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La Lanzarote que nadie contaba: los secretos de una isla que aprendió a mirarse en sus primeros periódicos

Hay historias que no suelen ocupar las páginas de los grandes relatos históricos, pero que sobreviven en los ejemplares amarillentos de los periódicos

Escasez de agua en Lanzarote Crónica de Lanzarote
Escasez de agua en Lanzarote Crónica de Lanzarote

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Antes de que la prensa se consolidara como actividad informativa, los primeros periódicos de Arrecife dejaron al descubierto las contradicciones de una sociedad en transformación: jornaleros que cobraban menos que los animales de carga, familias obligadas a emigrar, disputas por el derecho a recibir sepultura, suscriptores que abandonaban una publicación por sus opiniones y proyectos para convertir un pequeño puerto insular en una escala del Atlántico. 

Hay historias que no suelen ocupar las páginas de los grandes relatos históricos, pero que sobreviven en los ejemplares amarillentos de los periódicos. No hablan necesariamente de presidentes, guerras o grandes inauguraciones, sino de personas que apenas podían vivir de su trabajo, comerciantes que soñaban con abrir Lanzarote al mundo, vecinos enfrentados por cuestiones religiosas y una población que buscaba soluciones a problemas que, en algunos casos, todavía resultan reconocibles. 

Durante la segunda mitad del siglo XIX, Arrecife comenzó a producir sus propios periódicos. Aquellas publicaciones no se limitaron a transmitir noticias: también debatieron, denunciaron situaciones injustas, defendieron intereses y reflejaron las transformaciones de una sociedad que intentaba encontrar su lugar en el archipiélago. Sus páginas permiten descubrir una Lanzarote mucho más compleja de lo que sugieren las cronologías tradicionales, marcada por el contraste entre la pobreza y las aspiraciones de progreso, el peso de las costumbres y la llegada de nuevas ideas, la dependencia económica y el deseo de abrirse al exterior. 

La primera sorpresa se encuentra incluso antes de que la isla dispusiera de una imprenta. 

 

Un periódico escrito a mano para una isla que quería tener voz 

En el verano de 1858 comenzó a circular por Arrecife El Crisol, una publicación manuscrita que pasaba de mano en mano entre sus lectores. Todavía no existían las condiciones necesarias para establecer una industria tipográfica en Lanzarote, pero un grupo de personas encontró la manera de elaborar un periódico sin disponer de maquinaria de impresión. 

Sus ocho números, difundidos entre el 25 de julio y el 25 de octubre de aquel año, recogían noticias locales, movimientos de barcos, precios, fiestas, acontecimientos judiciales y colaboraciones literarias. Era una iniciativa modesta, aunque significativa: demostraba que existía interés por generar y compartir información desde una perspectiva insular. 

Tres años después, aquella aspiración adquirió una nueva dimensión. La imprenta de Miguel Miranda llegó a Arrecife a bordo del pailebote Villalva el 8 de noviembre de 1860. El 16 de febrero de 1861 apareció Crónica de Lanzarote, el primer periódico impreso de la isla, que alcanzaría los 105 números. 

Más allá de la llegada de la maquinaria, lo verdaderamente significativo fue lo que vino después: Arrecife comenzó a producir información de manera regular, a debatir sobre sus necesidades y a reclamar un papel propio en la vida económica y cultural del archipiélago.

 

La denuncia que retrató la pobreza de los trabajadores 

Entre los testimonios más reveladores de aquella primera prensa figura una denuncia que rompe con la imagen de una sociedad decimonónica preocupada exclusivamente por el comercio y la navegación. 

En los editoriales publicados el 30 de noviembre y el 7 de diciembre de 1861, correspondientes a los números 42 y 43, Crónica de Lanzarote describió el deterioro de las condiciones de vida de los jornaleros. Sus redactores denunciaban que los precios de los productos de primera necesidad y los alquileres habían aumentado, mientras los salarios descendían hasta situarse entre cuatro y cinco reales por jornada. 

La comparación empleada resultaba especialmente contundente: el periódico afirmaba que un animal de carga podía ganar el doble que un jornalero trabajando las mismas horas. No era una simple observación sobre los salarios, sino una denuncia de la consideración social y económica que recibían quienes vivían de su trabajo. 

La publicación propuso crear una asociación de trabajadores financiada mediante cuotas y donaciones, que funcionara como una caja de socorros mutuos. La iniciativa pretendía prestar ayuda a quienes atravesaran dificultades económicas y contribuir a que sus integrantes recibieran un entierro digno. 

Aquellas páginas permiten recuperar una realidad social que rara vez ocupa el centro de los relatos sobre el Lanzarote del siglo XIX: la de quienes sostenían buena parte de la economía insular con su esfuerzo, pero apenas disponían de recursos para afrontar las necesidades más elementales. 

 

Una isla que se marchaba: la emigración como respuesta a la precariedad 

La emigración también ocupó un lugar destacado entre las preocupaciones de la primera prensa arrecifeña. 

En abril de 1862, Crónica de Lanzarote describía la salida de habitantes hacia América como un fenómeno cada vez más frecuente. Detrás de aquellos viajes había decisiones difíciles: dejar atrás a la familia, las relaciones personales y el lugar de nacimiento para buscar oportunidades que la economía insular no siempre podía ofrecer. 

La sequía, las dificultades agrícolas y la fragilidad de las actividades económicas contribuían a explicar aquella realidad. No obstante, la emigración no puede reducirse a una sola causa ni atribuirse exclusivamente a las malas cosechas. Era el resultado de una combinación de circunstancias económicas y sociales que afectaban a numerosos hogares. 

En este sentido, el periódico constituye un testimonio directo de cómo sus contemporáneos percibían un fenómeno que marcaría profundamente la historia de Lanzarote. 

 

El puerto que podía cambiar el destino de la isla 

Mientras una parte de la población soportaba graves dificultades económicas, los sectores comerciales e intelectuales de Arrecife defendían un proyecto ambicioso: mejorar las condiciones de Puerto Naos y aprovechar la posición geográfica de Lanzarote para atraer embarcaciones que recorrían las rutas atlánticas.

Los editoriales de Crónica de Lanzarote reclamaban actuaciones para facilitar la entrada y salida de los barcos, mejorar las condiciones de navegación y favorecer el movimiento de mercancías. En el número 5, publicado el 16 de marzo de 1861, el periódico abordó expresamente las necesidades del puerto y reclamó mejoras que permitieran desarrollar su actividad. 

La propuesta reflejaba una concepción del desarrollo insular que iba más allá de las infraestructuras portuarias. Para aquellos redactores, el futuro económico de Arrecife dependía también de su capacidad para participar en los intercambios comerciales y aprovechar las posibilidades que ofrecía su situación en el Atlántico. 

El puerto no era únicamente un espacio destinado a la carga y descarga, sino una pieza fundamental en las aspiraciones de modernización de la capital. 

 

Veintitrés suscriptores abandonaron un periódico por una controversia 

Casi tres décadas después, otra publicación demostraría hasta qué punto la prensa podía convertirse en escenario de enfrentamientos sociales. 

El Horizonte, dirigido por Leandro Fajardo Cabrera, comenzó a publicarse en mayo de 1887. Sus páginas abordaban asuntos económicos, culturales, educativos y políticos desde una orientación liberal que no siempre encontraba una acogida favorable entre los sectores más conservadores. 

Una carta enviada desde Yaiza por Lorenzo Betancor, publicada en el número 9, del 15 de junio de 1887, ironizaba sobre un supuesto proyecto de sociedad religiosa en Teguise. La controversia tuvo consecuencias inmediatas: en el número 12, fechado el 30 de junio, el periódico informó de que 23 suscriptores de aquella localidad habían retirado su apoyo a la publicación. 

La reacción permite apreciar la influencia que una cabecera de circulación limitada podía ejercer sobre las relaciones sociales de la época. El enfrentamiento no terminó ahí. El párroco de Arrecife también arremetió contra el periódico desde el púlpito, lo acusó de masonería y recomendó a los fieles que no lo leyeran, según la reconstrucción histórica de sus contenidos. 

La controversia convirtió sus páginas en un espacio de discusión sobre las relaciones entre religión, autoridad civil y libertad de pensamiento, en una sociedad donde las nuevas ideas liberales comenzaban a cuestionar determinadas prácticas tradicionales. 

 

El comerciante al que se le discutió el derecho a ser enterrado 

Uno de los episodios más sorprendentes recuperados de las páginas de El Horizonte estuvo relacionado con la muerte de Joaquín Reguera y Romero, un comerciante que, según la versión publicada por el periódico, falleció al caer al mar. 

En el número 113, fechado el 30 de noviembre de 1888, la publicación abordó la decisión del párroco de negarle sepultura. Según la reconstrucción de Francisco Fajardo Spínola, el sacerdote comunicó su determinación al alcalde mediante un oficio, sin especificar los motivos. La autoridad municipal respondió que no podía impedir que el fallecido fuera enterrado en la fosa de su propiedad dentro del cementerio. 

El entierro terminó celebrándose pese a las amenazas de excomunión del párroco. El Horizonte cuestionó la decisión eclesiástica y sostuvo que los médicos forenses no habían dictaminado que la muerte se hubiera producido por suicidio.

El caso trascendió el ámbito familiar y se convirtió en una controversia pública sobre la autoridad religiosa, las competencias civiles y los límites de ambas instituciones. No se trataba únicamente del destino de un comerciante fallecido, sino también de las tensiones de una sociedad en la que la influencia de la Iglesia seguía siendo determinante mientras las ideas liberales comenzaban a ganar espacio. 

 

Una ciudad que quería modernizarse, pero seguía arrastrando viejos problemas 

Las páginas de El Horizonte ofrecen también una descripción de las dificultades urbanas de Arrecife a finales del siglo XIX. El periódico reclamaba mejoras en el alumbrado público, limpieza de las calles, condiciones higiénicas más adecuadas y una mayor atención a los servicios municipales. 

Sus redactores defendían la educación, la ciencia y el progreso, al tiempo que señalaban las deficiencias de las escuelas y las dificultades que afrontaban los maestros. La modernización de la ciudad, desde aquella perspectiva, no podía limitarse a las infraestructuras: debía alcanzar también la enseñanza, la higiene, la cultura y la calidad de vida de sus habitantes. 

En esa misma línea, la publicación promovió una suscripción popular para levantar un monumento a José de Viera y Clavijo, una iniciativa que pretendía convertir la memoria cultural en un proyecto compartido. 

 

Los periódicos desaparecieron, pero sus historias sobrevivieron 

La mayoría de aquellas cabeceras tuvo una vida breve. Las dificultades económicas, el reducido número de lectores y la dependencia de las suscripciones complicaban la continuidad de cualquier proyecto periodístico. Crónica de Lanzarote dejó de publicarse en febrero de 1863, después de editar 105 números. El Horizonte cerró el 1 de mayo de 1889, tras publicar 142 números y un suplemento. Otras publicaciones, como Lucero del Alba, El Oriental Canario y La Legalidad, dejaron una huella documental más limitada. 

Sin embargo, la desaparición de aquellos periódicos no borró las historias que habían contado. En sus páginas permanece una Lanzarote que no siempre aparece en los documentos oficiales: la de los jornaleros y emigrantes, los impresores y maestros, los comerciantes y vecinos enfrentados, así como la de quienes soñaban con transformar la isla. 

Quizá ese sea el verdadero valor de recuperar los primeros periódicos de Arrecife. No se trata únicamente de reconstruir la trayectoria de unas publicaciones nacidas hace más de siglo y medio, sino de acercarse a las preocupaciones, aspiraciones y conflictos de una sociedad que intentaba encontrar su propio camino. 

Porque antes de que Lanzarote comenzara a ser contada desde fuera, hubo un grupo de personas que decidió escribirla desde dentro. 

 

Fuentes documentales y bibliográficas 

• Cabrera Acosta, Miguel Ángel y Felipe González, Ramón. «Crónica de Lanzarote: un periódico lanzaroteño de la segunda mitad del siglo XIX». II Jornadas de Historia de Lanzarote y Fuerteventura, tomo I, 1990, pp. 349-358. 

• Fajardo Spínola, Francisco. «Lanzarote hace un siglo: una lectura del periódico El Horizonte (1887-1889)». II Jornadas de Historia de Lanzarote y Fuerteventura, tomo I, 1990, pp. 359-370.

• Ferrer Peñate, Mario. El periodismo en la periferia de la periferia de Europa occidental. Prensa, sociedad y opinión pública en Lanzarote y Fuerteventura (1852-1982). Tesis doctoral, Universidad de La Laguna, 2012. 

• Colección histórica de Crónica de Lanzarote, especialmente los números 5, 42 y 43. 

• Colección histórica de El Horizonte, especialmente los números 9, 12 y 113. 

• Jable, Archivo de Prensa Digital de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

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