando ya no estemos allí para verlo, alguno de esos chicos nos sorprenda con una barbería, un trabajo, unos estudios, una familia, un proyecto o una vida que, a pesar de todas las dificultades, ha conseguido encauzar.

Mucho ánimo a tod@s en este nuevo curso 2026/27. A l@s chic@s, para que sigan creyendo que pueden construir su propio camino. A las familias que sostienen el esfuerzo. Y a las compañeras y compañeros docentes, para que no olvidemos que, aunque a veces no veamos los resultados y el desaliento nos invada, cada esfuerzo puede estar ayudando a cambiar una vida.  

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