El labrado de la piedra volcánica, la confección del sombrero de cogollo, el tejido de la roseta o la camisería tradicional de La Graciosa comparten un diagnóstico preocupante: son oficios que forman parte de la identidad de Lanzarote y el archipiélago Chinijo, pero que corren el riesgo de extinguirse en cuestión de años.
El borrador de la Estrategia de Desarrollo Artesanal en Canarias 2026-2030, sometido este mes de septiembre a información pública por el Gobierno autonómico, traza una radiografía precisa del sector. De los 341 profesionales identificados en todo el archipiélago en prácticas consideradas de "alto riesgo", el catálogo oriental sitúa varias de las manifestaciones insulares más representativas en un escenario directo de “relevo cero”.
El documento tipifica como "oficios en riesgo" aquellas modalidades que cuentan con cinco o menos artesanos acreditados en activo o que carecen por completo de una cantera generacional. En este grupo sobresale la camisería graciosera y el empleado del sombrero de cogollo (elaborado a partir del trenzado de hojas de palmera seca), ambas prendas indispensables del atuendo tradicional del entorno de Famara y La Graciosa.
Falta de aprendices e intrusismo industrial
El documento también destaca otras profesiones en riesgo como la elaboración de rosetas y calados, técnicas de encaje textil de gran complejidad que requieren cientos de horas de trabajo minucioso y cuya transmisión ha quedado relegada a núcleos reducidos de mayor edad en municipios como Haría o Yaiza.
En lo que respecta a la tonelería y la zurronería, la Estrategia destaca que son oficios estrechamente vinculados a la cultura vitivinícola de La Geria y a la ganadería caprina tradicional, hoy reducidos a testimonios anecdóticos frente a la industrialización de los procesos.
Así mismo, oficios de cantería y labrado de piedra, fundamentales en los remates de la arquitectura tradicional lanzaroteña, cada vez tienen menos candidatos jóvenes dispuestos a asumir un trabajo de alta exigencia física.
El diagnóstico revela una desconexión crítica entre los maestros artesanos y las nuevas generaciones. En el conjunto de las encuestas realizadas para la redacción del plan, más del 66% de los artesanos en activo supera los 45 años (concentrándose el grueso del colectivo entre los 55 y los 64 años). Por el contrario, los jóvenes menores de 25 años apenas representan el 0,8% del censo registrado.
En Lanzarote y La Graciosa, este problema se agrava por el alto coste de la vivienda y la atracción ejercida por el sector servicios y el turismo, que absorbe la mano de obra joven en detrimento de los oficios manuales tradicionales.
A pesar de la amenaza de extinción, los propios artesanos insulares señalan que su principal barrera diaria no es encontrar aprendices, sino lograr la viabilidad económica de sus talleres. El 62,4% de los profesionales señala las dificultades de comercialización, mientras que casi el 50% denuncia la escasa visibilidad de sus productos reales frente al souvenir importado.
En destinos como Lanzarote, donde el flujo turístico es masivo, las piezas artesanales autóctonas compiten en desventaja frente a réplicas de producción industrial en serie fabricadas fuera de las islas y vendidas a precios sin competencia directa en mercadillos o tiendas de recuerdos. A esto se suma que solo el 52,2% de los artesanos puede dedicarse en exclusiva a esta actividad como fuente principal de ingresos.
Plan de choque: programa Maestro-Aprendiz y talleres visitables
Para frenar esta tendencia antes de 2030, la estrategia diseñada por el Ejecutivo regional fija una hoja de ruta estructurada en 52 medidas. La espina dorsal de este plan de choque es la articulación de un programa remunerado Maestro-Aprendiz, concebido para financiar tanto el tiempo de dedicación de los maestros artesanos como la formación de los jóvenes aprendices que decidan asumir el relevo.
En un territorio con la dinámica turística de Lanzarote y La Graciosa, la propuesta aboga por convertir los talleres artesanales en experiencias visitables. La intención de la administración autonómica es integrar estos espacios de creación —como los talleres de alfarería o tejido de la isla— dentro de la oferta cultural y turística insular, garantizando la venta directa al visitante y potenciando la divulgación pedagógica del oficio.
A su vez, el documento aborda la brecha del mercado mediante la creación de una red de protección y distinción geográfica. Esta medida busca diferenciar por ley y con un etiquetado claro la artesanía autóctona real frente a los productos de imitación y el souvenir industrial en zonas comerciales y espacios públicos.
Por último, en aquellos supuestos donde la viabilidad comercial de una disciplina resulte inalcanzable, la estrategia propone la creación de un archivo vivo del conocimiento. Con ello se pretende articular la digitalización y el registro documental de los procesos técnicos, garantizando la conservación de la memoria etnográfica de las islas antes de que sus últimos artesanos desaparezcan.
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