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Cada 12 de agosto se celebra el Día Internacional de la Juventud. Una fecha que, más allá de publicaciones institucionales, fotografías y mensajes de compromiso, debería servir para hacerse una pregunta incómoda: ¿están las administraciones respondiendo de verdad a lo que necesitan los jóvenes?

Porque hablar de juventud no puede limitarse a organizar actividades puntuales, inaugurar espacios o llenar una agenda de propuestas que quedan bien en redes sociales. La juventud necesita mucho más que titulares. Necesita políticas reales, útiles y sostenidas en el tiempo.

Hoy ser joven implica enfrentarse a una realidad cada vez más compleja. El acceso a la vivienda se ha convertido en una carrera casi imposible para muchos. La emancipación llega cada vez más tarde. El empleo, aunque exista, no siempre permite construir un proyecto de vida. La salud mental se ha convertido en una preocupación diaria. Y la sobreexposición digital, la comparación constante y la presión de las redes sociales forman parte del día a día de una generación que vive conectada, pero muchas veces se siente sola.

Por eso, el Día de la Juventud no debería ser una excusa para decir que se está con los jóvenes. Debería ser el momento de demostrarlo.

Demostrarlo significa escucharles antes de decidir por ellos. Significa preguntarles qué necesitan, qué les preocupa y qué esperan de su municipio. Significa crear espacios de participación real, no solo actividades diseñadas desde un despacho. Significa hablar de vivienda, formación, transporte, empleo, ocio saludable, cultura, salud mental y futuro.

También significa entender que la juventud no es un colectivo homogéneo. No todos los jóvenes tienen las mismas oportunidades, ni los mismos problemas, ni las mismas aspiraciones. Hay jóvenes que estudian, jóvenes que trabajan, jóvenes que quieren emprender, jóvenes que se han tenido que marchar, jóvenes que quieren volver y jóvenes que sienten que su municipio no cuenta con ellos.

Y ahí es donde las administraciones tienen una responsabilidad clara.

Los jóvenes no necesitan que se les utilice como imagen de modernidad. Necesitan que se les tome en serio. No necesitan únicamente espacios donde pasar el tiempo, sino herramientas para construir su futuro. No necesitan discursos vacíos sobre talento joven, sino medidas que les permitan quedarse, crecer y desarrollar su vida en el lugar al que pertenecen.

Porque la juventud no es el futuro. Es el presente.

Y cuando un municipio no escucha a sus jóvenes, no solo pierde una generación: pierde ideas, pierde energía, pierde talento y pierde capacidad de avanzar.

Este Día Internacional de la Juventud debería servir para abrir un debate serio. Menos gestos vacíos y más compromiso. Menos fotos y más planificación. Menos hablar en nombre de los jóvenes y más sentarse a escucharles.

Porque celebrar a la juventud está bien.

Pero defenderla de verdad es mucho más importante.

 

Ana Hernández, presidenta de Nuevas Generaciones de Lanzarote

 

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