Esta pérdida tan triste de Verónica Forqué, me ha llevado a una gran reflexión. Creo que hoy en día; en ámbitos escolares , deberíamos tener como asignatura indispensable; la empatía y cómo canalizar las emociones. Vemos como niños pequeños tienen tendencias suicidas, nos hablan de tristezas y de no querer vivir. Lo he vivido con alumnos de Secundaria, en esas clases de apoyo, cuando se abren a ti y te cuentan como se sienten. Ahora ya en Primaria se habla de esas emociones y frustraciones, que poco importante es ese 4; 5 o 6 de nota, para que sus padres y nosotros los docentes, acabemos de cumplimentar un papel o un elogio, pero cuanto hay detrás que no se valora. No debería ser un lujo pagar por invertir en inteligencia emocional, tendría que estar al alcance de todos y que pudiéramos lidiar con la pena.
Me trastoca cada vez más, que niños den 5 o 6 años sean derivados a salud mental; algo falla y ese fallo se convierte en pensamientos destructivos, ese “ anímate que lo tienes todo” no es suficiente, como no le fue le fue a Verónica Forqué; para sacarla de su tortura y de ese infierno terrible donde estaba inmersa, es un cúmulo de años, uno detrás de otro y sé de lo que hablo.
No se puede cuantificar ni cualificar lo que de siente cuanto tenemos una depresión.
Usamos cualquier herramienta para escalar y nos avergonzamos de decir que vamos a un psicólogo, y poner parches no vale; caer es fácil y bajar al infierno también, pero, subir cuesta.
Me siento consternada por su pérdida y por esos niños que han truncado su vida por no contar sus tristezas. Desde abajo, siempre lo diré, hay que ver el alma del niño y luego podrá adquirir conocimientos, pero muchas veces es mejor ir al colegio y dejar el problema para otro.
Según Goleman, la Inteligencia emocional es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones. Todos podemos potenciar y mejorar esa habilidad” apoyo su teoría totalmente.
Quizá sea una maestra rara; extraña o que me complico como dicen muchos, pero yo me implico por voluntad propia, creo que si un mínimo puedo sacar; ese máximo entre todos se consigue. Los barrancos a veces necesitan de bastones para subirlos y que todos tengamos uno a mano, para que el camino no sea tan tortuoso. Te agarras a cualquier cosa que te mantenga erguido, como muchos lo hemos hecho.
Menos palabras negativas, menos informes Pisa y más sentarnos a escuchar. Las medallas de poner un 10 nos la ponemos todos; a los vulnerables y los necesitados son a los que tenemos que salvar dándoles bastones, para que no sean una Verónica Forqué más. Los cortocircuitos emocionales son tenebrosos y la vida tiene que ser vivida con dignidad.
Como tú decías Verónica; “hay que ser auténtico” y yo quiero serlo. Que no tod@s seamos iguales, no quiere decir que seamos imperfectas. No todo tiene que ser tréboles de cuatro hojas.
Juani Alemán Hernández.
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