El hidroavión que amerizó en Arrecife: la escala lanzaroteña de una aventura aérea histórica

El amerizaje del Dornier Wal en la bahía de Arrecife, el 7 de noviembre de 1924, formó parte de una de las primeras grandes operaciones de la aviación militar española para conectar el norte de África con Canarias.

Foto: Aquiles Heitz (https://lanzaroteayer.wordpress.com/2020/03/27/hidroaviones/)

La bahía de Arrecife fue escenario de uno de aquellos episodios que permiten reconstruir los primeros contactos de Lanzarote con la aviación. Un hidroavión Dornier Wal, pilotado por el entonces capitán Ramón Franco Bahamonde, llegó a las aguas de la capital insular en el marco de una misión militar que pretendía demostrar las posibilidades de establecer una conexión aérea entre los territorios españoles del norte de África y Canarias. La presencia de aquella aeronave y de sus tripulantes debió de despertar una notable expectación entre los vecinos, para quienes la aviación seguía siendo una actividad extraordinaria y poco habitual. 

La llegada del aparato, fechada el 7 de noviembre de 1924 por los historiadores Antonio J. Montelongo Fránquiz y Marcial A. Falero Lemes, aparece recogida en su obra El Puerto del Arrecife. Los autores documentan la presencia del hidroavión y mencionan entre los integrantes de la misión a Ramón Franco, Leopoldo Alonso, Alejandro Más de Gaminde, Guillermo Delgado Brackembury y el coronel Bens. La escala lanzaroteña se inscribe en una aventura que puso a prueba la capacidad de la aviación militar española para recorrer largas distancias y enlazar territorios separados por el océano. 

 

Una expedición para conectar África y Canarias 

La operación tenía un significado que iba mucho más allá de una visita aérea. En aquellos años, las principales potencias aeronáuticas competían por ampliar las distancias de vuelo, mejorar la autonomía de sus aparatos y demostrar que el avión podía convertirse en un medio eficaz para comunicar territorios separados por grandes extensiones de mar y desierto. 

España también quería incorporarse a aquella etapa de exploración y desarrollo. En el contexto de la campaña militar de Marruecos, la Aviación Militar organizó una misión desde los territorios españoles del norte de África hasta Canarias. El proyecto contemplaba la participación de tres aviones Breguet XIV, destinados a realizar el recorrido sobre tierra, acompañados por un hidroavión Dornier Wal, capaz de operar sobre el mar y prestar apoyo a la patrulla. 

La preparación del viaje exigió estudiar los posibles lugares de aterrizaje y los puntos de abrigo para el hidroavión a lo largo de la costa africana. La elección de las escalas resultaba fundamental, ya que las condiciones del terreno, la disponibilidad de combustible, el estado del mar y la meteorología podían determinar el éxito o el fracaso de cada etapa. 

El aparato de apoyo era un Dornier Wal W-3, identificado en la documentación aeronáutica como M-MWAC y bautizado con el nombre de María Antonieta. Su tripulación estaba encabezada por el comandante Guillermo Delgado Brackembury, jefe de la misión; el capitán Ramón Franco, piloto; y el capitán Alejandro Más de Gaminde, observador radiotelegrafista. También viajaban los mecánicos Mateo y Penizo y el fotógrafo Leopoldo Alonso. 

La patrulla de aviones terrestres estaba formada por tres Breguet XIV, bautizados como Tenerife, Archipiélago Canario y Gran Canaria. Sus pilotos eran Rafael Martínez Estévez, Joaquín Pardo García y Joaquín Martínez de Pisón, acompañados por sus respectivos observadores y mecánicos. 

 

La meteorología, un desafío para los aviadores 

La expedición estuvo condicionada por las dificultades meteorológicas y técnicas. La niebla, las nubes bajas, el oleaje y las tormentas de arena obligaron a modificar los planes previstos, retrasar algunas etapas y buscar lugares alternativos donde poder aterrizar o amerizar con seguridad. 

Las dificultades evidenciaron hasta qué punto aquellos vuelos dependían de la capacidad de adaptación de las tripulaciones. La navegación aérea sobre territorios africanos y espacios marítimos exigía una planificación minuciosa, conocimientos meteorológicos y una preparación técnica que todavía se encontraba en pleno desarrollo. 

Durante el recorrido, los aviadores realizaron distintas escalas en el norte de África y mantuvieron contactos con las autoridades españolas destinadas en aquellos territorios. En Cabo Juby, el coronel Bens recibió a los integrantes de la expedición. La misión tenía también una dimensión institucional y representativa: pretendía mostrar la capacidad operativa de la aviación militar española en territorios alejados de la Península y demostrar la posibilidad de mantener comunicaciones aéreas entre las distintas posesiones españolas. 

La travesía continuó hacia Canarias. Los tres Breguet llegaron a Gran Canaria y el hidroavión tomó agua en el Puerto de La Luz. La expedición prosiguió después hacia Tenerife, donde el Dornier volvió a amerizar en el puerto, mientras los aviones terrestres tuvieron que afrontar distintos problemas durante sus operaciones. Uno de ellos sufrió un accidente al aterrizar en un campo embarrado y otro había resultado dañado anteriormente. 

Los problemas técnicos condicionaron el regreso de los Breguet, que tuvieron que ser embarcados en un buque para volver a la Península. El Dornier, en cambio, conservó su capacidad de vuelo y pudo continuar el trayecto por sus propios medios. 

 

Arrecife, una escala en los primeros vuelos sobre el Atlántico 

La presencia del hidroavión en Lanzarote constituye uno de los episodios más singulares de aquella aventura. La bahía de Arrecife ofrecía un espacio natural para el amerizaje y representaba un punto de referencia en las comunicaciones marítimas de la época. La llegada de una aeronave de aquellas dimensiones debió de despertar la curiosidad de los vecinos que se acercaron al litoral para contemplarla. 

La escala lanzaroteña también permite comprender las posibilidades que ofrecían los hidroaviones para conectar territorios insulares y continentales sin necesidad de disponer de pistas de aterrizaje. El mar se convertía en una superficie de operaciones y las bahías protegidas adquirían una importancia estratégica para el desarrollo de las primeras rutas aéreas. 

El recorrido entre Canarias y la costa africana puso de manifiesto las posibilidades de aquellos aparatos para cubrir grandes distancias sobre el océano. La navegación exigía una preparación específica, una adecuada coordinación entre las tripulaciones y una gran capacidad para afrontar las incidencias que podían surgir durante el trayecto. 

 

El Dornier Wal, un avión diseñado para conquistar el mar 

El protagonista técnico de aquella aventura pertenecía a una familia de hidroaviones que desempeñó un papel importante en el desarrollo de la aviación durante el periodo de entreguerras. El Dornier Wal, diseñado por la compañía alemana Dornier, destacaba por su construcción metálica y su capacidad para operar desde el agua. Su configuración bimotora y su casco central le permitían realizar travesías marítimas y amerizar en lugares donde no existían pistas de aterrizaje.

La Aviación Militar española había incorporado varios ejemplares de este modelo. Algunos aparatos llegaron equipados con motores Hispano-Suiza, mientras que otros recibieron posteriormente motores Rolls-Royce Eagle. Su autonomía, capacidad de carga y posibilidades de operación marítima lo convirtieron en un instrumento adecuado para misiones de reconocimiento, transporte y apoyo a viajes de largo recorrido. 

La experiencia acumulada durante aquella operación resultaría especialmente valiosa para Ramón Franco, que posteriormente encabezaría la expedición del Plus Ultra, el hidroavión que protagonizó el célebre vuelo entre Palos de la Frontera y Buenos Aires, considerado una de las grandes gestas de la aviación española. La travesía anterior había permitido poner a prueba las posibilidades de los grandes recorridos sobre el mar y la capacidad de los aviadores para afrontar largas distancias. 

La misión demostró que el enlace aéreo entre el norte de África y Canarias era técnicamente posible, aunque todavía dependía de una compleja planificación y de unas condiciones meteorológicas favorables. El Dornier fue el único aparato que pudo completar el regreso volando, mientras que los Breguet tuvieron que volver por vía marítima después de los incidentes sufridos. 

Para Lanzarote, aquel episodio forma parte de una historia aeronáutica anterior a la construcción del aeródromo de Guacimeta. La isla ya había recibido otros hidroaviones, entre ellos el que llegó en 1920 y el Fairey Lusitania, pilotado por los aviadores portugueses Gago Coutinho y Sacadura Cabral. Aquellas visitas muestran que la bahía de Arrecife fue utilizada como punto de escala mucho antes de que existiera una infraestructura aeroportuaria en tierra. 

La posterior evolución de la aviación en Lanzarote conduciría a la creación del campo de aterrizaje de Guacimeta y al desarrollo del actual aeropuerto. Pero antes de las pistas, las terminales y los vuelos comerciales, fueron las aguas de la bahía las que recibieron a algunos de los primeros protagonistas de la aviación moderna. 

El amerizaje del Dornier Wal permanece como un episodio destacado de aquella etapa pionera, cuando el mar era todavía una pista de aterrizaje y cada llegada de un avión convertía el litoral lanzaroteño en un escenario de expectación. 

FUENTES DOCUMENTALES 

• Montelongo Fránquiz, Antonio J. y Falero Lemes, Marcial A. El Puerto del Arrecife. Cabildo de Lanzarote y Ayuntamiento de Arrecife. 

• ABC. Crónica del raid aéreo y del recorrido entre Arrecife y Casablanca. 

• Revista de Aeronáutica y Astronáutica. Estudio sobre los grandes vuelos conservados en el Museo del Aire. • Revista Aeroplano. Estudio sobre los vuelos históricos del Dornier Wal en España. 

• Ejército del Aire y del Espacio. Reseña histórica de la Base Aérea de Lanzarote. 

• Memoria de Lanzarote. Cronología histórica de la aeronáutica insular.

 

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