Cruzar a nado La Bocaina a los 80 años: la hazaña de Txaro Tomasena

La triatleta vasca cuenta en una entrevista con 'La Voz' el secreto de su vitalidad y cómo ha entrenado estos últimos años para enfrentarse a un reto en el que nadó diez kilómetros durante seis horas

Txaro Tomasena durante la travesía en La Bocaina

Muchos suelen decir que la edad es solo un número y esto es algo que la nadadora y triatleta Txaro Tomasena (Elgeta, Guipúzcoa, 1946) ha seguido al pie de la letra a sus 80 años. El pasado lunes 5 de octubre, la guipuzcoana consiguió nadar los diez kilómetros que separan la isla de Lobos y Lanzarote en seis horas, una hazaña que esconde detrás muchos años de entrenamiento y una cuidada alimentación.

Cuando tenía 65 años, Tomasena se perdió un día en el mar en una travesía en San Sebastián. "Le di tal disgusto a mi marido que casi le da un infarto porque le dije que llegaría en una hora y media, pero tardé casi dos horas", cuenta. Su amor por el mar, unido a este susto, la llevó a aprender a nadar con entrenador y también a orientarse en el mar. "Yo pensaba que chapotear un poco era nadar, pero no, porque para ello tienes que hablar con un entrenador", apunta.

"Al primer entrenador que tuve le dije que quería nadar bien y bonito, con estilo, y me encontró fallos por todos sitios", continúa. Uno de los fallos fue que bateaba poco las piernas y, como le gustaba la montaña y andar, le recomendó que hiciera triatlones. "A los 69 años empecé a montar en bicicleta y a hacer triatlones, me enganché a ellos de tal manera que me encantan", desvela.

De hecho, el pasado año, esta deportista participó en los Juegos Olímpicos Máster de Taiwán donde consiguió su primer oro olímpico en un triatlón sprint. Además, también tiene otra medalla de oro en aguas abiertas.

 

Años de entrenamiento para cruzar La Bocaina

Para preparar el reto de cruzar La Bocaina a nado, Txaro Tomasena ha participado en todo tipo de competiciones exigentes para prepararse física y mentalmente. "Para mí era impensable nadarlo, como lo fue hace cuatro años el Estrecho  de Gibraltar", asegura. Hasta entonces, la deportista competía a nivel estatal, europeo y mundial, pero "entrenar para piscina y entrenar en aguas abiertas no tiene nada que ver".

Por ello, su entrenadora comenzó a entrenarla de cara a cruzar el Estrecho de Gibraltar. "Eran tan bestiales los entrenos que me puse enferma y decidí irme a Corralejo donde tengo La Bocaina delante del morro y voy a reflexionar allí y ver si podía seguir con los entrenamientos", recuerda. "Estuve quince días, miraba La Bocaina, me iba a Lobos, después iba a Playa Blanca en Lanzarote y la miraba desde allí. Cogí el avión de vuelta y pensé que si mi entrenadora confiaba en mí, que me meta caña y voy a por el Estrecho", prosigue.

Tras lograr cruzar el Estrecho y tocar tierra en Marruecos, cuenta que se lo dedicó a sus padres. "Acto seguido me dije: Txaro, ahora tienes que ir a por La Bocaina, y fue entonces cuando volví  y empezamos a entrenar", recuerda. Ahí fue cuando su entrenadora le dijo que el entrenamiento para cruzar a nado La Bocaina debería ser aún más duro que el del Estrecho.

Y es que, según explica, las corrientes del Estrecho de Gibraltar "son durísimas" y "te arrastran hacia el oeste, hacia América". "Cuando te adentras un poco más, hay corrientes que te favorecen y eso es fundamental", indica. La parte final de esta travesía se vuelve muy complicada debido a la entrada de una corriente muy potente del Atlántico que entra en el Mediterráneo y que "hay que tener mucha fuerza para poderla dominar".

Para ambos ratos, la nadadora ha trabajado la fuerza y la potencia. En el caso de La Bocaina, entrenó durante tres años, ya que su intención era hacer este reto en 2024, pero un accidente de coche le provocó lesiones en el hombro. Debido a ello, el pasado año todavía no era capaz de dar el máximo para nadar La Bocaina, por lo que su entrenadora le dijo que era mejor dejarlo porque no habían podido entrenar lo suficiente.

"Le contesté que con 80 años cómo iba a hacer un acosa tan dura y me contestó que yo no tengo edad, que mis aptitudes tenía que desarrollarlas y que la edad no era ningún impedimento", declara. Gracias a su trabajo constante con entrenamientos de hasta 30.000 metros semanales de natación, Tomasena estaba lista este año para cumplir con este reto.

Txaro Tomasena junto al equipo que le acompañó durante la travesía

 

Tres factores a tener en cuenta: las corrientes, las mareas y los vientos

En el estrecho de La Bocaina, los factores que debía tener en cuenta la deportista eran tres: las corrientes, las mareas y los vientos. Por ello, tuvo que aplazar su salida del día 3 de octubre y realizarla el día 5, ya que el día anterior había mucho viento. "El viento en La Bocaina crea una ola alta y dura que es muy complicada para nadarla", explica.

Tras salir de Papagayo, durante la primera hora de travesía, la fuerte corriente la desplazaba hacia el este, mientras que durante otra media hora, no notó ese desplazamiento. Sin embargo, más tarde las corrientes la empujaban hacia el oeste. "Tres kilómetros antes de llegar, la corriente era tan fuerte que me estaba llevando hacia la línea de los ferris, por lo que decidieron orientarme hacia Lobos, ya que el objetivo era tocar tierra en esta isla o en Corralejo", relata.

Durante la travesía, la nadadora no tocó ningún barco ni ninguna persona y con un salabre (una red de pesca con mango) sus acompañantes le fueron administrando algo de comida y bebidas energéticas desde la embarcación Jilorio II.

Tras seis horas de travesía, tocó tierra en la isla de Lobos, pero al acercarse a las piedras un golpe de mar la golpeó contra ellas. "Me cogieron dos olas, me estamparon contra las rocas y ahora camino cojeando", cuenta. Para registrar esta hazaña, un juez árbitro de la Federación Española de Natación acompañó a Txaro Tomasena durante esta aventura porque "no ha habido persona que con 80 años haya cruzado La Bocaina". Ahora, este juez elaborará el certificado correspondiente para presentarlo ante el Libro Guinness de los récords.

Al tocar tierra en la isla de Lobos, la deportista asegura que para ella "no fue sorprendente" llegar. "Cuando estás entrenando, tú te das cuenta lo que estás haciendo y era tal el nivel de entrenamiento que yo sabía que estaba preparada para lograrlo", explica. En este sentido, la nadadora desvela que prefiere nadar en solitario porque "establezco un diálogo con el mar y si vas en grupo, vas pendiente del resto". "Estaba muy contenta cuando terminé", apunta.

Para establecer el punto de salida, la hora y la ruta confió en Óscar Fernández de Pinedo de Bitácora Academia Náutica de Lanzarote, siendo el barco guía la embarcación Ávila Mariano Aura Marina.

 

Genética, alimentación, descanso y deporte, las claves de su vitalidad

Cuando se tiene un coche, para que dure muchos años, se debe cuidar poniéndole el mejor combustible y llevarlo a sus revisiones. Txaro Tomasena compara su cuerpo de igual forma. "El cuerpo humano es lo mismo y yo la alimentación la cuido con un escrúpulo total porque me doy cuenta del beneficio que me produce y esto te crea una felicidad", comenta. Esto hace, según detalla, que "el cerebro se ponga en marcha y se ponga a tu favor".

Por otro lado, el descanso es otro de los factores que la nadadora ve como imprescindible en su vida porque sin él "no puedes trabajar". A pesar de que su pareja está delicada de salud, con quien mejor está es con ella. "Yo decidí hace dos años ser su cocinera, enfermera y peluquera, hacerle todo", indica. Aunque no podía descansar lo suficiente de cara al entrenamiento, optó por cuidar de su marido. 

La genética es otra de las características que cree que influye en su vitalidad. Según cuenta, su familia materna, apellidada Alzuri, "tienen un algo y eran algo especial, eran unas mujeres impresionantes". 

De cara al futuro, Tomasena desvela que tiene dos años más de trabajo para cumplir nuevos retos, aunque por el momento ha optado por no desvelar cuáles son.

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