Los 'héroes de Órzola' que saltaron al mar en la penumbra para salvar vidas: "No miramos el color de piel"

Cuatro vecinos de este pueblo costero de Haría recuerdan con La Voz los rescates del 24 de noviembre y el 17 de junio de 2021, cuando dos pateras zozobraron en la costa de Lanzarote

13 de junio de 2026 (08:04 WEST)
Actualizado el 13 de junio de 2026 (08:38 WEST)
Cuatro de los vecinos de Órzola que se lanzaron al mar en 2020. Foto: Juan Mateos.

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Decenas de gritos rugieron sobre el Atlántico dos veces, una el 24 de noviembre de 2020 y otra el 17 de junio de 2021. Dos lanchas neumáticas naufragaron en las costas de Órzola, un pueblo pesquero, el más al norte de Lanzarote. Dos naufragios con solo siete meses de diferencia y en los dos los vecinos respondieron igual: se lanzaron al mar en plena noche para socorrer a tientas a quienes pudieron, esperaron en la orilla para ayudar a los rescatados y otros salían a la calle cargados de mantas y chocolate caliente.

En el primer naufragio, Iván Nicolás Curbelo Machín contaba los días para casarse tomándose un cortado en un bar del pueblo, Marcial Armas Torres estaba sentado en un banco frente al mar y Marcos Lemes en el interior de su casa cuando vieron unas luces a lo lejos y comenzaron a escuchar gritos. Una neumática había zozobrado frente a la costa de La Condesa y la pesadilla acababa de comenzar. Al llegar a la zona del naufragio, otro vecino Armando Tavío vio a conocidos correr hacia el mar.

Sobre el malpaís de La Corona, el 24 de noviembre de 2020, el mar golpeaba con fuerza los restos de una embarcación y los gritos advertían de que una tragedia se estaba produciendo a pocos metros de ahí. "Corrimos por las piedras", recuerda Marcial, que entre los callaos se encontró a otro vecino tratando de ayudar. "Todos los compañeros nos encontramos en el camino", añade Curbelo. Luego vino un olor muy fuerte a gasolina y decenas de personas gritando. 

Al llegar al naufragio la actitud de todos fue la misma: lanzarse al agua a sacar a la gente, guiándose por las voces que pedían auxilio. Armando recuerda "los gritos de desesperación" y a un joven engarrotado sobre un charco en la orilla. "En la misma posición que vino en la patera, se quedó", expone durante una entrevista. Algo habitual tras días de viaje en la misma posición dentro de la embarcación. 

Aquel noviembre el agua estaba especialmente fría, pero eso no lo notaron hasta mucho después. "Era tanta la tensión", recuerda Armando, que no daba tiempo para pensar.  "Habíamos visto las pateras, pero solo las embarcaciones, nunca en directo a la gente", añade.  

"Ibas tocando garrafas de agua y trozos de madera", evoca Marcos Lemes la angustia que sintió adivinando en la oscuridad las vidas que podía salvar. Aquel día difícilmente se les borrará de la cabeza, porque aunque conocen muy bien esa zona de la isla, nunca habían visto nada igual.

Mientras algunos ayudaban desde la orilla, los más expertos, se adentraron hacia el mar tratando de rescatar a más personas. "Me tiraba al agua y oía gente gritando, lejos, pero cuando yo intentaba nadar a buscar a ese me encontraba a uno delante, lo cogía y lo sacaba", narra Marcial Armas. En aquel rescate a contrarreloj, salvó siete vidas, pero aún retumban en su mente dos sonidos: los gritos que pedían auxilio y el silencio que vino después: "En ese momento, nos dimos cuenta de que se habían ahogado". Aquella noche murieron ocho personas y salvaron a 28

Vuelco de una patera junto a la costa de Órzola en noviembre de 2020. Foto: Sergio Betancort.
Vuelco de una patera junto a la costa de Órzola en noviembre de 2020. Foto: Sergio Betancort.

 

"Fue desgarrador", lamenta Nicolás. "Sentí una pequeña decepción, que no tendría por qué, porque nos jugamos nuestra vida para salvar a la mayor cantidad de personas posible, pero desde que se dejan de oír esos gritos, alguien se fue al fondo", continúa. 

Durante el rescate, Marcial pudo sacar también un cuerpo sin vida, el de un chico joven. "Cuando ya no se oía nada, lo encontramos al final y lo sacamos para fuera", rememora, "nunca antes había visto un muerto". Al día siguiente, cuando las voces se apagaron en el Atlántico, los cadáveres de quienes no pudieron salvar la vida salieron a flote en el norte de Lanzarote. 

Para entonces, ellos ya estaban cumpliendo cuarentena en el Aula de la Naturaleza de Máguez, donde pasaron quince días aislados. Nicolás tuvo que suspender la boda y reprogramar una nueva fecha. "Si fuese esta noche otra vez lo haría lo mismo, creo que mis compañeros dicen lo mismo", resalta Nicolás, que recuerda que lo que le empujó a lanzarse al mar fue: "Salvar a personas, no miramos el color de piel, si eran africanos, del sáhara. Hay personas en peligro vamos a rescatarlas". 

 

 

"Un grupo más unido por la tragedia"

En plena pandemia de coronavirus, cuando aún se repetía la importancia de mantener la distancia, este grupo de vecinos no dudó en tirarse al agua a salvar una vida. "Te das cuenta al final que son personas que están intentando salvarse, buscar una vida mejor y los ves ahí y eso es terrible", señala Marcial, que reconoce que él mismo tuvo prejuicios hacia las personas que se embarcan en las pateras para llegar al archipiélago, pero que después de aquel naufragio lo ve diferente. 

"Cuando sales y pasa todo, te das cuenta de la magnitud", señala Marcial. "Lloramos allí un montón de veces", confiesan.

Aún después de casi seis años, los bautizados como héroes de Órzola, no han podido reencontrarse aún con aquellas personas que volvieron a la vida ese noviembre, ni conocer la historia que los empujó a subirse a aquella patera.

Aquella noche trágica, donde vivieron "momentos de angustia terrible", se convirtió en un recuerdo que les unió con más fuerza. De hecho, Nicolás recuerda que cuando vio volcar un cayuco en El Hierro hace unos meses volvió a revivir el día en el que ocho personas murieron en la costa de Órzola. "Te revive todo de nuevo", relata.  

 

Marcos Lemes, dos naufragios en siete meses

Marcos Lemes, es el único de los cuatro que también se volvió a lanzar al mar el 17 de junio de 2021, cuando otra embarcación naufragó y él y una vecina no dudaron en volver a tirarse al mar. También estuvo presente cuando un atunero encalló en los callaos frente a su casa. En aquella ocasión, a las puertas del verano, el vuelco de otra embarcación precaria acabó con la vida de un niño de ocho años, dos mujeres, una de ellas embarazada, y dos hombres.

En aquella época, con la llegada constante de embarcaciones, Lemes vivía con la psicosis del ruido. Un vecino le llamó le dijo que me asomara, que se escuchaba un motor. Entonces el infierno volvió a abrirse paso. Tras la experiencia de noviembre, Marcos Lemes tenía preparadas en la puerta de casa dos buggies por si tenía que lanzarse al mar. Al llegar a la zona. En esa segunda ocasión, los supervivientes estaban apilados sobre una roca. "Una sensación horrible", expone. 

"Mi hijo, mi hijo", gritaba una mujer en francés aquella noche. Era la madre del menor de ocho años, cuyo cuerpo apareció en la orilla al día siguiente. 

La ruta migratoria hacia Canarias ha sido durante años la más mortal de Europa y una de las más mortíferas del mundo. En 2020, 1.851 personas perdieron la vida tratando de alcanzar el archipiélago y 45 pateras naufragaron en busca de las islas. Al año siguiente, en 2021, 4.016 personas fallecieron en 124 naufragios rumbo a Canarias. En lo que va de año yacen en el fondo del Atlántico 635 personas. 

 

Marcos Lemes en la zona del naufragio. Foto: Juan Mateos.
Marcos Lemes en la zona del naufragio. Foto: Juan Mateos.

 

Agradecimiento al resto de vecinos que se lanzaron al mar y contribuyeron con su ayuda a salvar vidas, pero que han preferido no participar en este reportaje.

 

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