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La economía de la soledad: España es el país que más usa la IA como apoyo emocional en Europa

La soledad no deseada genera en España un coste económico estimado de más de 14.000 millones de euros anuales, equivalente al 1,17% del PIB, según un estudio

Un joven conversa con un sistema de inteligencia artificial
Un joven conversa con un sistema de inteligencia artificial

El mes de agosto suele asociarse a vacaciones, descanso, viajes y tiempo compartido con familiares y amigos. Sin embargo, para miles de personas también representa uno de los momentos del año en los que la soledad se hace más visible.

Personas mayores que permanecen solas mientras sus familias están de vacaciones, jóvenes que pasan el verano en ciudades semivacías o familias que no pueden permitirse realizar un viaje experimentan durante estas semanas un mayor aislamiento social, un fenómeno que está favoreciendo que cada vez más personas recurran a la inteligencia artificial como herramienta de apoyo emocional.

España es actualmente el país europeo donde más se utiliza la inteligencia artificial generativa para acompañamiento y apoyo a la salud mental. El 61% de la población recurre ya a este tipo de soluciones, frente al 52% de media en Europa, consolidando una tendencia que está transformando la relación entre tecnología y bienestar.

Así lo refleja el estudio “La economía de la soledad. El papel de la IA en la salud mental”, elaborado por EAE Business School en colaboración con Nex·ia, ambos pertenecientes a la red de educación superior Planeta Formación Universidades.

 

El verano, un acelerador de la soledad 

Aunque la soledad es un fenómeno estructural, el verano actúa como un acelerador de muchas situaciones de aislamiento. Las vacaciones modifican las rutinas sociales, reducen las redes de apoyo habituales y dejan especialmente expuestos a colectivos como las personas mayores, quienes viven solos o quienes permanecen en sus lugares de residencia mientras su entorno se desplaza por vacaciones.

Asimismo, las desigualdades económicas también se hacen más evidentes durante estos meses. Las personas que no pueden permitirse viajar o acceder a actividades de ocio tienen un mayor riesgo de aislamiento, una realidad que se relaciona con una mayor prevalencia de la soledad entre quienes presentan dificultades económicas (36%) frente a quienes llegan con facilidad a fin de mes (19,4%).

Para Pilar Saura, decana de EAE Business School, “la soledad se perfila como uno de los grandes desafíos económicos y sociales de la próxima década, no solo por sus efectos sobre la salud pública, sino también por su capacidad para redefinir mercados, modelos de consumo y el desarrollo tecnológico”.

La realidad es que la soledad no deseada afecta ya al 13,4% de la población española y genera un coste económico estimado de 14.141 millones de euros anuales, equivalente al 1,17% del PIB. De esta cifra, 6.101 millones corresponden a costes sanitarios directos derivados del mayor uso de servicios de atención primaria y del incremento en el consumo de psicofármacos, mientras que otros 8.039 millones proceden de la pérdida de productividad vinculada al absentismo laboral, la enfermedad y la muerte prematura.

 

Más hogares en solitario y nuevas formas de ocio

El auge de hogares unipersonales está cambiando patrones de gasto, ahorro y consumo. Se prevé que para 2039 habrá 7,7 millones de hogares unipersonales (el 33,5% del total), convirtiéndose en el modelo de convivencia más común en España, por encima de las parejas con hijos. Esta transformación social está impulsando una “tasa de soledad” estimada en 7.078 euros anuales adicionales por persona debido a la imposibilidad de compartir gastos.

Asimismo, el aislamiento está favoreciendo el crecimiento de modelos de consumo más individualizados, especialmente entre las generaciones jóvenes. El hecho que el 38,5% de la Gen Z prefiera la comida a domicilio antes que salir de fiesta consolida un modelo de soledad confortable facilitada por el ocio digital.

Además, este fenómeno afecta especialmente a las generaciones más jóvenes, de tal forma que la Generación Z y los Millennials experimentan una “soledad digital” paradójica en la que la hiperconectividad convive con el aislamiento relacional, el burnout y una creciente demanda de servicios de salud mental. La tecnología y, especialmente, la inteligencia artificial conversacional, están empezando a desempeñar un papel cada vez más destacado como herramienta de apoyo emocional y social.

“En este contexto, la tecnología afectiva y la IA conversacional marcarán parte de la evolución de sectores como la salud mental, el bienestar, el ocio digital o la economía de los cuidados, en un contexto donde la necesidad de conexión emocional se está convirtiendo también en un activo económico y tecnológico de primer orden”, señala Chelo Morillo, vicedecana de EAE Business School.

 

La IA conversacional se consolida entre los jóvenes

Según el estudio, el 34,9% de los jóvenes de entre 25 y 34 años ya utiliza herramientas de IA para buscar información relacionada con salud mental, mientras que parte de la Generación Z ha comenzado a emplear estos sistemas como vía de desahogo emocional o sustituto conversacional.

“La IA conversacional está evolucionando desde una función puramente productiva hacia un uso emocional y relacional. El 18% de las adolescentes y el 12% de los jóvenes españoles utiliza herramientas de IA “para hablar o contarle sus cosas”, consolidando una nueva categoría de consumo tecnológico vinculada al acompañamiento afectivo”, señala Jone Vicente Urrutia, responsable académica de Nex·ia.

Plataformas como Replika o Character.ai reflejan el crecimiento de nuevos modelos de interacción social digital. Mientras Replika, especializada en acompañamiento emocional y relaciones virtuales, supera ya los 30 millones de usuarios en el mundo, Character.ai registró 194,4 millones de visitas solo en enero de 2026.

En paralelo, avanza la denominada “computación afectiva”, es decir, tecnologías capaces de detectar, interpretar y responder a emociones humanas. Este mercado podría superar los 388.000 millones de dólares a nivel global antes de 2030. Sin embargo, esta tendencia también plantea interrogantes relacionados con la dependencia emocional, la confianza tecnológica o la posible sustitución de relaciones humanas, especialmente entre los colectivos más vulnerables.

 

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