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Efemérides

Janubio, el tesoro de sal de Lanzarote: una historia nacida del volcán que resiste entre la tradición y el futuro

Las erupciones de Timanfaya transformaron el litoral de Janubio, donde desde 1895 se levantó uno de los mayores complejos salineros de Canarias, símbolo de la tradición pesquera y del patrimonio de Lanzarote.

Salinas de Janubio
Salinas de Janubio

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En el suroeste de Lanzarote, junto al Atlántico, las Salinas de Janubio constituyen uno de los paisajes industriales más singulares del Archipiélago. Sus estanques multicolores son el resultado de una transformación del litoral que, siglos después de las erupciones volcánicas, permitió desarrollar una explotación que abasteció durante décadas a la industria pesquera y contribuyó a la economía insular. Hoy, este complejo afronta el reto de mantener su producción artesanal y adaptarse a las nuevas demandas del mercado. 

La efeméride del 27 de octubre permite recuperar esta historia, desde la formación de la laguna hasta los reconocimientos gastronómicos obtenidos en 2026. La fecha sirve como marco para recordar un patrimonio vivo, aunque no se ha documentado que coincida con el aniversario de la fundación de las salinas. 

 

De puerto marítimo a paisaje salinero 

Antes de convertirse en una explotación industrial, Janubio fue una bahía vinculada a la actividad portuaria. Las erupciones de Timanfaya, desarrolladas entre 1730 y 1736, modificaron profundamente el litoral suroccidental de Lanzarote. Las coladas alteraron el antiguo Puerto Real de Janubio y, posteriormente, la dinámica costera contribuyó a formar una barrera de cantos rodados que cerró parcialmente la bahía y dio origen a la laguna actual. 

El Instituto Geológico y Minero de España identifica este enclave como un lugar de interés geológico por su evolución geomorfológica y volcanológica, así como por la presencia de antiguas rasas marinas con materiales fosilíferos del Tortoniense y el Plioceno. El entorno permite estudiar procesos que se remontan a millones de años y observar las huellas de las erupciones históricas. 

La configuración de la laguna, la insolación y los vientos favorecieron el aprovechamiento de sus aguas para obtener sal, una actividad que acabaría dejando una profunda huella en la economía y el paisaje insulares. 

 

1895, el comienzo de una obra de varias décadas 

La construcción de las Salinas de Janubio comenzó en 1895 por iniciativa de Vicente Lleó Benlliure. Su sobrino, Jaime Lleó Mira, continuó el proyecto con la colaboración de la familia Cerdeña y de Ginés Díaz. 

Las instalaciones se desarrollaron progresivamente hasta mediados de la década de 1940. La documentación histórica cifra su superficie en unos 440.000 metros cuadrados, equivalentes a 44 hectáreas, mientras que fuentes posteriores de la empresa sitúan la extensión en torno a los 450.000 metros cuadrados. 

Uno de los principales obstáculos durante la construcción fueron las filtraciones que impedían retener adecuadamente el agua. La solución atribuida a Víctor Fernández Gopar, conocido como el Salinero, consistió en utilizar una mezcla de barro y salmuera para mejorar la impermeabilización de los estanques.

Este procedimiento, basado en el conocimiento de los materiales locales y del comportamiento del terreno, permitió perfeccionar el sistema productivo. La documentación patrimonial del Gobierno de Canarias destaca el interés arquitectónico, técnico, histórico y etnográfico del conjunto, cuyo trazado constituye un ejemplo de ingeniería tradicional adaptada al medio volcánico. 

 

Diez millones de kilos de sal en sus mejores años 

Durante su etapa de mayor actividad, las salinas llegaron a producir alrededor de diez millones de kilos de sal anuales, según la información histórica de la propia explotación. Su desarrollo estuvo estrechamente ligado a la pesca y a la conservación de alimentos mediante la salazón, especialmente cuando la refrigeración todavía no tenía la implantación actual. 

La sal permitía preservar las capturas y facilitar su transporte y comercialización, integrando Janubio en los circuitos económicos vinculados a la industria pesquera de Lanzarote y de otros puntos del Archipiélago. 

El proceso de elaboración exigía controlar cuidadosamente la circulación del agua. Tras su captación, el agua marina pasaba por distintos compartimentos, donde el sol y el viento favorecían la evaporación y aumentaban su concentración salina. Finalmente, llegaba a los tajos o cristalizadores, donde se formaban los cristales que podían recogerse. 

Los molinos de viento desempeñaron un papel esencial en la elevación del agua antes de ser sustituidos por sistemas motorizados. Pese a estos cambios, el mantenimiento de los muros, la limpieza de los canales, el acondicionamiento de los estanques y la cosecha continuaron dependiendo en buena medida del trabajo manual. 

 

La crisis de un oficio tradicional 

La expansión de la refrigeración, los cambios en la industria pesquera y la competencia comercial redujeron la demanda tradicional de sal y obligaron a buscar nuevas vías para sostener la actividad. 

La empresa señala que la producción actual supera el 20 % de los diez millones de kilos anuales alcanzados en los mejores años. Esta referencia permite apreciar la transformación del sector, aunque no constituye una estadística exacta de la producción de 2026. Una información municipal de 2019 situaba la plantilla en diez trabajadores y estimaba la producción de aquel año en 1,5 millones de kilos; no se dispone de datos públicos suficientemente contrastados para trasladar esas cifras al presente. 

La viabilidad de Janubio depende tanto de su capacidad comercial como del mantenimiento de las instalaciones y de la transmisión de los conocimientos tradicionales. La venta directa, la divulgación patrimonial y el interés por las sales artesanales pueden contribuir a sostener la explotación, aunque requieren inversiones y una actividad continuada que evite el deterioro de los estanques y los sistemas hidráulicos. 

 

Un reconocimiento a la calidad de la sal lanzaroteña 

La trayectoria de Janubio mantiene su proyección en el mercado gastronómico. El Concurso Oficial de Sal Marina Agrocanarias 2026, organizado por el Gobierno de Canarias a través del Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria, distinguió varias producciones de la explotación. 

La flor de sal obtuvo el reconocimiento a la Mejor Innovación, Imagen y Presentación de Canarias 2026, además de una gran medalla de oro en esa modalidad. La sal marina virgen consiguió también una gran medalla de oro. 

El certamen se celebró el 17 de septiembre en el Islote de Fermina, en Arrecife, con doce producciones procedentes de las seis salinas que permanecen activas en el Archipiélago. El fallo se anunció el 1 de octubre.

Estos galardones refuerzan la proyección comercial de una actividad que busca diferenciarse mediante productos de mayor valor añadido y dirigirse a consumidores que valoran la procedencia y los métodos de elaboración. Constituyen un reconocimiento a la calidad, aunque no eliminan las dificultades económicas que afronta el sector. 

 

Patrimonio industrial y refugio para las aves 

Janubio destaca también por su interés ambiental. Sus estanques proporcionan hábitats para distintas especies de aves acuáticas y limícolas que utilizan los humedales costeros como zonas de alimentación y descanso durante sus desplazamientos migratorios. La variedad de niveles de agua y salinidad favorece la presencia de ambientes distintos dentro del mismo espacio. 

El enclave cuenta con protección ambiental como Sitio de Interés Científico y está incluido en la Zona de Especial Protección para las Aves ES0000098. La ficha oficial consultada asigna a esta ZEPA una superficie de 161,61 hectáreas, que no debe confundirse con las aproximadamente 44 hectáreas correspondientes a la explotación salinera. 

En el ámbito cultural, el Boletín Oficial de Canarias publicó en 1998 la incoación de un expediente para declarar las salinas Bien de Interés Cultural como Sitio Histórico. También se tramitaron otros procedimientos de protección cultural y paleontológica. La situación definitiva de cada expediente debe comprobarse en el registro patrimonial correspondiente antes de atribuir al conjunto declaraciones que no estén documentalmente confirmadas. 

La coexistencia de valores históricos, productivos y naturales exige compatibilizar el mantenimiento de las instalaciones con la continuidad de la actividad tradicional y la protección de la biodiversidad. 

 

La memoria de Lanzarote escrita en sal 

La evolución de Janubio refleja los cambios económicos de Lanzarote: de una actividad vinculada a la pesca y la conservación de alimentos a una explotación que busca nuevas oportunidades comerciales sin renunciar a sus métodos tradicionales. 

Sus canales, muros y estanques conservan la huella de quienes aprendieron a trabajar con el agua, el viento y el sol. Preservar este conjunto requiere mantener los conocimientos y las condiciones que permiten que la explotación siga funcionando, además de proteger sus valores históricos y ambientales. 

Recordar Janubio en la efeméride del 27 de octubre es reconocer que el paisaje de Lanzarote no se explica únicamente por sus volcanes, sino también por las generaciones que supieron aprovechar sus recursos y construir una actividad que ha perdurado durante más de un siglo. 

En Janubio, la sal es mucho más que un producto: es el testimonio de una relación entre naturaleza, trabajo e historia que forma parte de la identidad de Lanzarote. 

 

Fuentes documentales:

Salinas de Janubio, historia oficial de la explotación; Boletín Oficial de Canarias, expediente patrimonial de 1998; Instituto Geológico y Minero de España, Inventario Español de Lugares de Interés Geológico; Gobierno de Canarias, información sobre Agrocanarias 2026 y protección ambiental de Janubio.

 

 

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