Lanzarote y la memoria de sus muertos: dos siglos de cementerios, tradiciones y recuerdos

Antes de que los cementerios ocuparan un lugar propio en los pueblos de Lanzarote, los difuntos eran enterrados en iglesias y conventos.

Cementerio de Tías.

Cada 1 de noviembre, las familias lanzaroteñas acuden a los cementerios para visitar las sepulturas de sus seres queridos, depositar flores y mantener vivo el recuerdo de quienes las precedieron. La festividad de Todos los Santos constituye una jornada de tradición religiosa, pero también una oportunidad para recuperar las costumbres y las historias de generaciones que dejaron su huella en la isla.

La relación de Lanzarote con los enterramientos se remonta a una época en la que las iglesias y los conventos eran también lugares de sepultura. Durante siglos, los templos acogieron los restos de los fallecidos y el lugar destinado a cada enterramiento estaba condicionado, en buena medida, por la posición social y las posibilidades económicas de las familias. Mientras algunas disponían de sepulturas privilegiadas, buena parte de la población era enterrada en espacios comunes.

En Teguise, antigua capital insular, las inhumaciones se practicaban en la iglesia matriz de Nuestra Señora de Guadalupe y en los templos de los conventos franciscano y dominico. Esta costumbre comenzó a cambiar con las disposiciones que impulsaron la construcción de cementerios separados de los edificios religiosos. La Real Orden de 1787, promulgada durante el reinado de Carlos III, estableció la necesidad de trasladar los enterramientos fuera de las iglesias por razones sanitarias. Sin embargo, su aplicación en Canarias fue progresiva y estuvo condicionada por las circunstancias de cada localidad.

 

Los primeros cementerios de la isla

La construcción de los primeros camposantos lanzaroteños se desarrolló entre finales del siglo XVIII y las primeras décadas del XIX. El antiguo cementerio de Tías, fechado en 1799, es el más antiguo de los conservados en la isla. Le siguieron el de Arrecife, en 1809; el de San Bartolomé, cuyos primeros enterramientos se registran en 1810; el de Teguise, en 1814, y el de Femés, en 1818.

En el caso de San Bartolomé, la documentación histórica permite precisar la cronología. El 20 de agosto de 1809, el alcalde Francisco de la Cruz Guerra Ferrer convocó a los vecinos ante la falta de espacio para continuar enterrando en la iglesia parroquial. Una semana después, el 27 de agosto, se acordó construir el cementerio junto al templo. Los primeros enterramientos comenzaron en 1810. La fecha de 1813 aparece, por su parte, en estudios posteriores sobre la arquitectura funeraria de Lanzarote y Fuerteventura, pero no debe confundirse con el inicio de las inhumaciones.

La implantación de estos recintos no fue uniforme. En algunos lugares continuaron utilizándose los templos durante décadas, como sucedió en Yaiza, donde los enterramientos en la iglesia se mantuvieron hasta aproximadamente 1860. Los primeros cementerios se levantaron, además, en muchos casos junto a las parroquias y dentro de los núcleos habitados, manteniendo una estrecha relación con la vida religiosa y comunitaria.

El antiguo camposanto de Tías, situado junto a la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, constituye un testimonio de aquella primera etapa. Su construcción en 1799 refleja la temprana incorporación de Lanzarote a la transformación de las prácticas funerarias que se extendió por el territorio español.

 

Teguise: el cementerio que conserva dos siglos de historia

Uno de los conjuntos funerarios de mayor interés histórico y patrimonial se encuentra en Teguise. El Cementerio Viejo de La Villa, construido en 1814, es uno de los testimonios más representativos de la evolución de los enterramientos en Lanzarote durante los siglos XIX y XX.

El recinto permaneció en funcionamiento hasta 1979, cuando abrió el cementerio municipal Nuestra Señora de Las Nieves. Durante más de siglo y medio acogió los restos de vecinos de Teguise y de otras localidades de la isla, entre ellos integrantes de familias que desempeñaron un papel destacado en la vida económica y social de Lanzarote.

Su arquitectura conserva elementos de especial interés, como la capilla funeraria, fundada en 1822; la cripta de los sacerdotes; distintos panteones familiares, y una singular sepultura de estructura piramidal situada frente a la entrada principal. El conjunto refleja las diferentes formas de representar el recuerdo de los fallecidos, desde las sepulturas más sencillas hasta los monumentos funerarios de mayor elaboración.

En abril de 1945 se acometió una importante ampliación del recinto, con la incorporación de unos 900 metros cuadrados de terreno. La actuación fue promovida por Francisco García Escámez, jefe del Mando Económico de Canarias, y las obras estuvieron dirigidas por Miguel Llivina Bonete. Ese mismo mes se entregaron las llaves del cementerio a la parroquia de Teguise, reconocida como propietaria legal de la instalación. Durante 1944 también se habían destinado recursos a las obras de ampliación del camposanto.

Entre los personajes vinculados al cementerio destaca Luis Ramírez González (1884-1950), reconocido por su labor como mecenas y por sus iniciativas en favor del patrimonio y la cultura de Lanzarote. Nacido en El Islote, en el municipio de San Bartolomé, falleció en Barcelona el 20 de mayo de 1950, a consecuencia de una peritonitis, mientras realizaba una peregrinación a Roma con motivo del Año Santo. Murió en la pensión El Carmen, situada en el número 12 de la calle del Carmen de la capital catalana.

Ramírez González había expresado en su testamento el deseo de descansar en el cementerio católico de Teguise, en un panteón de estructura piramidal compartido con sus familiares. Sus restos fueron trasladados desde Barcelona en 1954 o 1955. La sepultura constituye uno de los elementos más singulares del antiguo camposanto y recuerda la trayectoria de un hombre cuya actividad dejó una huella importante en la historia insular.

Tras décadas de abandono y deterioro, el recinto fue objeto de una intervención de restauración que permitió recuperar las puertas, los muros, las capillas, las mamposterías, las lápidas y las cruces, además de acondicionar la cripta sacerdotal. El 28 de octubre de 2016 volvió a abrir sus puertas al público. La recuperación devolvió a la ciudadanía un espacio de gran valor patrimonial, con más de dos siglos de historia y numerosos testimonios de la sociedad lanzaroteña.

 

Los finaos: la noche en que las familias recordaban a sus difuntos 

La relación de los lanzaroteños con sus antepasados no se ha conservado únicamente en los cementerios. También ha perdurado a través de las costumbres familiares, los relatos transmitidos de generación en generación y las manifestaciones populares vinculadas a las jornadas dedicadas a los difuntos.

Una de las tradiciones más arraigadas en Canarias era la celebración de los Finaos o Finados, durante la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre. Las familias se reunían en las casas y las personas mayores evocaban a sus parientes fallecidos, compartiendo anécdotas y episodios de la vida de quienes ya no estaban.

Aquellas reuniones tenían un marcado carácter familiar y comunitario. Se compartían productos de temporada, frutos secos, higos pasados y otros alimentos, mientras las conversaciones recuperaban nombres y acontecimientos que formaban parte de la historia de cada casa. La tradición permitía que los más jóvenes conocieran a sus antepasados y mantuvieran el vínculo con generaciones anteriores.

En Lanzarote, estas prácticas estuvieron relacionadas también con los antiguos ranchos de ánimas, agrupaciones que interpretaban cantos y coplas vinculados al recuerdo de los difuntos y a las oraciones por las almas. Sus recorridos por las localidades y las visitas a las viviendas formaban parte de una expresión de religiosidad popular en la que la música, la solidaridad vecinal y las creencias religiosas se entrelazaban.

El historiador y cronista oficial de Teguise, Francisco Hernández Delgado, ha estudiado estas manifestaciones y su relación con la tradición de los ranchos. En el ámbito insular, los ranchos de Pascua conservan parte de aquella herencia musical y cultural, aunque han evolucionado hacia expresiones propias de las celebraciones navideñas.

Conviene distinguir las fechas de este ciclo: los Finaos se celebraban tradicionalmente durante la víspera de Todos los Santos, el 31 de octubre; el 1 de noviembre corresponde a la festividad de Todos los Santos, y el 2 de noviembre, a la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Tres jornadas diferentes unidas por las prácticas religiosas y familiares dedicadas a quienes han fallecido.

 

Las fotografías que devuelven rostros a la memoria

Las fotografías conservadas en los archivos insulares permiten reconstruir cómo se vivían estas celebraciones y recuperar escenas de la vida cotidiana que, de otro modo, podrían haber quedado relegadas al recuerdo familiar.

Entre los documentos de especial interés se encuentra el fondo de Memoria de Lanzarote, que conserva imágenes realizadas por José Pérez Duque en el cementerio viejo de Teguise entre 1961 y 1970. En ellas aparecen niños, niñas y familiares retratados junto a las sepulturas de sus seres queridos durante las jornadas dedicadas a recordar a los difuntos.

Aquellas fotografías muestran una costumbre que hoy puede resultar poco habitual: acudir al camposanto en familia, limpiar y adornar las tumbas y conservar una imagen junto a la sepultura. La visita no era únicamente un acto religioso, sino también una forma de transmitir a los más jóvenes la historia familiar y el recuerdo de quienes les habían precedido.

 

Los cementerios, un patrimonio que cuenta la historia de los pueblos

Los camposantos de Lanzarote constituyen mucho más que lugares de enterramiento. Sus lápidas, capillas, cruces y panteones permiten acercarse a la evolución de la sociedad insular, a las diferencias económicas de otras épocas, a las creencias religiosas y a las familias que contribuyeron a construir la identidad de cada municipio.

La arquitectura funeraria refleja también los cambios de gusto, las posibilidades económicas y las formas de expresión artística de cada periodo. Desde las sencillas cruces hasta los mausoleos familiares, estos espacios muestran distintas maneras de representar el vínculo entre quienes permanecen y quienes han fallecido.

Cada sepultura puede conducir a una historia personal, una profesión, una familia, una migración o un acontecimiento que merece ser documentado. En muchos casos, las inscripciones y los archivos asociados a estos recintos ayudan a reconstruir episodios de la historia local que no siempre aparecen en los grandes relatos políticos, económicos o sociales.

A ese patrimonio material se suma el documental. Las investigaciones históricas, las fotografías y los testimonios familiares permiten recuperar costumbres que han cambiado con el paso del tiempo y comprender cómo las distintas generaciones han mantenido su relación con los difuntos.

Dos siglos después de la construcción de los primeros camposantos, Lanzarote conserva en sus cementerios una parte fundamental de su historia. El 1 de noviembre vuelve a ser una jornada para visitar las sepulturas, colocar flores y recordar a los ausentes, pero también una oportunidad para reconocer el valor de un patrimonio que habla de la vida de quienes habitaron la isla.

Porque detrás de cada cementerio hay un pueblo, detrás de cada sepultura una historia y detrás de cada nombre grabado en una lápida una parte de la historia colectiva de Lanzarote.

 

Fuentes diocumentales y bibliográficas

Archivo Histórico Municipal de Teguise. María Dolores Rodríguez Armas, D. Luís Ramírez González (1884-1950). Biografía sobre su fallecimiento, peregrinación a Roma y traslado de sus restos.

José Ferrer Perdomo, El viejo Cementerio de San Bartolomé. Reconstrucción documental de los acuerdos municipales de agosto de 1809 y los primeros enterramientos de 1810.

Edilia Rosa Pérez Peñate, El espacio de la muerte: notas para un estudio de la arquitectura funeraria en Lanzarote y Fuerteventura, V Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote, 1993.

Ayuntamiento de Teguise. Documentación sobre la reapertura del Cementerio Viejo, 28 de octubre de 2016, y antecedentes de la ampliación de 1945.

Memoria de Lanzarote. Fondo fotográfico de José Pérez Duque y documentación gráfica de las obras de ampliación del cementerio de Teguise.

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