Una esclava, un cautivo y la Virgen de Los Remedios

La historia que esconde el 8 de septiembre

Procesión en honor a la Virgen de Los Remedios. Foto: La Voz

El 8 de septiembre de 1645, una mujer llamada Catalina de Jesús dejó de ser esclava. 

No sabemos cómo fueron los días que siguieron. Los documentos no cuentan dónde vivió, cómo fue su matrimonio ni qué ocurrió con ella después. Pero sí sabemos que aquel día alguien escribió su nombre y dejó constancia de que comenzaba una vida diferente. 

Catalina recibió su libertad y, con ella, una casa, una era, una camella y cinco fanegas de tierra para sembrar. El documento notarial conservado en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas identifica incluso al escribano, el protocolo y los folios en los que quedó registrada aquella carta de libertad. 

Casi nueve décadas después, otro habitante de Lanzarote viviría una historia de cautiverio y libertad. Domingo de León Cabrera fue capturado en abril de 1729 y llevado a Argel. Su mujer llegó a vender un caballo para reunir el dinero de su rescate. 

Domingo regresó. 

Y aquellos cuarenta duros que habían sido reunidos para comprar su libertad terminaron teniendo otro destino: se utilizaron, según la tradición histórica conservada por la parroquia y documentada por Agustín de la Hoz, para adquirir una nueva imagen de Nuestra Señora de los Remedios. 

Entre ambas historias transcurrieron 84 años. 

Una mujer esclavizada. 

Un hombre cautivo. 

Dos historias de libertad. 

Y una Virgen. 

No existe un documento que diga que las historias de Catalina de Jesús y Domingo de León Cabrera estuvieran relacionadas. Sería incorrecto afirmarlo. 

Pero existe un hilo que las conecta y que permite descubrir una parte de la historia de Lanzarote que rara vez aparece cuando llega el 8 de septiembre: el cautiverio y la libertad de quienes vivieron en la isla durante aquellos siglos. 

Porque antes de que la Virgen de los Remedios se convirtiera en protagonista de las fiestas de Yaiza, Lanzarote ya conocía demasiado bien lo que significaba perder la libertad. 

Y también lo que significaba recuperarla. 

 

Catalina de Jesús: un nombre entre cientos de documentos 

Durante los siglos XVI y XVII, la esclavitud formó parte de la realidad social y económica de Canarias. Lanzarote tampoco fue ajena a aquella realidad. 

Los protocolos notariales conservan compraventas, testamentos, operaciones patrimoniales y cartas mediante las cuales algunas personas esclavizadas consiguieron recuperar su libertad. 

La investigación de Fernando Bruquetas de Castro sobre la esclavitud en Lanzarote entre 1618 y 1650 permitió estudiar esta realidad a través de una amplia documentación notarial. Su trabajo recoge, entre otros datos, 299 operaciones de venta y 42 cartas de libertad. 

Detrás de aquellas cifras había personas. 

Hombres, mujeres y niños que podían terminar trabajando en las labores agrícolas y ganaderas, en las casas o en diferentes oficios. Personas cuyo valor podía aparecer reflejado en documentos notariales. 

Catalina permite poner un nombre y un rostro a aquella realidad. 

El 8 de septiembre de 1645, María Felipe, viuda de Alonso de León, le concedió la libertad. La escritura señala que Catalina había nacido y se había criado en su casa. 

Y aquel cambio de condición jurídica estuvo acompañado de algo más: tierra, vivienda y bienes con los que iniciar una nueva etapa. 

El documento precisa incluso la referencia archivística: Archivo Histórico Provincial de Las Palmas, escribano Luis Rodríguez Fleitas, protocolo 2.744, folios 114 vuelto a 116 vuelto, fechado el 8 de septiembre de 1645. 

No sabemos qué sucedió después. 

Y quizá sea importante no inventar lo que los documentos no cuentan. Pero sabemos que Catalina existió. 

Y sabemos que aquel día quedó registrada su libertad. 

 

Una isla que conocía también el cautiverio 

La historia resulta todavía más compleja cuando se observa el contexto de aquellos siglos. 

La documentación estudiada sobre la esclavitud en Lanzarote recoge personas procedentes de distintos lugares de Canarias y de otros territorios, entre ellos Madeira, Brasil y Portugal. Al mismo tiempo, los ataques corsarios norteafricanos provocaban que habitantes de la isla fueran capturados y llevados al norte de África. 

La paradoja es difícil de ignorar. 

Una sociedad que participaba en el sistema esclavista también conocía el sufrimiento del cautiverio. 

Y las familias podían verse obligadas a reunir recursos para intentar recuperar a sus propios parientes. 

Es precisamente en ese escenario donde aparece Domingo de León Cabrera. 

 

Domingo de León Cabrera y los cuarenta duros 

En abril de 1729, Domingo de León Cabrera fue cautivado.

La prueba documental de su captura aparece en un informe enviado por el sacerdote Andrés Lorenzo Curbelo al obispo Bernuy el 13 de mayo de 1729. En él se hace constar que Domingo había sido cautivado el mes anterior. 

La tradición histórica de Yaiza sitúa la captura en la Bocaina, el paso marítimo entre Lanzarote y Fuerteventura. 

Domingo fue llevado a Argel y, según la tradición conservada por la parroquia y las fuentes históricas locales, permaneció allí aproximadamente diez años. 

Mientras tanto, en Lanzarote, su mujer intentó conseguir dinero para rescatarlo. Vendió un caballo por cuarenta duros. 

Aquí es importante hacer una precisión: la captura de Domingo está respaldada por el documento de 1729; la historia de los cuarenta duros y su posterior destino procede de la tradición documental e histórica recogida por Agustín de la Hoz y reproducida por la parroquia de Yaiza. 

Finalmente, Domingo regresó a Lanzarote sin que aquel dinero tuviera que emplearse para su rescate. La tradición atribuye su liberación a los Padres de la Merced, vinculados históricamente a la redención de cautivos. 

Y entonces aquellos cuarenta duros adquirieron un nuevo significado. 

 

El dinero de un rescate terminó convertido en una Virgen 

Según la tradición histórica conservada por la parroquia, Domingo de León Cabrera destinó los cuarenta duros a adquirir una nueva imagen de Nuestra Señora de los Remedios. 

La actual escultura sustituyó en 1739 al antiguo cuadro que había sido la primera imagen titular del templo. 

La secuencia cronológica resulta especialmente significativa. 

Domingo fue cautivado en abril de 1729. 

La tradición sitúa su cautiverio en aproximadamente diez años. 

Y en 1739 aparece la nueva escultura, sustituyendo al antiguo cuadro. 

El dinero que había sido reunido para recuperar la libertad de un hombre terminó, según esta tradición histórica, convertido en una imagen religiosa que acabaría formando parte de la identidad de Yaiza. 

 

Pero la Virgen todavía tenía que enfrentarse al volcán 

La historia de Nuestra Señora de los Remedios no termina con la llegada de la escultura. 

Entre 1730 y 1736, las erupciones volcánicas transformaron Lanzarote y condicionaron la vida cotidiana de Yaiza. El templo, cuya construcción culminó en el siglo XVIII, resistió las convulsiones asociadas a aquel periodo. 

En mayo de 1731, las lavas amenazaron el entorno del pueblo.

Según el relato transmitido por las fuentes, el antiguo cuadro de la Virgen permaneció en la iglesia mientras se preparaba el traslado de objetos de valor. 

El 12 de mayo de 1731, mientras se celebraba misa, ocurrió lo que los vecinos interpretaron como un prodigio: el avance del fuego se detuvo y los volcanes se apagaron. La parroquia conserva la tradición del llamado «Milagro de la Virgen de los Remedios». 

Pero aquí también es necesaria una precisión histórica. 

El llamado «Milagro de Yaiza» pertenece a la tradición religiosa y a la memoria histórica de la localidad. No debe presentarse como una explicación científica de la detención de las lavas. 

Y existe una paradoja todavía más curiosa: la imagen actual de la Virgen todavía no estaba allí. 

Cuando las lavas amenazaron Yaiza, la imagen que permanecía en el templo era el antiguo cuadro. 

La escultura que hoy conocemos llegaría aproximadamente ocho años después, hacia 1739, vinculada al dinero de Domingo de León Cabrera. 

 

Dos historias que el calendario vuelve a poner frente a frente 

Catalina de Jesús y Domingo de León Cabrera nunca aparecen juntos en los documentos. 

No sabemos que sus vidas tuvieran ninguna conexión. 

Pero sus historias permiten mirar de otra manera el 8 de septiembre. 

En 1645, una mujer esclavizada recuperó su libertad y recibió los medios para comenzar una nueva vida. 

Décadas después, un hombre que había sido llevado cautivo a Argel regresó a Lanzarote y, según la tradición histórica conservada por la parroquia, convirtió el dinero reunido para su rescate en una imagen que acabaría formando parte de la identidad religiosa de Yaiza. 

Ella recibió tierra. 

Él dejó una imagen. 

Ella comenzaba una vida nueva. 

Él transformaba el recuerdo de su cautiverio en algo destinado a permanecer. 

Y entre ambas historias, Lanzarote vivió además uno de los episodios más dramáticos de su historia: las erupciones que cambiaron para siempre el paisaje de la isla. 

 

Cuando la Virgen vuelva a salir este 8 de septiembre 

Cada 8 de septiembre, Nuestra Señora de los Remedios vuelve a recorrer las calles de Yaiza. Es el día grande de la localidad. 

La procesión pertenece al presente, pero detrás de ella se acumulan casi cuatro siglos de memoria.

Quizá este año merezca la pena mirar esa imagen de otra manera. Porque detrás de ella hay un antiguo cuadro. 

Hay un templo que sobrevivió a las erupciones. 

Hay un sacerdote que dejó testimonio de aquellos acontecimientos. Hay un hombre llamado Domingo de León Cabrera que conoció el cautiverio en Argel. 

Hay una mujer que, según la tradición histórica recogida por las fuentes locales, vendió un caballo intentando conseguir su rescate. 

Hay cuarenta duros que finalmente no fueron necesarios para comprar su libertad y que terminaron destinados a una Virgen. 

Y, antes de todo eso, hay otra historia que comenzó exactamente un 8 de septiembre. La de una mujer llamada Catalina de Jesús. 

Una mujer esclavizada cuyo nombre quedó escrito en un documento notarial. Una mujer que aquel día recuperó su libertad. 

Y que recibió una casa, una era, una camella y cinco fanegas de tierra para empezar de nuevo. 

Quizá ese sea el verdadero nexo entre estas dos efemérides. 

No una relación directa que los documentos no permiten afirmar. 

Sino una misma Lanzarote marcada por el cautiverio, la libertad, la esperanza y la memoria. 

Porque a veces una fecha no guarda una sola historia. 

Guarda muchas. 

Y el 8 de septiembre, en Lanzarote, guarda al menos dos que merecía la pena volver a contar. 

FUENTES 

• Archivo Histórico Provincial de Las Palmas. Protocolo notarial n.º 2.744, escribano Luis Rodríguez Fleitas, folios 114 vuelto a 116 vuelto. Carta de libertad de Catalina de Jesús, 8 de septiembre de 1645. 

• Fernando Bruquetas de Castro. La esclavitud en Lanzarote, 1618-1650. Investigación sobre la documentación notarial de la esclavitud en la isla. 

• Andrés Lorenzo Curbelo. Informe dirigido al obispo Bernuy, fechado el 13 de mayo de 1729, sobre la captura de Domingo de León Cabrera en abril de ese año, según la documentación reproducida por la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de Yaiza. 

• Agustín de la Hoz. Lanzarote, p. 215. Referencia histórica sobre Domingo de León Cabrera, su cautiverio en Argel, los cuarenta duros y la adquisición de la imagen de Nuestra Señora de los Remedios, reproducida por la parroquia de Yaiza. 

• Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de Yaiza. Documentación histórica sobre la escultura de 1739 y el denominado «Milagro de Yaiza». 

• Ayuntamiento de Yaiza / recopilaciones históricas locales. Información sobre el templo, las erupciones de 1730-1736 y las fiestas de Nuestra Señora de los Remedios. 

PRECISIÓN HISTÓRICA 

La libertad de Catalina de Jesús está respaldada por una escritura notarial concreta conservada en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas. En el caso de Domingo de León Cabrera, su cautiverio y captura en 1729 están documentados; otros detalles posteriores, como los cuarenta duros, la atribución de su liberación a los Padres de la

Merced y el destino de ese dinero para adquirir la escultura, proceden de la tradición histórica recogida por Agustín de la Hoz y por fuentes parroquiales y locales. Del mismo modo, el llamado «Milagro de Yaiza» debe presentarse como una tradición religiosa e histórica basada en testimonios y memoria local, no como una explicación científica de la detención de las lavas. El vínculo entre Catalina de Jesús y Domingo de León Cabrera es interpretativo y temático —cautiverio, libertad, esperanza y memoria—, no una relación personal o documental demostrada.

 

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