Existen una gran variedad de terapias para personas con autismo, pero en el caso del lanzaroteño Adrián Rodríguez (Costa Teguise, 2018), las carreras han mejorado su vida y la de sus padres de forma exponencial. Con alrededor de cuarenta participaciones en carreras junto a su padre, Plácido Rodríguez, este chinijo con Trastorno del Espectro Autista y una discapacidad del 42% está logrando superar los obstáculos propios de esta condición gracias al deporte.
A través de su perfil de Instagram (@adrianri_2018), su padre comparte todo el proceso de Adrián a través de las diferentes carreras en las que participa y en las que supera sus propios límites.
Tras ser diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista, los padres de este pequeño se pusieron manos a la obra para que su hijo tuviera la máxima calidad de vida e independencia posible. Las familias con niños con esta condición se ven obligados a enfrentarse a dificultades en la comunicación e interacción social, patrones de conducta restrictivos o repetitivos y diferencias en el procesamiento sensorial.
Su padre define a Adrián Rodríguez como un "niño feliz" y que "se adapta" a las situaciones. "Cada vez está comprendiendo más y, a pesar de que no es verbal, a través de la repetición mía está empezando a decir algunas palabras", cuenta.
Las carreras como terapia
Plácido Rodríguez cuenta que la introducción del pequeño en las carreras fue por casualidad. Para que su hijo esté entretenido, siempre ha tratado de mantenerlo ocupado en casa con diferentes actividades y evitar la televisión y los dibujos animados "porque, además, él los interioriza mucho".
A raíz de la llegada a la isla de la Rainbow Family Lanzarote en enero de 2025, una carrera solidaria para toda la familia a beneficio de la Fundación Pequeño Valiente, su padre decidió llevar a Adrián a las colchonetas para pasar un día agradable. "Hicimos la carrera y la sorpresa fue que el niño corrió recto, no se fue hacia los lados ni se paró, y ahí fue donde me dije: ¿por qué no?", recuerda.
Durante los meses siguientes, padre e hijo acudían a la avenida en Costa Teguise para continuar con este entrenamiento. En este punto, su padre Plácido decidió crear su perfil de Instagram para llegar a más padres y madres. "Como él no tiene amigos, a lo mejor alguna mamá traía al niño a correr también", comenta.
Los días que su padre acudía con el chinijo a la avenida, caminaban y corrían. "Le hacía cosquillas, como si fuera el juego del 'pilla pilla', y poco a poco el niño fue haciendo más distancia", relata.
Su adaptabilidad también pasa por los tipos de terrenos donde Adrián realiza las carreteras, tanto en arena, adoquines, tierra o asfalto. "Él entiende la actividad como algo en lo que se lo está pasando bien", dice.
Según cuenta su padre, las terapeutas de Adrián "no dan crédito cómo el niño ha conseguido la rutina de iniciar y terminar las carreras, de no irse hacia los lados, saber lo que está haciendo y se divierte con lo que está haciendo". Además, Plácido va siempre junto a su hijo, apoyándolo en cada paso que da en las carreras. "Voy hablándole y le digo: vamos Adri, las manitas, vamos que llegamos a la meta, muy bien", detalla.
Una forma de adaptarse a la vida cotidiana
Tras los primeros entrenamientos, Plácido encontró una carrera de la Policía Nacional para participar junto a su hijo en Tenerife. "Me ayudó a descubrir toda una terapia porque ahora el niño iba a trabajar la espera del avión, iba a ir sentado en él, el desplazamiento del taxi, el hotel y comer fuera", explica.
Esto le permitió a ambos encontrar una forma de pasar tiempo juntos a la vez que Adrián trabajaba su interacción social, conducta y emociones, así como su motricidad. "La carrera salió muy bien, el niño corrió 400 metros, aunque es verdad que cuando llegó a la meta se llevó las manos a los oídos porque había mucho ruido, pero aún así no dejó de hacer la carrera", recuerda.
Poco después de este evento, su padre volvió a inscribirlo en otra carrera, esta vez en Gran Canaria. En este viaje, Adrián continuó adaptándose. Más tarde, ha ido participando en otras carreras como la Wine Run o la Trail La Vegueta, además de otras en el resto de islas. En total, Adrián ha logrado viajar alrededor de 15 viajes en todas las islas, excepto en El Hierro, y ha realizado cuarenta carreras.
"Cada vez lo va perfeccionando más, es cierto que en algunas carrera mueve más las manos, dependiendo de cómo viene su estado o si la carrera es por la mañana o por la tarde porque no es lo mismo", aclara.
Varias actividades para mejor su vida
Las diferentes actividades que realiza el pequeño Adrián hacen que su vida mejore a pasos agigantados, desde ir a la playa, el contacto con animales como los caballos hasta las carreras que hace regularmente. "Ahora tiene tal cantidad de actividades que las está enfocando muy bien y comprendiendo como un niño más", indica su padre.
Debido a su condición, Rodríguez sufre de continuas estereotipias y ecolalias, es decir, conductas repetitivas asociadas al autismo y que estas personas utilizan como herramientas para su autorregulación emocional y sensorial. Gracias a un pequeño robot de juguete que va siempre con él, Adrián consigue llevar mejor su rutina. "Va más sujeto y, por ejemplo, si va a subirse a un avión, él va caminando más recto con el muñeco y no se va a hacia ningún lado ni tampoco se tira en el piso o echa a correr", explica.
Ahora, su padre lo lleva a entrenar a paleo para que realice actividades funcionales. "Lo ves riéndose, feliz, dinámico e intentando interactuar", asegura.
Rodríguez que lo que ha aprendido estos años de lucha con su hijo es a "hacer" y "no quedarse en casa, sentarlo en el sillón, darle la táblet y ponerle dibujos". "Hay que entender que es una situación muy difícil porque no es un niño que se sienta, se pone a jugar y tú puedes ponerte a hacer otras cosas porque no le puedes quitar el ojo de encima", explica.
En este sentido, reconoce que hacer diferentes actividades significa "sacrificar tu vida para dársela a él". Plácido dedica su día a su hijo, mientras que por la noche aprovecha para hacer sus quehaceres. "Hay noches que se me hace la una de la mañana", desvela. Sin embargo, puntualiza que cada familia es diferente y que "no todo el mundo puede" llevar a cabo las mismas actividades. "Si probaran, se sorprenderían, porque a lo mejor el niño tiene capacidades para hacer muchas cosas, aunque hay que entender que cada niño es diferente", detalla.
La realidad de esta familia es que el deporte ha ayudado en gran medida a luchar contra la condición de Adrián. "Mi día a día ahora con él no tiene nada que ver que cuando tenía cinco años porque a lo mejor mostraba su alegría pellizcándote la cara o no caminaba, pero la evolución que ha tenido en ser constante en una rutina lo ha llevado a mejorar una barbaridad", concluye. "Hace años esto era impensable", añade.
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