Durante siglos, la Cueva de los Verdes había formado parte de la geografía de Haría y del imaginario de los habitantes de Lanzarote. Su utilización como refugio frente a las incursiones piráticas permanecía ligada a la memoria de la isla y su propio nombre hacía referencia a la familia que había poseído aquellos terrenos. Sin embargo, a comienzos de los años sesenta aquel espacio volcánico comenzó a adquirir un significado diferente. Lanzarote empezaba a mirar hacia el turismo y el paisaje, contemplado hasta entonces fundamentalmente como territorio, comenzaba a ser considerado también como patrimonio y como una posible puerta de entrada para quienes llegaran desde fuera.
En ese proceso tuvo un papel fundamental José Ramírez Cerdá, presidente del Cabildo de Lanzarote, desde cuya institución se impulsó la transformación de determinados enclaves naturales con una idea que, con el paso de los años, acabaría adquiriendo una dimensión mucho mayor: mostrar Lanzarote sin ocultar aquello que la hacía diferente. La Cueva de los Verdes fue uno de los primeros grandes ensayos de aquella estrategia y, detrás de su transformación, hubo una sucesión de decisiones y trabajos que permitieron convertir una cavidad volcánica en un espacio visitable sin borrar su propia identidad.
Jesús Soto Morales asumió un papel esencial en la parte técnica de los trabajos. La iluminación planteaba un problema que no consistía simplemente en instalar focos dentro de una cueva, sino en conseguir que la luz permitiera descubrir las formas de la cavidad sin convertirlas en un decorado artificial. Soto llegó a desplazarse a las Cuevas de Nerja para estudiar otras soluciones y trasladar posteriormente aquellos conocimientos al proyecto lanzaroteño, mientras Luis Morales Padrón participaba en los trabajos de acondicionamiento y en la parte técnica de una actuación que exigía recursos muy diferentes de los disponibles actualmente. La electricidad no llegaba hasta el interior de la cueva y fue necesario recurrir a un grupo electrógeno, cuya instalación permitió contemplar bajo una nueva perspectiva las dimensiones y formas del tubo volcánico.
En ese proceso también resultó decisiva la aportación de César Manrique, aunque reducir toda la historia a su figura supondría dejar fuera a quienes hicieron posible materialmente aquella transformación. Manrique aportó una concepción artística que buscaba integrar la intervención con el espacio natural, de manera que el objetivo no fuera construir un escenario dentro de la cueva, sino conseguir que el visitante pudiera recorrerla y descubrir sus formas sin que la intervención humana terminara imponiéndose sobre ellas. Aquella diferencia acabaría siendo fundamental para la evolución posterior de Lanzarote, porque el proyecto no pretendía esconder el paisaje bajo una construcción turística, sino hacer del propio paisaje la experiencia turística.
El 5 de octubre de 1963 llegó la inauguración de la intervención de la Cueva de los Verdes. La documentación conservada por la Fundación César Manrique recoge que se habían instalado alrededor de un millar de puntos de luz, una cifra que permite imaginar el impacto que debió producir aquella transformación en una época en la que las posibilidades técnicas eran muy diferentes de las actuales. Pero aquella fecha presenta una particularidad que suele quedar fuera de las referencias rápidas a la historia de la Cueva: la inauguración no significó su apertura inmediata al público.
Hubo que esperar hasta el 15 de enero de 1964 para que comenzaran oficialmente las visitas, mientras durante esos meses continuaban los trabajos destinados a configurar un recorrido en el que la iluminación, el espacio volcánico y la ambientación buscaban construir una experiencia diferente a la simple contemplación de una cavidad natural. Aquello era mucho más que una obra turística: era también una declaración de intenciones sobre la forma en que Lanzarote podía relacionarse con su propio territorio.
La isla estaba empezando a descubrir que podía convertir su paisaje en uno de sus principales recursos sin necesidad de disfrazarlo. La lava, los volcanes, los tubos volcánicos y las formas áridas que durante generaciones habían sido contempladas como elementos propios de una tierra difícil empezaban a adquirir una nueva consideración, y la Cueva de los Verdes se convirtió así en uno de los primeros grandes ensayos de una fórmula que después se extendería por la isla.
Llegarían posteriormente los Jameos del Agua, las Montañas del Fuego, el Monumento al Campesino y el Mirador del Río, entre otros espacios en los que la arquitectura y el arte buscarían relacionarse con el territorio, hasta configurar con el tiempo una de las señas de identidad turística de Lanzarote. Pero el origen de aquella manera de entender el paisaje estaba allí, bajo tierra, en una intervención que convirtió una cavidad volcánica en una experiencia cultural y turística.
El 5 de octubre de 1963, una cueva se convirtió en una ventana hacia el futuro de la isla.
La fecha adquiere todavía mayor interés cuando se observa qué estaba ocurriendo al mismo tiempo fuera de Lanzarote. La bibliografía de la Fundación César Manrique recoge que ese mismo 5 de octubre de 1963 El Eco de Canarias publicó en su página 12 un artículo titulado «La Operación Canarias ya está en marcha y hay que hacer todo lo preciso por estas islas». No podemos afirmar que aquella pieza fuera específicamente una crónica de la inauguración de la Cueva sin consultar directamente el ejemplar original, pero su existencia en la prensa de aquel día permite situar la actuación de Lanzarote dentro de un contexto mucho mayor: Canarias estaba comenzando a hablar del turismo como una actividad capaz de transformar económicamente las islas.
Lanzarote estaba entrando en esa nueva etapa con una propuesta diferente. Todavía no se trataba de grandes hoteles ni de urbanizaciones turísticas y tampoco existía la isla que conocerían las siguientes generaciones. Lo que había era un territorio que empezaba a descubrir el valor de aquello que ya poseía y a plantearse una pregunta que acabaría marcando buena parte de su futuro: ¿cómo enseñar Lanzarote sin dejar de ser Lanzarote?
La respuesta comenzó a construirse en lugares como la Cueva de los Verdes. Por eso, cuando hoy se contempla este espacio como uno de los lugares turísticos más reconocibles de la isla, resulta fácil olvidar que hubo un momento en que todo aquello todavía estaba por inventar. El Cabildo de José Ramírez Cerdá tomó la decisión de intervenir, Jesús Soto buscó soluciones técnicas, Luis Morales participó en los trabajos y César Manrique aportó una concepción artística que acabaría siendo decisiva, mientras trabajadores y habitantes de la isla hicieron posible transformar aquel espacio.
No fue la obra de un solo hombre, sino el resultado de una idea colectiva que comenzó a tomar forma bajo tierra.
El 5 de octubre de 1963 Lanzarote no inauguró solamente una cueva iluminada, sino una nueva manera de mirar su territorio. La isla todavía tardaría años en convertirse en el destino turístico que hoy conocemos, pero aquel día ya había comenzado el cambio y, quizá por eso, la verdadera historia de aquella fecha no está solamente en las luces que se encendieron dentro de la Cueva de los Verdes, sino en lo que esas luces permitieron ver por primera vez: que el paisaje de Lanzarote podía convertirse también en su propia carta de presentación ante el mundo.
Fuentes documentales
Fundación César Manrique. Documentación y bibliografía sobre la Cueva de los Verdes y el desarrollo de la intervención artística y turística de Lanzarote.
Luis Morales Padrón. Documentación histórica sobre los trabajos de acondicionamiento e iluminación de la Cueva de los Verdes.
Universidad de La Laguna. Investigación académica sobre César Manrique, Haría y la configuración de los espacios turísticos de Lanzarote.
El Eco de Canarias, 5 de octubre de 1963, p. 12. Referencia bibliográfica conservada por la Fundación César Manrique: «La Operación Canarias ya está en marcha y hay que hacer todo lo preciso por estas islas».
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica y JABLE. Hemerotecas digitales utilizadas para la localización y contraste de referencias de prensa histórica.
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