Ir al contenido principal

Sandra M. García, psicóloga experta en duelo: "No es algo a superar, todas las formas de vivirlo son válidas"

En una entrevista con 'La Voz', la especialista explica las claves de este proceso tras una pérdida y hace hincapié en la importancia de buscar acompañamiento profesional para poder sobrellevarlo de la mejor manera posible

La psicóloga experta en duelo Sandra M. García
La psicóloga experta en duelo Sandra M. García

Escucha el artículo ahora…

0:00
0:00

Durante su vida, el ser humano atraviesa muchas etapas y una de ellas es el duelo, una fase inevitable cuando perdemos a un ser querido, ya sea humano o animal, pero también existen los duelos por emigrar a otro país, una ruptura o la pérdida de un trabajo. Este proceso atraviesa diferentes fases que, en en muchas ocasiones, lleva a la persona que lo sufre a vivir una profunda tristeza si no encuentra la ayuda necesaria.

A pesar de la extendida creencia de que el duelo es algo que se supera, Sandra M. García, psicóloga especialista en pérdidas, duelo y trauma, el duelo "no es algo a superar porque a un ser querido siempre lo vamos a tener con nosotros y su ausencia va a estar presente". "A mí me gusta describir el duelo como un encuentro con nosotros mismos y con nuestro corazón porque cuando trabajamos la muerte, nos pone frente a lo que realmente somos porque nos lleva a observar cómo nos relacionamos con la vida o cómo estamos nutriendo nuestros valores o prioridades", resalta.

Según explica, el duelo se puede producir con "la pérdida de algo muy importante para nosotros, por lo que no siempre tiene que ver con la muerte". La ayuda psicológica en estos casos depende de la persona y de "cómo haya vivido las pérdidas anteriores y de su tolerancia al dolor". "Hay personas que desde el minuto uno vienen a terapia, pero también hay personas que a pesar de sentir un dolor muy profundo no llegan a venir y hay otras que lo hacen después de un tiempo", cuenta.

Cuando se comienza a tratar un duelo con un profesional, "es importante tratar primero aquellas partes pequeñas que muchas veces suelen pasar por alto". El paso más importante al empezar es "crear una alianza terapéutica con el paciente y lo que solemos hacer es ver qué necesidades relacionales está teniendo".

García apunta que estas necesidades pasar por ser escuchados, no juzgados o "crear impacto", es decir, que la persona que escuche al doliente también sienta su dolor. "Necesitamos sentir que lo que estamos sintiendo es normal y que forma parte de la experiencia humana", señala la psicóloga. Por ello, resalta que es muy importante escuchar y validar cómo una persona se relaciona con su dolor y cómo lo afronta.

 

Conocer en qué fase del duelo está la persona

A partir de ahí, la psicóloga detalla que el siguiente paso es ir viendo por dónde se orientará la terapia. "Primero empezamos a cubrir esas necesidades y luego vemos en qué fase del duelo se encuentra", señala. Aquí también se analiza el impacto de las circunstancias de la muerte de la persona cómo le dieron la noticia, ya que en otros fallecimientos como una larga enfermedad, su entorno más cercano ya hace un duelo durante el proceso, lo que da tiempo a despedirse de la persona.

La primera fase suele ser, según explica, aquella en la que la persona está en un proceso de aturdimiento y de choque, por lo que la persona acude a consulta "con mucha confusión". Esos primeros momentos del duelo la persona sufre una especie de fase de anestesia, pero este tipo de personas "no suelen llegar a terapia".

Sin embargo, los pacientes que sí suelen acudir a consulta son aquellos que está atravesando la fase de evitación y negación. "Si se encuentran en esta fase lo primero que hacemos es dar muchos recursos y ayudar a la persona a sentir seguridad porque, cuanta más tenga, la persona se sentirá segura de poder manejarlo", indica García.

Una vez la persona se siente con los recursos necesarios, "decimos que la persona entra en una etapa de conexión-integración, donde la persona habla más del ser querido, va tolerando más todas esas emociones y ya habla de él con más fluidez, es decir, sin tanto dolor ni tanta restricción".

Además, durante este proceso, el profesional y el doliente puede tratar este dolor de una manera más profunda desde dentro. "Esta es una parte importante porque después de ella es cuando entramos en la fase de crecimiento y transformación, y es cuando empezamos a elaborar el duelo y la persona ve el sentido de la vida que ha tenido con la persona y de la pérdida", aclara.

 

Consecuencias del duelo en la vida de una persona

El duelo por la pérdida de un ser querido, emigrar o una ruptura amorosa, en mayor o menor medida, cambia la vida de la persona de quien la sufre. "Es como si todos tus esquemas de repente se te vienen abajo, lo que tú creías que era la vida, como por ejemplo la pérdida de un hijo o una pareja con la que tienes un proyecto de vida y eso de repente se corta", expone la profesional.

Asimismo, también afecta a nivel físico porque "físicamente las emociones duelen y nos pueden crear ansiedad, decaimiento, insomnio y dolores físicos y a nivel emocional porque podemos a llegar a sentir culpa, arrepentimiento, enfado o ira, emociones muy desagradables que también nos llevan a no querer estar en contacto con el mundo o estarlo de una forma más desafiante".

Aquí también entra en juego el cómo la persona se comporta con la gente. "Hay muchas personas que cuando están en la fase de aturdimiento y choque o evitación, lo primero que miramos es cómo es de funcional en su vida. Si está comiendo, si duerme bien, si sale y se relaciona o si va al trabajo porque toda esta parte la puede llegar a perder y que se empiece a aislar", detalla. 

El impacto de una pérdida también puede afectar a la parte cognitiva porque comienzan las típicas preguntas de "por qué a mí" o "por qué le tocó a mi ser querido". A pesar de que los sentimientos negativos son necesarios y naturales del ser humano, cuando estas emociones pasan de ser adaptativas y funcionales a ser improductivas y "nos lleva a enfermar y hacen que nos desconectemos del mundo y de nosotros mismos".

En este sentido, hace hincapié en que "si no empeñamos a ver el duelo como una tristeza o algo a añorar y no indagamos en él sobre qué ha significado para mí ese ser querido, el vínculo que tenía con él o cómo me relacionaba con la vida y qué es ahora lo importante, ahí es donde puede convertirse en algo desadaptativo o algo que me lleve a crecer".

 

Distintas formas de llevar el duelo

El dolor es una emoción que cada persona la gestiona de forma individual. Hay personas que lo muestran y se les puede apreciar físicamente, pero hay otras que no, y llevan ese dolor de manera interna y más profunda. Esta forma de llevarlo, según Sandra M. García, "depende de mucho de la red de apoyo que tengamos y de la educación que hayamos recibido porque a lo mejor desde pequeños hemos vivido en una familia que ha compartido sus emociones y las dicen".

Sin embargo, si la persona ha crecido en una familia donde la tónica general era no expresar las emociones o avergonzarse de ellas, no las mostrará. Este tipo de personas, según señala, hacen luego muchas cosas en su día a día. "Trabajan mucho, están siempre con una sonrisa y parece que no les afecta, pero al final esas sí son las personas que pueden llegar a complicarse más el duelo porque están en la fase de evitación o negación", explica.

 

Consejos para sobrellevar el duelo

Aunque el duelo es algo muy personal e individual, existen algunos consejos para poder sobrellevarlo mejor. Así, la psicóloga recuerda que "todas las formas de vivir el duelo son correctas porque todo lo que estemos experimentando tiene una función".

Por un lado, aboga por no reprimir lo que sentimos y no juzgarnos por las emociones que nos invadan. "Tenemos que intentar, dentro de lo posible, compartir el dolor con otras personas", aconseja.

"A veces sentimos que no tenemos personas a nuestro alrededor con las que hablar, por lo que tenemos amigos y familia que nos pueden servir para distraernos porque es algo que necesitamos", continúa. Durante el duelo, lo ideal es que la persona tenga momentos donde conecte con el dolor, pero el resto del tiempo "necesitamos momentos de distracción, de risa o de disfrute".

Esta conexión con el dolor es fundamental, pero "siempre sintiendo que podemos regularnos. "Puedo estar un rato con el dolor, respiro, conecto y después, saber que puedo estar otro rato conectados con la vida", concluye. 

Añadir La Voz de Lanzarote como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora