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Efemérides

Haría, el valle que sobrevivió al volcán y llegó a tener diez mil palmeras

Aquel valle que consiguió mantener su actividad agrícola en medio de la crisis provocada por las erupciones acabaría convirtiéndose, con el paso de las generaciones, en uno de los paisajes más singulares de la isla: el Valle de las diez mil palmeras

Palmerales de Haría este invierno. Foto: Andrea Domínguez.
Palmerales de Haría este invierno. Foto: Andrea Domínguez.

El 8 de octubre de 1731, cuando Lanzarote llevaba más de un año viviendo bajo la amenaza y las consecuencias de las erupciones de Timanfaya, el Cabildo Catedral de Canarias examinó una noticia que hoy permite contemplar aquel periodo desde una perspectiva diferente. Mientras buena parte de la isla sufría la destrucción de tierras, viviendas y medios de subsistencia, en Haría aumentaban los vecinos y, con ellos, las tierras sembradas. La cilla de los diezmos se había quedado pequeña y fue necesario plantear la construcción de una nueva, pensando incluso en las necesidades que pudiera generar el crecimiento futuro del municipio. 

La noticia parece sencilla, pero encierra una enorme fuerza histórica: mientras el volcán estaba cambiando Lanzarote, Haría consolidaba su capacidad para mantener la actividad agrícola y afrontar aquella transformación. La catástrofe no se vivió de la misma manera en toda la isla. Hubo lugares arrasados, familias obligadas a abandonar sus tierras y comunidades que tuvieron que reorganizar su vida, pero también espacios que conservaron su capacidad productiva y recibieron el impulso de una población que seguía creciendo. 

Y es ahí donde aparece la conexión con un paisaje que, aunque todavía no podía llamarse entonces Valle de las Diez Mil Palmeras, acabaría convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de Haría. 

El documento de 1731 no habla de palmeras, y conviene dejarlo claro. Habla de población, de sementeras, de producción agrícola y de una cilla que había quedado insuficiente. Pero aquella actividad permite entender las condiciones que, durante las décadas y los siglos posteriores, favorecerían la consolidación de un paisaje marcado por el agua, los cultivos, los árboles frutales y las palmeras. 

Para entender el palmeral hay que empezar por el agua. En una isla marcada por la escasez, Haría disponía de unas condiciones excepcionales que permitieron desarrollar una agricultura más diversa y mantener un paisaje mucho más verde que el de buena parte de Lanzarote. Un informe de 1776 ya mencionaba sus pozos y los cultivos de hortalizas, higueras, palmas y otros frutales, mientras que las descripciones posteriores insistieron en la abundancia de aguas y manantiales del valle.

El paisaje no era, por tanto, casual. Las palmeras convivían con las huertas, los frutales, las viviendas y los terrenos agrícolas, formando un sistema en el que cada elemento estaba relacionado con los demás. El agua permitía cultivar, la agricultura contribuía a mantener poblado el valle y la palmera encontraba unas condiciones favorables para crecer. El palmeral de Haría no puede entenderse únicamente como una concentración de árboles, sino como el resultado de una relación secular entre el territorio y sus habitantes. 

Aquella imagen llamó también la atención de quienes llegaron desde fuera. A comienzos del siglo XIX, el naturalista alemán Leopold von Buch describió Haría y Máguez como un espacio de abundante vegetación, con un auténtico lujo de palmeras e higueras. Décadas después, Sabino Berthelot volvió a destacar el contraste entre la aridez de Lanzarote y las casas blancas rodeadas de palmeras que encontraba en el norte de la isla. Haría aparecía ante aquellos viajeros como una especie de oasis dentro de un territorio dominado por la escasez. 

Con el paso del tiempo, las palmeras dejaron de ser únicamente parte del paisaje para convertirse también en un recurso. Sus hojas y fibras se aprovechaban para fabricar escobas, esteras, cestas y diferentes utensilios vinculados a la vida cotidiana. Pascual Madoz recogió a mediados del siglo XIX la existencia en Haría de una industria dedicada a la fabricación de esteras y escobas de palma. La palmera formaba parte de la economía doméstica y artesanal, de modo que conservar aquellos árboles tenía una razón que iba mucho más allá de la estética. 

La importancia económica llegó incluso a tener reconocimiento oficial. Entre 1930 y 1950, los propietarios de tierras de Haría podían solicitar al Estado una subvención de dos pesetas por cada palmera canaria cultivada. El dato resulta revelador: aquellos árboles tenían un valor económico reconocido y su conservación podía formar parte de la propia explotación agrícola. Plantar una palmera no era únicamente una apuesta por el paisaje, sino también una inversión a largo plazo, porque podía proporcionar materia prima durante generaciones. 

Pero el palmeral también conoció muy pronto su propia decadencia. A mediados del siglo XIX, Madoz dejó constancia de que antiguamente habían existido en el valle muchas palmeras de grandes dimensiones y advertía de que en su época casi habían desaparecido. El ganado y la acción humana figuraban entre las causas de aquella pérdida. La preocupación por la conservación, por tanto, no nació en las últimas décadas: forma parte de una historia mucho más larga. 

Durante generaciones, Haría fue conocida como el Valle de las diez mil palmeras, una denominación que expresaba mucho más que una cifra. No existe documentación que permita demostrar que en algún momento hubiera exactamente diez mil ejemplares, por lo que la cifra debe entenderse también como parte de la memoria del paisaje, una manera de expresar la extraordinaria abundancia de palmeras que llegó a caracterizar al valle.

Los recuentos posteriores permiten comprender que tampoco se trataba de una exageración sin fundamento. En la década de 1970 se manejaban estimaciones próximas a las 7.000 palmeras en el valle y sus alrededores, mientras que en 2026 Hermelindo Navarro Cardero recordó haber participado, junto a otros jóvenes, en un recuento que alcanzó los 9.864 ejemplares. No se trata de un inventario científico ni permite fijar una cifra histórica definitiva, pero sí constituye un testimonio de la dimensión que llegó a alcanzar aquel palmeral y de la huella que dejó en la memoria de quienes lo recorrieron. 

Hoy las cifras son diferentes. Los estudios recientes sitúan en torno a 2.400 o 2.500 las palmeras existentes en el núcleo de Haría, aunque las comparaciones deben hacerse con cautela porque no todos los recuentos utilizan los mismos límites territoriales. La diferencia no es únicamente numérica. También preocupa la edad de los ejemplares y, sobre todo, la capacidad de regeneración del palmeral: un estudio técnico situó la altura media en 7,8 metros y alertó de la dificultad para garantizar que las nuevas generaciones sustituyan a las que desaparecen. 

A los problemas derivados del abandono agrícola, el estrés hídrico y la pérdida de los aprovechamientos tradicionales se han sumado las amenazas fitosanitarias. Entre ellas destaca el Diocalandra frumenti, conocido popularmente como picudín, que ha obligado a desarrollar programas específicos de vigilancia, tratamiento y control. En 2024, el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Lanzarote habían censado 75.000 palmeras en toda la isla y aplicado tratamientos a más de 2.000 ejemplares. Haría volvió a situarse dentro de las zonas donde era necesario actuar para proteger un patrimonio vegetal que ya arrastraba décadas de retroceso. 

Pero la historia del Valle de las Diez Mil Palmeras también está hecha de intentos de recuperación. En 1988, la Asociación Cultural La Tegala de Haría recuperó la Fiesta de la Bajada de la Palmera y, al día siguiente, se plantaron cuarenta ejemplares con la intención de contribuir a la repoblación del valle. La iniciativa resulta especialmente significativa porque demuestra que, cuando todavía quedaban muchas más palmeras que en la actualidad, los propios vecinos ya percibían que aquel paisaje necesitaba protección y recuperación. 

Por eso, el 8 de octubre de 1731 ofrece hoy una oportunidad para mirar Haría desde otra perspectiva. Aquel día, mientras Timanfaya continuaba transformando Lanzarote, la documentación registraba que en este valle aumentaban los vecinos, crecían las sementeras y la infraestructura destinada a recoger los diezmos ya no era suficiente. Tres siglos después, aquel territorio agrícola se ha convertido en la base histórica de un paisaje cuya identidad quedó ligada a las palmeras. 

El volcán cambió la isla, y Haría cambió con ella, pero aquel valle siguió cultivando, creciendo y construyendo lentamente un paisaje que acabaría identificándolo ante propios y visitantes.

Quizá por eso las diez mil palmeras sean algo más que una cifra que no puede verificarse con exactitud. Son la memoria de una abundancia, de una relación con el agua y de una forma de vida que convirtió a Haría en una excepción dentro de una isla marcada por la aridez. 

El Valle de las diez mil palmeras quizá nunca tuvo exactamente diez mil. Pero durante siglos tuvo las suficientes para convertirse en la memoria verde de una Lanzarote que el volcán no consiguió borrar. 

 

Fuentes:

• Cabildo Catedral de Canarias. Acta de 8 de octubre de 1731, reproducida en Documentos inéditos de la Historia de Lanzarote. 

• José de León Hernández y Pedro C. Quintana Andrés, Desplazamientos poblacionales y reestructuración del hábitat en Lanzarote entre 1730-1736. 

• Pedro C. Quintana Andrés, Las catástrofes volcánicas y la transformación del paisaje agrario en Canarias durante la Edad Moderna: Lanzarote 1730-1750. 

• Gobierno de Canarias, Haría, cuna de la artesanía de Lanzarote. 

• Gobierno de Canarias, Haría. Síntesis geográfica, histórica y artística. 

• Pascual Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. • Gregorio Barreto Viñoly, Las palmeras del Valle de Haría, La Hoja del Municipio de Haría. • Ayuntamiento de Haría. 

• Gobierno de Canarias y Cabildo de Lanzarote, documentación e inventarios sobre las palmeras de la isla. 

• Servicio de Biodiversidad, Inventario de Palmeras. 

• La Voz de Lanzarote, información sobre el pregón de las fiestas de San Juan de Haría de 2026.

 

 

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