La crisis de vivienda que actualmente vive España golpea especialmente a las personas jóvenes. La emancipación juvenil está en el momento más bajo de la historia, lastrada por el aumento de los precios de la vivienda y la precariedad laboral. Mientras los precios de los alquileres han crecido un 77% en diez años, la renta de los hogares solo lo ha hecho un 33%.
El precio de la vivienda ha registrado nuevos máximos históricos en Canarias, una de las comunidades autónomas más caras de España, donde el metro cuadrado asciende ya a los 3.281 euros. En varios municipios turísticos de Lanzarote se supera además la media regional: Tías (3.873 euros) y Yaiza (3.737 euros).
La situación actual hace que comprar una vivienda no sea una opción para la mayor parte de las personas jóvenes de España. Actualmente, "la juventud es una generación inquilina", advierte el informe Equilibristas 2.0, elaborado por el Consejo de la Juventud de España, "que la crisis de vivienda sea sobre todo una crisis de alquiler, hace que la juventud hoy tenga peores condiciones para emanciparse" que la que tuvieron sus padres.
Hasta el año 2006, solo un 14% de la población nacida en España vivía de alquiler, pero esa cifra creció hasta el 41% en 2024. El dato es mayor entre los extranjeros, ya que cerca del 80% de las personas jóvenes vive con contrato de arrendamiento.
El pago del alquiler: un factor de empobrecimiento
Siempre según la misma fuente, los costes de la vivienda generan una situación de vulnerabilidad económica de los inquilinos tras el pago del alquiler. Por sus elevados costes, el arrendamiento ha pasado a convertirse en un factor de empobrecimiento, aumentando significativamente el riesgo de pobreza tras hacer el pago mensual.
Frente a ello, casi la mitad de los jóvenes que ha accedido a una vivienda en propiedad ha necesitado apoyo económico de familiares o allegados para poder hacerle frente. "El acceso a la propiedad no depende exclusivamente de las trayectorias laborales individuales, sino también de los recursos económicos familiares", indica el estudio, incluso de "la posición socioeconómica de origen".
De este modo, la investigación añade que costear los pagos hipotecarios generan un riesgo de pobreza "mucho más moderado" que el de hacer frente al alquiler. Así, el alquiler no solo conlleva un mayor esfuerzo económico, sino que tiene "un impacto más intenso" en la vulnerabilidad social.
Un problema arrastrado desde la burbuja inmobiliaria y agravado en la actualidad
El informe expone que la crisis del año 2008 producida por la burbuja inmobiliaria generó un retroceso en los salarios y un leve descenso del precio del alquiler y de los tipos de interés en las hipotecas. Sin embargo, el debilitamiento de los sueldos generó un retraso en la emancipación. Luego, a partir del año 2015 comenzó una escalada de los precios, agravando la brecha entre ingresos y costes del alquiler.
A partir de 2017, el precio del alquiler superó el salario de las personas jóvenes. Tras un breve retroceso por la pandemia se registró un repunte y en 2025 se alcanzaron los máximos historios en el país.
Las dificultades para acceder a una vivienda digna se convierten en un problema de salud mental, afectando a la estabilidad, autonomía y seguridad vital de las personas jóvenes.
Tradicionalmente, las personas jóvenes se casaban y adquirían una vivienda en propiedad, pero los roles han cambiado y los nuevos modelos familiares también han favorecido formas de emancipación como vivir en solitario o con personas ajenas a la familia.
Con la reforma laboral, la elevada tasa de contratos temporales entre los jóvenes se reconfigura, superando el millón y medio de contratos indefinidos, mientras que los contratos fijos discontinuos se colocaron sobre los 400.000.
