El 3 de octubre de 1967, varios jóvenes de Haría comenzaron a subir a hombros hasta la Montaña de Aganada una enorme cruz que había quedado fuera del proyecto de la nueva iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación por sus dimensiones y su peso. Durante el día alcanzaron La Fuentecita y, después, continuaron durante las noches por los caminos de la montaña hasta que el 11 de octubre consiguieron colocarla en la cima, guiados por Elías Miralles Curbelo, buen conocedor del territorio. No fue solamente una iniciativa religiosa, fue también una imagen de aquella Haría en la que los vecinos todavía convertían una tarea colectiva en un acontecimiento compartido, y es precisamente en aquella generación donde encontramos a Tomás Rodríguez Barrios, nacido en Haría el 3 de marzo de 1944 y entonces un joven de 23 años que ya había comenzado a construir una trayectoria que acabaría atravesando buena parte de la historia social, educativa y deportiva de Lanzarote.
No existe documentación que permita afirmar que Rodríguez Barrios formara parte del grupo que transportó físicamente aquella cruz, y conviene mantener esa distancia entre lo documentado y lo que solamente podría suponerse, pero sí resulta significativo que aquel 1967 fuera también un año fundamental en su vida y en la transformación del municipio. El 14 de enero se había formalizado la constitución del Club de Lucha Unión Norte después de la fusión de los equipos de Haría y Máguez, poniendo fin a una rivalidad deportiva que había dividido durante años a las aficiones de ambos pueblos, y Tomás Rodríguez Barrios aparece entre los primeros integrantes de aquella estructura, primero como vocal y posteriormente vinculado a las funciones técnicas del equipo.
Aquella coincidencia ayuda a entender una época. Haría estaba cambiando, pero todavía conservaba la dimensión comunitaria de un pueblo en el que la iglesia, la escuela, el deporte, las fiestas y las relaciones entre vecinos formaban parte de una misma vida cotidiana. En ese mismo año comenzó el curso 1967-68 del Colegio Libre Adoptado de Haría, inicialmente instalado en dependencias de la parroquia, una iniciativa que ampliaba las posibilidades educativas de los jóvenes del municipio. La cruz subía hacia Aganada mientras una nueva generación empezaba a encontrar otros caminos para continuar sus estudios y desarrollar sus capacidades.
Tomás Rodríguez Barrios pertenecía precisamente a esa generación. Había comenzado su formación en las escuelas públicas de Haría en 1950, continuó sus estudios en la academia del municipio y desde muy joven se vinculó al deporte. La lucha canaria y el fútbol estuvieron entre sus primeras pasiones, y su posterior trayectoria demostraría que aquella relación con el deporte no era una afición pasajera, sino una de las constantes de su vida. Su pregón de San Juan de 2013 constituye una extraordinaria memoria personal de la Haría de los años cincuenta y sesenta.
En 1966 terminó Magisterio y comenzó su carrera docente, pero el deporte continuó acompañándolo. La dimensión atlética de aquella trayectoria alcanzó uno de sus momentos más llamativos en 1969, cuando, con 25 años, se proclamó campeón absoluto de 800 metros lisos en el Campeonato Regional Militar de Atletismo celebrado en las pistas de la Universidad de La Laguna. La crónica de La Provincia lo presentó como maestro de enseñanza primaria y natural de Haría, recordando también sus buenos resultados en pruebas de campo a través y 8.000 metros del pentatlón militar. Fue propuesto para acudir a los campeonatos nacionales, pero decidió no continuar por esa vía porque estaba preparando las oposiciones al Magisterio Nacional.
La decisión resume una constante de su vida: el deporte nunca estuvo separado de la educación. Rodríguez Barrios fue maestro, pero también entrenador, árbitro, dirigente y formador, y durante décadas esa combinación le permitió estar cerca de generaciones sucesivas de jóvenes lanzaroteños.
En 1970 comenzó una nueva etapa profesional al incorporarse al Banco de Bilbao, donde desarrollaría una carrera de aproximadamente tres décadas. Pero tampoco entonces abandonó su vinculación con el deporte ni con su municipio. El fútbol de Haría ocuparía posteriormente buena parte de su actividad como entrenador, dirigiendo al equipo del municipio en distintas etapas y manteniendo una relación directa con jugadores y generaciones que después formarían parte de la historia deportiva de la isla.
La lucha canaria, sin embargo, fue uno de los grandes ejes de su trayectoria. El Unión Norte nació precisamente en aquel proceso de reunificación de las aficiones de Haría y Máguez, y con el paso de los años el club acabaría convirtiéndose en una de las grandes referencias de la lucha lanzaroteña. Rodríguez Barrios participó desde los primeros momentos en aquella estructura y posteriormente amplió su actividad como entrenador y responsable técnico.
Su conocimiento del deporte le llevó también al arbitraje. Durante los años setenta y ochenta desempeñó responsabilidades dentro del Colegio de Árbitros de Fútbol de Lanzarote y posteriormente continuó ligado a las estructuras federativas. Su trayectoria permite observar cómo el deporte insular pasó progresivamente de unas prácticas esencialmente locales y comunitarias a organizaciones más estructuradas, con federaciones, escuelas, árbitros, entrenadores y competiciones regladas.
En 1987 llegó otro de los grandes capítulos de su vida deportiva: la puesta en marcha de la Escuela Insular de Lucha Canaria. Rodríguez Barrios asumió su dirección y participó en un proyecto que pretendía llevar la lucha a los centros de enseñanza y acercarla a niños y jóvenes de toda la isla, incluida La Graciosa. Aquella iniciativa llegó a reunir a más de un millar de alumnos distribuidos en 22 centros, convirtiendo la lucha canaria no solamente en competición, sino también en instrumento de formación y transmisión cultural.
Y es aquí donde aparece uno de los vínculos más interesantes de toda su historia: La Graciosa. La relación de Tomás Rodríguez Barrios con la octava isla comenzó mucho antes de su actividad bancaria. En 1960, cuando tenía 16 años, participó en una luchada celebrada en La Graciosa durante las fiestas del Carmen. Décadas después, en el pregón de San Juan de Haría de 2013, recuperó aquel recuerdo y describió aquella jornada desde la memoria de quien había vivido directamente aquel ambiente deportivo y popular.
La relación volvió a aparecer en su vida adulta, esta vez desde su profesión. Como empleado del Banco de Bilbao en Arrecife, Rodríguez Barrios atendió especialmente a pescadores y armadores de Lanzarote y La Graciosa. Una publicación corporativa del banco lo presentaba como gestor comercial relacionado con ese sector, destacando su
contacto directo con los pescadores y su conocimiento de las necesidades de quienes trabajaban en el mar. La imagen resulta poderosa: el joven luchador que había llegado a La Graciosa para participar en una luchada terminó años después atendiendo desde la banca a los hombres que salían de sus puertos.
Y existe todavía otra conexión sorprendente. César Manrique quería tener una casa en Haría desde mediados de los años sesenta y así se lo manifestó a Tomás Rodríguez Barrios. Según el testimonio del cronista oficial Gregorio Barreto Viñoly, Rodríguez Barrios le indicó que Salvador Perdomo Torres tenía propiedades en venta. A comienzos de los años setenta, y después de las gestiones realizadas por el entonces alcalde Juan José Santana de León, Manrique adquirió finalmente una finca que transformaría en la vivienda donde residiría hasta su muerte. No fue el protagonista de la llegada de Manrique a Haría, pero sí aparece en un momento previo y significativo de aquella historia.
La vida de Tomás Rodríguez Barrios continuó ligada al municipio. En 2013 fue elegido pregonero de las fiestas de San Juan y utilizó aquella oportunidad para regresar con la memoria a la Haría de su infancia y juventud. Su discurso no fue solamente un pregón festivo: fue también un inventario de nombres, personas, escuelas, partidos de fútbol, luchadores, fiestas, lugares y costumbres de una época que ya había desaparecido.
Por eso el 3 de octubre puede servir como punto de partida para recuperar su figura. La fecha devuelve a la memoria aquella jornada de 1967 en la que los jóvenes de Haría comenzaron a subir la Cruz de Aganada, pero también permite mirar hacia el presente. Este 3 de octubre de 2026 se celebra la quinta edición de la Bajada del Camino de las Gracioseras, una iniciativa que recupera la memoria de las mujeres de La Graciosa y el antiguo camino del Risco de Famara, otro de los grandes itinerarios humanos que unieron la octava isla con Lanzarote.
Y esa coincidencia devuelve de nuevo a Tomás Rodríguez Barrios. Buena parte de su vida puede leerse precisamente a través de esos caminos que comunicaban personas, pueblos y generaciones: el camino de los jóvenes hacia Aganada, el camino de los luchadores entre Haría y Máguez, el camino marítimo hacia La Graciosa, el camino de los pescadores hacia el banco, el camino de los alumnos hacia la escuela y, finalmente, el camino de la memoria que él mismo recorrió en su pregón de 2013.
Tomás Rodríguez Barrios no fue solamente un maestro, ni solamente un deportista, ni solamente un árbitro, entrenador o empleado de banca. Fue un hombre que estuvo presente en distintos momentos de la transformación de Lanzarote y que, desde posiciones diferentes, mantuvo siempre un vínculo con Haría.
Nació cuando el municipio todavía conservaba buena parte de su estructura rural, creció entre las escuelas, las luchadas y los partidos de fútbol, vivió la transformación educativa de los años sesenta, participó en la organización moderna del deporte insular, conoció desde dentro el mundo de la pesca y de La Graciosa, colaboró en la expansión de la lucha canaria entre los jóvenes y, de manera indirecta, estuvo relacionado con uno de los episodios más importantes de la historia cultural de Haría: la instalación definitiva de César Manrique en el municipio.
El 3 de octubre de 1967, una generación de jóvenes comenzó a subir una cruz hacia Aganada. Casi seis décadas después, el 3 de octubre vuelve a mirar hacia el Risco de Famara y hacia La Graciosa para recuperar otro de los caminos de la memoria insular.
Entre ambos momentos aparece la vida de Tomás Rodríguez Barrios como un puente humano entre dos Lanzarote: el que caminaba por senderos y organizaba sus propias fiestas y deportes, y el que terminó convirtiéndose en una isla abierta al mundo sin dejar de buscar en su pasado las claves de su identidad.
Quizá esa sea la mejor manera de recordar a Tomás Rodríguez Barrios: no como un personaje aislado de la historia de Haría, sino como uno de los hombres que ayudaron a conectar aquella Haría con el Lanzarote que vino después.
FUENTES CONSULTADAS
• Historia de Haría — biografía, pregón de San Juan 2013, documentación sobre lucha canaria, La Graciosa, Banco de Bilbao y galería de Tomás Rodríguez Barrios.
• Centenario de la construcción de la Casa Consistorial de Haría 1922-2022 — cronología de 1967, Cruz de Aganada, Colegio Libre Adoptado y Unión Norte.
• Academia de Lanzarote — discurso de Gregorio Barreto Viñoly sobre César Manrique y Haría.
• Memoria de Lanzarote — Historia del fútbol en Lanzarote, incluida fotografía del Haría CF 1986-87 con Tomás Rodríguez Barrios como entrenador.
• Historia de Tías — documentación de la temporada 1990-91, con Tomás Rodríguez Barrios como entrenador del Sporting Tías.
• Cadena SER Lanzarote, 1 de octubre de 2026 — quinta edición de la Bajada del Camino de las Gracioseras, prevista para el 3 de octubre de 2026.
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