Lanzarote, el día que Franco inauguró el Hospital Insular: una larga lucha por la sanidad

La visita del jefe del Estado a Lanzarote, el 28 de octubre de 1950, coincidió con la inauguración oficial del Hospital Insular, culminación de décadas de reivindicaciones encabezadas por el médico José Molina Orosa

Fachada del Hospital Insular de Lanzarote. Foto: Juan Mateos.

Francisco Franco llegó a Lanzarote durante una visita oficial a Canarias y al Sáhara Occidental. En Arrecife se organizó una recepción con actos protocolarios y manifestaciones folclóricas. Entre los acontecimientos de aquella jornada figuró la inauguración del Hospital Insular, una infraestructura que respondía a una necesidad sanitaria largamente planteada por la población. 

Detrás de la ceremonia oficial había una historia de décadas: el empeño del médico José Molina Orosa por dotar a la isla de instalaciones adecuadas y las dificultades económicas que condicionaron los primeros pasos del centro. 

 

Un hospital fruto de décadas de reivindicación 

La historia del Hospital Insular se remonta a los primeros años del siglo XX. Su principal impulsor fue José Molina Orosa, médico nacido en Arrecife en 1883, que convirtió la mejora de la asistencia sanitaria en uno de los grandes objetivos de su trayectoria profesional. 

Según la documentación biográfica de la Fundación César Manrique, Molina Orosa trabajaba por hacer realidad el proyecto desde aproximadamente 1910. Su empeño se prolongó durante décadas, en un contexto marcado por la escasez de medios, las dificultades de comunicación con el exterior y la insuficiencia de las instalaciones disponibles para atender a los enfermos. 

Hasta entonces, Lanzarote contaba con recursos asistenciales muy limitados. La creación de un hospital propio era fundamental para mejorar la atención y reducir la dependencia de los traslados fuera de la isla. 

El proyecto comenzó a materializarse en 1944, cuando el Cabildo adquirió terrenos en los Llanos de Naos a los herederos de Fernando Pereyra Galviaty. La operación, según la reconstrucción histórica consultada, se cerró a cinco pesetas el metro cuadrado. 

La construcción requirió financiación y colaboración de distintas instituciones, además de nuevas aportaciones económicas. Levantar el edificio supuso un avance decisivo, aunque la falta de presupuesto dificultó la contratación de personal, la adquisición de equipamiento y la puesta en marcha de los servicios. 

 

La visita a Arrecife: una jornada política 

Aquel 28 de octubre, Franco llegó a la isla a bordo del crucero de la Armada Canarias, dentro de una gira oficial por el archipiélago y el Sáhara Occidental. Tras visitar Fuerteventura, desembarcó en Arrecife, donde se habían engalanado las calles y preparado una recepción en la avenida marítima.

Las imágenes conservadas muestran una concentración multitudinaria y diversos actos oficiales. Uno de los momentos destacados tuvo lugar ante la antigua sede del Cabildo Insular, hoy Casa Amarilla, desde cuyo balcón se dirigió a los asistentes. 

La jornada quedó recogida en el noticiario cinematográfico NO-DO, cuyas imágenes permiten conocer el aspecto de la ciudad y algunos acontecimientos de la visita. Por su naturaleza propagandística, este material debe interpretarse con cautela: la presencia de una multitud no permite determinar por sí sola el grado de adhesión política de la población al régimen. 

La comitiva se desplazó también a las Montañas del Fuego, donde el aprovechamiento del calor volcánico constituía una de las posibilidades de desarrollo estudiadas para Lanzarote. Manuel Chamorro desarrolló esta línea de trabajo en el Plan de riegos e industrialización de las islas de Lanzarote y Fuerteventura, publicado en 1951, que proponía combinar los recursos energéticos de Timanfaya con la energía eólica y la desalación de agua para impulsar la agricultura y la industria. 

La idea contaba con antecedentes técnicos, entre ellos un estudio de 1949 sobre las posibilidades de aprovechar el calor de la Montaña de Fuego. Sin embargo, la documentación consultada no permite precisar qué explicaciones recibió el visitante durante aquel recorrido ni qué decisiones concretas se adoptaron respecto al proyecto. 

La reconstrucción histórica sitúa la salida de la comitiva esa misma noche, a bordo del crucero Canarias. No se dispone, no obstante, de una cronología completa y verificada de todos sus desplazamientos. 

 

Una inauguración que no acabó con las carencias 

La inauguración oficial del Hospital Insular se sitúa el 28 de octubre de 1950, aunque existen referencias cronológicas que mencionan 1951. La documentación específica vinculada a la jornada de octubre respalda la fecha utilizada en este artículo, sin que la discrepancia deba darse por definitivamente resuelta hasta consultar documentación primaria adicional. 

La ceremonia no significó que todas las dependencias y prestaciones estuvieran disponibles desde el primer momento. La incorporación de servicios fue progresiva y estuvo condicionada por las limitaciones económicas y de personal. 

La investigación de Gregorio Cabrera, recogida en el libro José Molina Orosa. Luz en tiniebla, señala que el centro inició su trayectoria con una sala de medicina general de diez camas, además de dependencias relacionadas con el asilo y la Casa del Niño. El pabellón destinado a enfermos de tuberculosis seguía pendiente. 

Las diez camas correspondían exclusivamente a aquella sala de medicina general, no a la capacidad total del establecimiento. Tampoco se ha localizado documentación suficiente para establecer cuándo comenzó a funcionar cada dependencia. 

A mediados de octubre de 1951, casi un año después de la inauguración, el hospital todavía afrontaba importantes limitaciones económicas y asistenciales. La distancia entre el acto oficial y la disponibilidad efectiva de los servicios refleja las dificultades de los primeros años de una infraestructura esencial para la población lanzaroteña. 

 

José Molina Orosa, el médico que hizo posible el proyecto 

El principal impulsor del Hospital Insular no asistió a la inauguración oficial, según la información biográfica difundida por la Fundación César Manrique a partir del estudio de Gregorio Cabrera.

Su ausencia contrasta con la relevancia pública de una ceremonia que culminaba, al menos formalmente, una aspiración a la que había dedicado buena parte de su vida. No se ha localizado documentación que permita establecer por qué no acudió, por lo que no cabe atribuirle motivos personales o políticos sin nuevas pruebas. 

Molina Orosa permaneció vinculado al centro y lo dirigió hasta su jubilación, en 1953. Su trayectoria recibió un reconocimiento posterior cuando el hospital adoptó la denominación de Hospital Doctor José Molina Orosa, mediante una orden de la Consejería de Sanidad publicada en el Boletín Oficial de Canarias el 3 de marzo de 2008. 

Su legado trasciende la construcción del edificio y representa el esfuerzo por mejorar la atención a los pacientes en una isla que durante décadas dispuso de recursos sanitarios muy limitados. 

 

César Manrique y la transformación de la plaza de Las Palmas 

La visita oficial coincidió con una transformación del espacio urbano de Arrecife. En 1950, el Ayuntamiento encargó al joven César Manrique el embellecimiento de la plaza de Las Palmas, frente a la iglesia de San Ginés. 

La remodelación coincidió con la construcción de la cruz de los Caídos, un monumento vinculado a la simbología franquista que no formaba parte del diseño original de Manrique. El estudio histórico sobre la remodelación señala que la cruz fue encargada por separado y debía estar terminada antes de la llegada de la comitiva. 

El monumento estaba terminado el 28 de octubre de 1950, aunque su bendición e inauguración formal no se produjeron hasta 1956. Distinguir ambos momentos permite reconstruir la evolución de la plaza sin atribuir al artista la autoría de un elemento que no figuraba en sus planos. 

El espacio constituye otro escenario de la memoria histórica de Arrecife, donde la transformación urbana se entrelaza con los símbolos políticos de la dictadura. 

 

Del hospital histórico a la memoria colectiva de Lanzarote 

Durante las décadas posteriores, el Hospital Insular evolucionó y asumió distintas funciones asistenciales, entre ellas la atención geriátrica. Su trayectoria refleja los cambios experimentados por la sanidad pública y las transformaciones sociales de Lanzarote. 

En 2019, el centro pasó a depender del Servicio Canario de la Salud y mantuvo su identidad histórica como espacio especializado en la atención a las personas mayores. Su evolución también ha planteado cuestiones relacionadas con la conservación del edificio y su adaptación a las necesidades asistenciales. 

Reducir aquella jornada a la visita oficial supondría dejar en segundo plano a quienes hicieron posible el proyecto y sostuvieron su actividad en condiciones difíciles. 

La historia del Hospital Insular es, ante todo, la de una reivindicación sanitaria impulsada por José Molina Orosa y compartida por una sociedad que necesitaba mejores servicios médicos. Entre la representación política del régimen y las carencias de los primeros años, el centro se convirtió en una pieza fundamental de la memoria colectiva de Lanzarote. 

 

Fuentes documentales 

• Fundación César Manrique. Gregorio Cabrera, José Molina Orosa. Luz en tiniebla, colección Islas de Memoria.

• Antonio J. Montelongo Franquiz y Marcial A. Falero Lemes, El Puerto del Arrecife, Cabildo de Lanzarote y Ayuntamiento de Arrecife (2000). 

• Manuel Chamorro, Plan de riegos e industrialización de las islas de Lanzarote y Fuerteventura (1951). • Gobierno de Canarias. Documento técnico sobre geotermia que recoge el estudio de 1949 sobre el aprovechamiento del calor de la Montaña de Fuego. 

• Estudio histórico Memoria histórica: remodelación Plaza de Las Palmas (2018), sobre la intervención de César Manrique y la cronología de la cruz de los Caídos. 

• Gobierno de Canarias. Orden de 20 de febrero de 2008 sobre la denominación del Hospital Doctor José Molina Orosa, Boletín Oficial de Canarias, n.º 45, de 3 de marzo de 2008.

 

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