El deportista Anthony Fernandes (Lanzarote, 2002) ha vivido luchando desde que nació. El joven padece artrogriposis múltiple congénita que provoca rigidez articular y falta de musculatura, pero esto no lo ha detenido nunca en la lucha por sus sueños. Fernandes es el primer deportista que juega al tenis de mesa con la pala en la boca y ahora busca un patrocinador que le permita competir en los Juegos Paralímpicos, algo que no está siendo nada fácil por el momento.
Cuando nació, los médicos veían pocas esperanzas de que Anthony Fernandes pudiera salir adelante. "Le dijeron a mi madre que me iba a morir y que si vivía una semana mucho sería, pero mi discapacidad no tiene nada que ver con vivir o no, lo que pasa es que los médicos no sabían", cuenta en una entrevista con La Voz.
Durante el embarazo, su madre pensó que todo iba bien, pero no fue hasta que dio a luz cuando descubrió que su hijo había nacido con esta condición. "Los médicos no sabían cómo decírselo hasta que mi madre pidió verme estuviera como estuviera", relata Fernandes. En un principio, los médicos le aseguraron que, en caso de sobrevivir, su hijo solo podría mover el cuello y que tendría que usar una silla de ruedas eléctrica "para toda la vida".
Afortunadamente, esto no fue así y su madre Zoila Casanueva luchó desde el primer momento para cambiar el futuro de su hijo y no resignarse con el diagnóstico inicial. Desde un principio, su madre intentó por todos los medios que el joven tuviera la mejor calidad de vida posible y gracias a eso, señala Fernandes, "estoy como estoy y no vivo en una silla de ruedas eléctrica".
La lucha de su madre por mejorar su calidad de vida
Tras ese primer diagnóstico, su madre comenzó a investigar para encontrar hospitales donde pudieran tratar a Anthony. La búsqueda les llevó a Madrid, Barcelona y Valencia hasta que encontró un hospital en Alemania experto en enfermedades raras donde tenían un equipo especializado en artrogriposis múltiple congénita. "Allí le dijeron a mi madre que con una terapia llamada Vojta, que se la aplican allí a todos los niños, tengan o no discapacidad, al nacer", explica el lanzaroteño.
Este método de fisioterapia consiste en estimular el sistema nervioso central para activar patrones motores innatos mediante la presión en puntos específicos. Al requerir varias sesiones diarias muy cortas, los fisioterapeutas enseñan a los padres a realizar los ejercicios en casa.
"Le dijeron a mi madre que si con esa terapia en un año no veía ninguna movilidad, no me operarían para poder caminar, pero si tenía movilidad entonces sí que me operarían para poder ponerme de pie con prótesis y andador", apunta. Las mejoras no tardaron en aparecer con la ayuda de las terapias en casa y, finalmente, se sometió a esa intervención quirúrgica. Tras ella, cuenta que "me ponían de pie cinco horas todos los días para la rehabilitación".
Fernandes y su madre también vivieron en Chile durante un año y medio para acudir a un centro de terapia especializado. En total, a lo largo de su vida, el lanzaroteño se ha sometido a veinte operaciones. "Siempre que tenía que operarme mi madre me recompensaba de alguna manera porque, para no perder clase, en verano era cuando me operaban", apunta. "En mi cumpleaños, mi madre intentaba ahorrar un poco más y me daba una sorpresa para compensar", prosigue.
Una infancia feliz a pesar del bullying
En muchas ocasiones, los niños con alguna condición pueden sufrir en sus propias carnes la exclusión. Anthony Fernandes sufrió acoso escolar, pero a pesar de ello asegura que tuvo "una infancia muy buena".
Fue a finales de Primaria cuando el joven sufrió estos episodios de acoso escolar. "Yo pensaba que tenía una mente muy fuerte porque mi madre se había esforzado un montón en ello, pero sí es verdad que eso me afectó y comencé a bajar las notas en el colegio", recuerda. Sin embargo, al pasar al instituto el acoso cesó al separarse de su acosadora.
"Antes de saber hablar, yo ya sabía decir mi nombre y que tenía artrogriposis múltiple congénita, y eso a los adultos a los que se lo dices de primeras no saben decirlo. Mi madre lo normalizó mucho y me dijo que yo era así y que necesitaba ayuda para muchas cosas, pero podía hacer una vida normal dentro de las limitaciones", declara.
El tenis de mesa, su gran pasión
Anthony Fernandes empezó a jugar al tenis de mesa por casualidad con diez años. Un día en su colegio, salió al patio y vio que unos niños estaban jugando a este deporte sobre unas mesas que juntaron y una red retráctil. "Me ofrecieron probar, cogí la pala con la boca e intenté hacer algo, darle a la pelota por lo menos, y fue horrible", relata entre risas. Sin embargo, desde ese día descubrió que le gustaba y comenzó a practicar diariamente con la ayuda de vídeos de internet.
"Fui poco a poco creando mi técnica", apunta. Y es que, su técnica tan única de agarrar la pala con la boca, llama mucho la atención. "A día de hoy, compitiendo nacionalmente, sigo aprendiendo a jugar porque con mis entrenadores miramos nuevas formas de poder ser más efectivos y darle mejor a la pelota", indica.
Sus entrenadores, viéndolo jugar desde fuera, aseguran que esta técnica al golpear la pelota y moviendo el cuello, "es más limpio que el que hace una persona con la mano". En un principio, confiesa, su objetivo era la natación, pero "la cosa se fue torciendo hacia el tenis de mesa".
El talento y el esfuerzo del lanzaroteño ha hecho que el pasado mes de junio lograra un cuarto puesto en el Campeonato de España de Tenis de Mesa, su mejor puesto hasta el momento. Ahora, se prepara para dar el salto internacional próximamente.
Esta es una de las muchas razones por las que muchos lo ven como un ejemplo a seguir. "La gente dice que sí lo soy, pero yo lo único que hago es vivir mi vida, lo que pasa es que hago las cosas con la boca y eso llama mucho la atención, y no me quedo en casa escondido, sino que lo muestro", reflexiona.
Búsqueda de un patrocinio para los Juegos Paralímpicos
El joven lanzaroteño está ahora inmerso en un objetivo claro: participar en los Juegos Paralímpicos, aunque reconoce que "todavía queda un camino largo". De hecho, hace unos días, Anthony Fernandes hizo una publicación en sus redes sociales una petición para poder encontrar patrocinadores que lo apoyen en su camino hacia los juegos. "Llevo mucho tiempo buscando patrocinadores por mi cuenta y no había manera porque no me respondían o me decían que no daba el perfil cuando se trataba de una marca de ping-pong", cuenta.
En esta publicación, pedía a la gente que lo siguiera en Instagram para poder llegar a los 15.000 o 20.000 seguidores que pedía una de las empresas para acceder a patrocinarlo. Cuando lanzó esta campaña, Fernandes contaba con algo más de 3.000 seguidores y ahora ha alcanzado más de 35.000. Un apoyo, que sin duda, no se esperaba. "Es una locura, sinceramente me esperaba recibir una respuesta, pero no tanta", indica sorprendido.
El patrocinador juega un papel vital en la carrera de un deportista en este tipo de competiciones. Se encarga de costear los billetes de avión, las dietas, los entrenamientos o las inscripciones, es decir, lo indispensable para apoyar el crecimiento de los deportistas.
Gracias a esta publicación en redes sociales, el lanzaroteño ha recibido varias ofertas de marcas y empresas para ofrecerle patrocinios. "Mucha gente me ha hablado porque me quiere ayudar y hay otras marcas que están interesadas", concluye.