Rayco Guedes, sobre los disruptores endocrinos: "Se han detectado casos de hermafroditismo en peces"

La contaminación por plástico se ha convertido en un problema mundial, no solo por el tiempo que tarda en degradarse, sino por las consecuencias de sus aditivos en la salud y en el medioambiente

20 de junio de 2026 (07:58 WEST)
El ingeniero técnico en Química Industrial, Rayco Guedes. Foto: Juan Mateos.
El ingeniero técnico en Química Industrial, Rayco Guedes. Foto: Juan Mateos.

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Los plásticos han inundado nuestro día a día. En el carrito de la compra del supermercado envuelve los plátanos, los tomates y los champiñones, sirve de recipiente para el detergente de la lavadora o la pasta de dientes. Este material procedente del petróleo también está presente en la ropa que usamos cada día bajo otras etiquetas (poliéster, poliamida, acrílico, elastano, polipropileno). A pesar de que estos componentes nos ha acompañado a lo largo de las últimas décadas, la ciencia revela que son perjudiciales para la salud y para el planeta. 

Tanto ha crecido su uso que la contaminación por plástico se ha convertido en un problema mundial. Además, para que este plástico sea más duradero, flexible o resistente al sol se complementa con aditivos, que pueden resultar tóxicos y se convierten en un problema añadido. 

Un disruptor endocrino, también llamado alterador o perturbador endocrino, es una sustancia capaz de alterar las funciones del sistema endocrino y de causar efectos adversos en la salud, según la Organización Mundial de la Salud. El sistema endocrino se compone de glándulas que producen hormonas que viajan por la sangre y regulan funciones vitales, desde el metabolismo, al sueño, el crecimiento, el desarrollo, el estado anímico o la reproducción. 

Los efectos de los disruptores endocrinos pueden darse en las personas, pero también en otros seres vivos. En el caso de los seres humanos estos disruptores se relacionan con problemas de fertilidad, malformaciones genitales en neonatos o aumentos de cánceres hormonales. Investigaciones de la OMS también los han vinculado con diagnósticos como el déficit de atención o la hiperactividad en menores. 

Además de causar efectos sobre el ser humano, estos disruptores también generan daños en el medioambiente. "Se han reportado casos en organismos marinos, por ejemplo, de cambios de sexo, de hermafroditismo, de proliferación de poblaciones unisexuales", explica el ingeniero técnico en Química Industrial de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Rayco Guedes. El investigador añade que en el medio natural, los disruptores endocrinos hacen que "todos los individuos tengan tendencia por uno de los sexos (ya sea femenino o masculino), lo que implica que al final esa población desaparece". 

El hermafroditismo o la feminización también se ha registrado entre peces y moluscos del archipiélago.  

 

Una simple botella tarda décadas en degradarse

"El plástico de una botella de agua, por ejemplo, tiene una vida útil muy cortita, pero en el medioambiente puede estar décadas", expone el investigador. Al degradarse las botellas, generan dos tipos de problemas ambientales: los microplásticos y la contaminación ocasionada por los aditivos del plástico, que se liberan con más facilidad.

Guedes defiende que es preferible y más barato beber directamente agua del grifo y señala que el consumo diario de agua en problemas de plástico supone exponerse de forma constante a algunos aditivos que funcionan como disruptores endocrinos.

Mientras tanto, el ingeniero técnico expone que la migración de químicos desde el plástico hasta el alimento tiene un riesgo muy bajo. Sin embargo, indica que una inadecuada conservación de las botellas, "con un almacenamiento incorrecto, mucha luz o si le da mucho calor, puede favorecer esa migración de compuestos hacia el agua".

 

Bifenol A y ftalatos

Los disruptores endocrinos pueden proceder de sustancias naturales, pero también de fuentes artificiales. Entre estas últimas, la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria, los clasifica en cuatro grupos: los contaminantes naturales (micoestrógenos); los contaminantes ambientales (PCB, dioxinas, benzopireno, algunos componentes de productos domésticos y metales pesados, como Pb, Cd y Hg); los materiales en contacto con alimentos (bisfenol A, ftalatos); y los residuos de la producción agricola (fitosanitarios). Además de otros utilizados de forma intencional en algunos medicamentos, como las píldoras anticonceptivas. 

Uno de los disruptores endocrinos que ha estado durante décadas presente en el día a día de la población es el bisfenol A, conocido como BPA. Esta sustancia química se utiliza para recubrir el interior de diferentes productos, desde latas de comida y refresco, hasta botellas de agua y con los años ha aumentado en España y Europa las restricciones en torno a este producto. 

En 2023, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria reevaluó el riesgo que este componente generaba en la salud, al tratarse de un disruptor endrocrino. En 2024, la Comisión Europea prohibió utilizar bisfenol A en materiales que estuvieran destinado a entrar en contacto con los alimentos. Antes ya se había prohibido en Europa realizar biberones botellas y envases de alimentación infantil con este aditivo. "Muchas veces [...] se vende con el letrero grande diciendo libre de Bisfenol A (BPA) y, bueno, está libre, porque realmente debería estarlo porque es perjudicial", indica el experto.

Sobre los ftalatos, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria expone que, aunque actúan como disruptores endocrinos, el nivel de ingesta medio diario de estos productos (DBP, BBP, DEHP, DINP y DIDP) está siete veces por debajo del nivel de riesgo marcado en sus investigaciones. Sin embargo, estos riesgos suelen reevaluarse con elos años. 

 El ingeniero técnico en Química Industrial, Rayco Guedes. Foto: Juan Mateos.
El ingeniero técnico en Química Industrial, Rayco Guedes. Foto: Juan Mateos.

 

Los contaminantes emergentes

El académico Rayco Guedes y un equipo de investigadores profundiza en la presencia, distribución, destino y mecanismos para eliminar contaminantes emergentes en la atmósfera. "Los contaminantes emergentes no tienen por qué ser compuestos nuevos que se acaban de desarrollar", explica Guedes, que señala que algunos son productos que se han utilizado durante décadas, pero que hasta ahora no se había tenido la tecnología para descubrir que se estaban acumulando en el medioambiente. 

El equipo investigador del que forma parte Guedes profundiza en diferentes tipos de contaminantes. Entre ellos, aquellos que se encuentran en las aguas residuales (detergentes, residuos farmacéuticos), pero también otros en las playas o zonas costeras (más vinculados a la actividad turística y mayor presencia de filtros solares).

En este sentido, el investigador añade que estos contaminantes están produciendo un fenómeno conocido como pseudopersistencia, que se origina cuando la velocidad a la que el medioambiente degrada estos compuestos es menor al ritmo al que los humanos lo introducen en el medio. Dicho de otro modo, la introducción continua de contaminantes al medioambiente está generando que no se puedan biodegradar al mismo ritmo en el que se está introduciendo en la atmósfera.

Como un mensaje optimista, este ingeniero aboga por el poder del consumidor para escoger por qué tipo de productos quiere pagar y por cuáles no. "En lugar de ir a un supermercado donde está todo plastificado, intentar ir a tiendas de proximidad, que quizás tienen un producto más local y que probablemente no está tan plastificado", señala.

"Cambiar el hábito, más que intentar cambiarlo todo o legislarlo todo o prohibirlo todo. Realmente tenemos mucho más poder del que pensamos", concluye.

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