Lanzarote, la isla de las calamidades

Lanzarote ha sido una isla castigada por grandes calamidades, invasores, erupciones volcánicas, sequías, hambre, plagas.

Pero si hay una que ha azotado a la isla con mayor virulencia, esa han sido nuestros políticos.

Políticos que han ido destruyendo nuestro patrimonio, que han ido vendiendo pedazos de nuestra isla y con ella nuestra historia a cualquiera que tenga dinero para comprarla y explotarla.

Somos lo que quedamos de aquellos campesinos que cultivaron estas tierras, con sus propias manos, manos encallecidas y agrietadas, mientas un sol ,que no daba tregua resecaba y curtía la piel.

Somos lo que quedamos de aquellos marineros que pasaban meses fuera de sus casas , arrancando al mar el sustento para los que quedaban en tierra.

Y también somos descendientes de los aborígenes que defendieron esta tierra, algunos hasta con su propia vida

Veo mi isla desaparecer y con ella mis recuerdos y mi niñez, nuestro patrimonio va borrándose como si en una fotografía fueran desapareciendo los elementos que la componen y ya no pudieras recordar lo que en ella había y también veo una isla explotada en un ritmo infinito que parece no tener fin.

Si perdemos nuestro paisaje, si vamos perdiendo nuestros edificios en pos de un modernismo que no respeta la identidad ni la memoria, ¿qué nos queda? ¿Que vamos a dejarle a nuestros hijos y a nuestros nietos ? ¿Dónde te anclas cuándo ya no hay raíces?

Y mientras nos desabastecen de agua, nos hablan de récord que tenemos de turistas año tras año, como una máquina apisonadora, que se lleva nuestros recursos en una isla con un territorio frágil.

¿En qué momento dejamos de ser memoria de nuestros antepasados ? ¿Cuándo empezamos a convertirnos en cómplices y mirar para otro lado?

Ya no nos ahogamos en el mar, nos ahogamos en nuestra tierra que suplica que paremos, tenemos que detener este ritmo infernal y escucharla

La mirada y el miedo de nuestros antepasados iba hacia el exterior, ataque piráticos, epidemias que venían en barcos, colonizadores que venían de otras tierras.

Pero ahora la mirada tiene que estar dentro, en nuestras instituciones, los que tienen la obligación de protegerla , los que tienen el deber de conservarla y sino será el pueblo el que tendrá que recordarles, que defenderemos esta isla de aquellos que la gobiernan, porque vender la isla no es progreso, es perder, es olvidar, porque esta isla tiene alma, el alma de todos los que la queremos.

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