Ryanair prepara un plan de choque para mitigar el impacto de la escalada del crudo, que prevé elevar su factura de queroseno en unos 2.000 millones de euros de cara al ejercicio 2028.
Entre las medidas sobre la mesa destacan una posible congelación salarial temporal, el ajuste de las ratios de tripulación por vuelo, la renegociación de tarifas aeroportuarias y una mayor apuesta por la inteligencia artificial para elevar la productividad interna, según recoge la publicación turística Preferente.com.
El consejero delegado del grupo, Michael O’Leary, advierte de que la tensión en Oriente Medio continuará encareciendo el combustible y vaticina incrementos de hasta el 20% en las tarifas aéreas de corto radio en Europa.
Este encarecimiento ya mella las cuentas de la aerolínea: durante su primer semestre fiscal, el beneficio neto retrocedió un 15% (hasta los 2.150 millones de euros) debido a un repunte del 10% en los gastos operativos y a un combustible sin cobertura que llegó a doblar su cotización, pese a haber transportado un 6% más de usuarios.
Ante este panorama, la low cost rebaja ligeramente su meta anual a 214 millones de pasajeros y recorta frecuencias de invierno para contener el consumo de carburante desprotegido —del que apenas tiene cubierto el 25% para el ejercicio posterior a marzo de 2027—.
Con todo, la compañía confía en retomar el pulso expansivo y rebasar los 220 millones de viajeros apoyándose en las entregas de los Boeing 737 MAX 10, blindando márgenes mediante una férrea disciplina de costes.
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