Altavista celebra a San Antonio María Claret, su Santo Patrón

El barrio arrecifeño vivió una entrañable jornada de fe, tradición y convivencia, con una solemne Eucaristía presidida por el obispo de la Diócesis de Canarias, monseñor José Mazuelos Pérez, y una emotiva procesión por las calles de la barriada.

Misa y procesión en Altavista (Fotos: Jordi Vispo)
Misa y procesión en Altavista (Fotos: Jordi Vispo)

Con alegría, profunda devoción y una notable participación vecinal, el barrio arrecifeño de Altavista volvió a rendir homenaje a su Santo Patrón, San Antonio María Claret, conocido cariñosamente por los canarios como «El Padrito». Una celebración marcada por la fe, el recogimiento y el sentimiento de pertenencia a un barrio que, año tras año, mantiene viva una de sus tradiciones religiosas más entrañables.

A las 18.00 horas del pasado sábado, coincidiendo con la festividad de San Antonio María Claret, la iglesia parroquial de Altavista abrió sus puertas para acoger a numerosos vecinos y visitantes que, fieles a esta cita tan señalada, se dieron encuentro en el templo para compartir una celebración que volvió a poner de manifiesto el cariño y la admiración que el barrio profesa a su Santo Patrón.

El templo lucía sus mejores galas para la ocasión, engalanado con esmero y dedicación por las vecinas que, con mimo y exquisita atención a cada detalle, se encargaron de que todo estuviera dispuesto para tan esperado acontecimiento. En un ambiente de solemnidad y belleza, la imagen de San Antonio María Claret, presentada sobre su trono con una elegante y delicada ornamentación floral, presidía el templo, convirtiéndose en el centro de todas las miradas y de la devoción de los presentes.

La celebración eucarística revistió un carácter especialmente significativo al estar presidida por el reverendo señor obispo de la Diócesis de Canarias, monseñor don José Mazuelos Pérez, y concelebrada por don Juan Carlos Medina, párroco de San Ginés y vicario diocesano de Lanzarote, La Graciosa y Fuerteventura, junto al sacerdote Samuel Alirio, de la Unidad Pastoral de Arrecife.

La Eucaristía se desarrolló en un ambiente de recogimiento, fervor y participación, acompañada musicalmente por el Coro Parroquial de San Ginés, dirigido por el profesor Héctor Araya, cuyos cantos contribuyeron a realzar la solemnidad de una celebración vivida intensamente por los feligreses.

Uno de los momentos más destacados de la jornada fue, sin duda, la homilía pronunciada por monseñor José Mazuelos Pérez. Con la cercanía y sencillez que le caracterizan, el obispo se dirigió a los asistentes para recordar la vida, la entrega misionera y las virtudes de San Antonio María Claret, acercando su figura a los fieles y poniendo de relieve la vigencia de su legado espiritual.

Durante su intervención, destacó que San Antonio María Claret no es un santo lejano en el tiempo ni una figura ajena a nuestra historia, sino alguien que caminó por esta misma tierra. Entre 1848 y 1849 recorrió Canarias como misionero apostólico y, durante su estancia en Lanzarote, predicó en Teguise y Arrecife.

Una presencia que dejó huella en la memoria y en el corazón de los isleños, quienes, con el afecto y la familiaridad que caracterizan a nuestra gente, lo llaman cariñosamente «El Padrito». Un apelativo entrañable que refleja la cercanía con la que el pueblo canario hizo suya la figura del misionero y que, según recordó el prelado, también quedó expresada en las propias palabras de Claret, quien llegó a confesar que los canarios le habían «robado el corazón».

Finalizada la celebración eucarística, llegó uno de los momentos más esperados: la salida procesional de la imagen del Santo Patrón por las calles próximas a la iglesia parroquial. La comitiva estuvo encabezada por la Banda de Música La Unión Musical de Lanzarote, bajo la dirección del profesor Alfonso Duro Cabezón, cuyos acordes anunciaban el paso de la procesión y aportaban solemnidad y emoción al recorrido.

Tras la banda avanzaba la imagen de San Antonio María Claret, acompañada por monseñor José Mazuelos Pérez, los sacerdotes celebrantes y numerosos feligreses que, con respeto y devoción, caminaron junto a su Patrón por las calles de Altavista.

Vecinos y visitantes salieron al encuentro de la procesión, participando de una estampa que volvió a unir al barrio en torno a sus creencias, sus costumbres y una tradición transmitida de generación en generación. Fue un recorrido cargado de simbolismo, en el que la música, las oraciones y las muestras de cariño hacia la imagen del Santo se fundieron en una misma expresión de fe compartida.

De regreso al templo parroquial, la imagen fue despedida entre los acordes de la banda de música y los aplausos de los presentes, poniendo el broche final a una jornada especialmente emotiva. Una despedida que dejó patente, una vez más, el profundo vínculo que une a los vecinos de Altavista con San Antonio María Claret, «El Padrito», su querido Santo Patrón.

 

Una celebración que trasciende lo religioso

Más allá de los actos litúrgicos y del recorrido procesional, la festividad volvió a convertirse en una ocasión para el reencuentro, la convivencia y el fortalecimiento de los lazos que unen a los vecinos. Porque estas celebraciones forman parte del alma de los barrios: conservan la memoria de quienes nos precedieron, mantienen vivas las tradiciones y ofrecen a las nuevas generaciones la oportunidad de conocer y compartir el legado espiritual y cultural de su comunidad.

La jornada vivida en Altavista fue, en definitiva, una hermosa manifestación de fe, cariño y devoción. Una de esas celebraciones que permanecen en el recuerdo por la emoción de los momentos compartidos y por la satisfacción de comprobar que, año tras año, los vecinos siguen respondiendo a la llamada de su Patrón.

Y es que, en torno a San Antonio María Claret, Altavista volvió a encontrarse consigo misma. Los vecinos nos reunimos una vez más para compartir nuestra fe, renovar nuestra admiración por «El Padrito» y demostrar que el sentimiento de pertenencia a un barrio también se construye a través de sus tradiciones, de sus encuentros y de esos pequeños grandes momentos que unen a las personas.

Una jornada entrañable que dejó en el corazón de Altavista el mejor de los recuerdos y que reafirmó, con emoción y orgullo, que la devoción a San Antonio María Claret continúa siendo un hermoso vínculo entre el pasado, el presente y el futuro de este querido barrio arrecifeño.

 

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