Durante demasiado tiempo hemos cometido en Canarias un error bastante rentable para algunos: confundir crecimiento turístico con prosperidad.
Más turistas. Más camas. Más hoteles. Más cruceros. Más récords.
Y cada vez que Canarias bate uno, el Gobierno de Coalición Canaria parece dispuesto a sacar el champán. El pequeño inconveniente llega cuando uno abandona la nota de prensa y sale a la calle: la riqueza turística aparece estupendamente en las estadísticas, pero tiene una habilidad extraordinaria para no llegar con la misma intensidad a los bolsillos de quienes vivimos aquí.
Entonces la pregunta resulta inevitable: ¿Cuánto más tiene que crecer Canarias para que los canarios notemos que estamos creciendo?
Román Rodríguez ha vuelto a plantear una moratoria turística y ha recordado un precedente que desmonta bastante bien algunos discursos catastrofistas: la moratoria de comienzos de este siglo consiguió frenar centenares de miles de camas previstas.
Canarias puso límites. Y no se hundió. El Teide continúa en su sitio, los hoteles siguen abiertos y, milagros de la economía moderna, los turistas continúan llegando.
Desde Nueva Canarias-Bloque Canarista llevamos tiempo defendiendo una moratoria turística adaptada a la realidad de cada isla, límites al crecimiento alojativo y un modelo que deje de medir el éxito económico exclusivamente contando cabezas en las terminales de los aeropuertos.
Y en Lanzarote nuestro diputado Yoné Caraballo también ha defendido claramente una moratoria al crecimiento turístico. Su planteamiento es bastante sencillo: Lanzarote necesita parar y respirar.
Porque Lanzarote no es un chicle. Y Canarias tampoco.
No podemos estirar indefinidamente un territorio limitado mientras desde el Gobierno de Coalición Canaria se continúa tratando el crecimiento turístico prácticamente como una religión: más visitantes, más inversión, más camas y después ya veremos dónde metemos las consecuencias.
Eso sí, cuando alguien propone límites aparece inmediatamente la palabra mágica: Turismofobia.
¿Hablas de capacidad de carga? Turismofobia. ¿Defiendes una moratoria? Turismofobia. ¿Preguntas cuánto puede soportar realmente una isla? Turismofobia.
Al final, siguiendo determinados razonamientos de CC, cuestionar el crecimiento infinito en un territorio finito debe de ser alguna nueva modalidad de extremismo.
Lo verdaderamente irresponsable sería continuar exactamente igual.
Coalición Canaria lleva demasiados años participando directamente en la construcción del modelo que ahora tenemos como para presentarse como un espectador sorprendido por sus consecuencias.
No llegaron ayer. Han gobernado Canarias durante buena parte de nuestra historia autonómica reciente.
Por tanto, cuando hablamos de presión territorial, dependencia económica del turismo o dificultades para que la riqueza generada se traduzca suficientemente en bienestar colectivo, CC no puede comportarse como si acabara de encontrar el problema debajo de una piedra.
Ha tenido tiempo. Mucho tiempo.
Y ahí está precisamente la diferencia política que desde Nueva Canarias-Bloque Canarista queremos plantear.
No queremos acabar con el turismo. Queremos dejar de tratarlo como si fuera una vaca sagrada a la que no se puede poner límites.
El turismo genera empleo, riqueza y actividad económica. Negarlo sería absurdo.
Pero precisamente porque constituye una parte fundamental de nuestra economía debemos preguntarnos algo que CC parece evitar cada vez que celebra otro récord: ¿para quién está funcionando este modelo?
Porque si recibimos más visitantes, aumenta la actividad económica y seguimos necesitando hablar de pobreza, precariedad, saturación de servicios y dificultades crecientes para construir un proyecto de vida en las islas, quizá el problema no sea cuánto dinero genera Canarias.
Quizá el problema sea cómo se distribuye y qué estamos sacrificando para generarlo.
El debate serio no es turismo sí o turismo no. Es qué turismo, cuánto turismo y para beneficio de quién.
Y ahí es donde la política de récord permanente de Coalición Canaria empieza a quedarse bastante desnuda.
Una isla no es una hoja de Excel. Tiene territorio, carreteras, agua, energía, servicios públicos y, pequeño detalle que a veces parece olvidarse, personas que viven en ella los doce meses del año.
No somos figurantes contratados para completar el decorado de las vacaciones de nadie. Por eso poner límites no significa estar contra el turismo. Significa estar a favor de Canarias.
En Lanzarote deberíamos entenderlo especialmente bien. César Manrique comprendió hace décadas algo que algunos todavía parecen incapaces de procesar: proteger el territorio no era enfrentarse al progreso. Era impedir que el supuesto progreso terminara destruyendo aquello que nos hacía diferentes.
Yoné Caraballo ha reivindicado también la valentía política que tuvo Enrique Pérez Parrilla para poner límites al crecimiento mediante la planificación insular.
Eso es hacer política. Lo fácil es seguir autorizando crecimiento y presumir después de las cifras. Lo difícil es decir: hasta aquí.
Coalición Canaria puede continuar vendiéndonos cada nuevo récord turístico como una victoria. Pero llega un momento en el que los récords dejan de impresionar.
Porque el éxito de Canarias no debería medirse únicamente por cuántos millones de personas vienen a visitarnos. Debería medirse también por la calidad de vida de quienes se quedan cuando despega el último avión.
Desde Nueva Canarias-Bloque Canarista defendemos una Canarias que gestione el turismo en lugar de permitir que el turismo termine gestionando Canarias.
Una Canarias capaz de poner límites. Capaz de decidir cuánto puede soportar cada isla. Y capaz, sobre todo, de entender que crecer eternamente en un territorio limitado no es una política económica. Es creer en los milagros.
CC puede seguir contando turistas. Nosotros preferimos empezar a contar cuántos canarios se benefician realmente del modelo que llevan tantos años defendiendo.
Porque después de tantos récords, si una parte de nuestra gente continúa sin reconocer esa supuesta prosperidad en su vida cotidiana, quizá Coalición Canaria debería dejar de preguntarnos por qué protestamos.
Y empezar a preguntarse para quién demonios llevan tantos años gobernando.
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