Abstención

Hay sistemas electorales democráticos que sufren una participación electoral cada vez menor. Sin embargo, la falta de participación en las urnas de cuatro de cada cinco personas no afecta a quienes están en el poder.

En países como Chile, después de una abstención de un 70 %, Alejandro Olivares declaraba, en octubre de 2016 para Diario Chile: «el gobierno o los gobiernos locales tienen que seguir administrándose, tienen que seguir desarrollándose, por lo tanto, aunque participen dos personas esos gobiernos van a ejercer igual. Entonces, quien termina ganando con esto no es la abstención o el malestar, sino que son las personas que están en el ejercicio del poder».

En Tunez, la abstención ha aumentado hasta el 90 %, y, por supuesto, eso no cambió nada. Los abstencionistas quedaron sometidos a Kais Saied, lo que repudiaba el movimiento abstencionista. No hay postura más sumisa. A día de hoy se mantiene ese régimen, que Saied ha adaptado a su voluntad.

La abstención, en democracia, es un suicidio cuando se trata de procesos electorales. Es volverse invisible, quedar sin voz efectiva y dejar que otros decidan por ti. Te obliga a aceptar el resultado que deciden los demás. Y, aunque sea la abstención una mayoría aplastante, son los partidos más votados los que van a administrar el dinero de tus impuestos como ellos quieran, quienes van a legislar y controlarán las fuerzas de seguridad y el ejército. Para ese entonces, tu invisibilidad habrá desaparecido y te fustigarán nuevas leyes y normativas que no estaban cuando algunos ejercieron el derecho al voto.

Hacerlo en una consulta electoral no tiene nada que ver con abstenerse en una consulta asamblearia, o en un referéndum de consulta, donde se puede mostrar conformidad con cualquier resultado. Cuando es una consulta electoral en un sistema parlamentario te juegas el próximo gobierno con lo que eso conlleva.

Las llamadas a la abstención sin razonamiento o fin político demostrado pueden ser muy dañinas y volverse contra los propios electores. No da lo mismo lo que se vote, ni lo que no se vote tampoco, máxime cuando se trata de sociedades muy polarizadas y las elecciones deciden el modelo social donde vas a vivir tú y tu descendencia los próximos años.

Por otro lado, observen un detalle: la abstención se pide casi siempre desde sectores de la izquierda. Y, si alguna vez se pide desde el otro extremo, ¿seguro que no lo hacen haciéndose pasar por izquierda?

Lo cierto es que la derecha es demasiado disciplinada como para no ir a votar, mientras en la izquierda somos caníbales que nos devoramos unos a otros por la mínima discrepancia. A veces hay que superar eso y tener consciencia de clase por encima de cualquier cosa.

Pero, como está esto, el votante antifascista no pregona la abstención, porque tiene constancia de la emergencia facha y lo que eso significa.

No es poco lo que se decide en las próximas elecciones españolas, nadie lo ignora, y cada voto cuenta.

 

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