¿Cómo afectaría a Canarias un aluvión como el de 1826 en unas islas mucho más pobladas? La Aemet responde

Ejemplos recientes de que si las condiciones tropicales son propicias se pueden desviar y llegar a Canarias son el 'Delta', en noviembre de 2005, y 'Hermine' en septiembre de 2022

Agua corriendo por los barrancos de Lanzarote en una imagen de archivo.
Agua corriendo por los barrancos de Lanzarote en una imagen de archivo.

En la noche del 7 al 8 de noviembre de 1826 se registró uno de los mayores desastres naturales documentados en Canarias, un temporal que causó 298 muertos. Dos siglos años después, David Suárez, delegado de la Aemet en el archipiélago, se pregunta cómo se afrontaría un episodio similar, con un impacto mucho mayor en unas islas mucho más pobladas.

El intenso temporal que pasaría a los anales de la Historia como el "Aluvión de 1826" afectó a Tenerife y Gran Canaria pero causó una mayor devastación en la primera, donde, además de la cifra de fallecidos, arrasó unas 650 viviendas y provocó la desaparición de la talla original de la Virgen de Candelaria, patrona de la isla.

A días de que se cumpla el bicentenario, el delegado territorial de la Agencia Estatal de Meteorología habla en una entrevista a EFE sobre eventos meteorológicos extremos en el archipiélago y sobre "cómo nos preparamos ante una situación que puede ser complicada, cómo nos organizamos y con qué personal se cuenta para hacer frente a este tipo de eventos".

Se trata de ver "cómo trabajamos ahora para trasladar la información no sólo del fenómeno, sino para activar una alerta temprana para minimizar los impactos porque el primer objetivo es que no haya víctimas", reflexiona el meteorólogo.

El Aluvión de 1826 ocurrió en una época pre-instrumental, anterior incluso a la fundación del Servicio Meteorológico Nacional en 1877, por lo que no hay datos científicos del episodio salvo los correspondientes a algún barómetro, sin sistema de monitoreo como tal.

Las crónicas de la época y estudios posteriores señalan que se registró una caída de presión y que se pudo tratar de un sistema de origen tropical, con datos indirectos como la huella geomorfológica y sedimentaria de las escorrentías, y algún observador de la época con experiencia previa en el Caribe aludió a una rápida caída de los barómetros; esto es, una ciclogénesis.

Es una hipótesis plausible, puesto que la temporada de ciclones tropicales en el Atlántico abarca desde el 1 de junio hasta el 30 de noviembre y tiene el pico de máxima actividad entre la segunda quincena de septiembre y la primera de octubre, explica Suárez.

Ejemplos recientes de que si las condiciones tropicales son propicias se pueden desviar y llegar a Canarias son el 'Delta', en noviembre de 2005, y 'Hermine' en septiembre de 2022.

No obstante, puntualiza el delegado territorial de la Aemet, es imposible saber con certeza si el Aluvión de 1826 fue un ciclón tropical, pero, precisa, lo que parece claro es que se trató de un episodio muy importante para Canarias por el número de víctimas.

"Y si lo ponemos en la perspectiva actual la pregunta que dejaría en el aire es: ¿un sistema de esas características qué impacto tendría hoy, con los avances tecnológicos, informativos y administrativos actuales?", se plantea.

"¿Cómo se catalogaría hoy en día viendo los valores de precipitación y con una mayor exposición y una vulnerabilidad mucho más alta, con zonas costeras superpobladas, infraestructuras más explotadas y carreteras llenas de tráfico?", prosigue en su reflexión.

Desde un enfoque científico, es necesario conocer la naturaleza de la estructura que va a afectar y, desde el punto de vista de la Protección Civil, hay que analizar el posible impacto y en ello da igual si se trata de una borrasca o de un ciclón tropical, lo determinante es si va a haber rachas de viento superiores a 120 kilómetros por hora y precipitaciones por encima de los 60 litros por metro cuadrado en una hora; esto es, los factores que indican un aviso rojo.

El impacto se determina por las zonas en las que va a afectar el episodio y la ventana temporal en la que se va a producir, con lo que se configura el escenario más probable y a partir de ahí se toman una serie de decisiones que hay que trasladar "muy bien" a las diferentes administraciones, detalla el responsable de la Aemet en Canarias.

Este engranaje ha mejorado mucho en los últimos 20 años, prosigue David Suárez, para indicar también que la meteorología ha avanzado "pero no es una ciencia exacta" y todavía se producen situaciones "que nos pueden sorprender y en las que tenemos que trabajar, por ejemplo, protocolos para la toma de decisiones rápidas".

Esto es así porque si se emite un aviso rojo con 48 o 72 horas de antelación da tiempo a planificar, pero luego puede ocurrir que en un ciclón o una borrasca se produzcan "intensificaciones, relacionadas con el desarrollo de pequeñas estructuras" que afecten más a nivel local, como ocurrió con 'Therese'. 

No obstante, el delegado territorial de la Aemet puntualiza que un ciclón tropical "no aparece de la nada" y, abunda, incluso antes de que nazca "ya se le está haciendo un seguimiento". 
 

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