Entre muñecos a medio hacer, escobas de bruja hechas a mano y esqueletos, Antonio Jesús Gallego y Mari Nieves Cabrera preparan a contrarreloj la cita anual de Halloween en su casa, la conocida como Casita de Chocolate, en Tahíche. Cada año, este matrimonio transforma su vivienda en un túnel del terror para que los más pequeños y sus familias vivan una noche aterradora llena de sustos y golosinas.
Este matrimonio lleva más de veinte años celebrando Halloween, aunque en sus comienzos la dimensión de la decoración no se acercaba a lo que es actualmente. "Al principio empezamos los dos solos en la entrada de la casa, él se ponía a asustar a nuestra hija y sus amigas y yo daba golosinas", cuenta Mari Nieves Cabrera. "Cada vez fue a más poco a poco y como nos pareció pequeño, lo pusimos en otro lado de la casa y ahí empezamos a montarlo cada vez más grande", añade Antonio Jesús Gallego.
Con el paso del tiempo, el resto de la familia se ha ido implicando en la decoración anual de la casa. "La gente que venía como mi sobrina Vanesa y Alexis, que son los que más nos ayudan, nos decían que también querían participar y se reían un rato porque cada vez hacíamos más cosas en la entrada, así que decidimos pasarlo para la zona donde lo hacemos ahora", indica Cabrera.
Tal fue el crecimiento año a año y la cantidad de gente que acudía que decidieron hacer el túnel del terror, cuya temática y forma cambian cada año. De este modo, los visitantes entran por una zona y salen por otra distinta en una visita que comienza por la tarde y termina a las diez de la noche.
Hasta 500 euros cada año para decorar la casa
El trabajo para decorar la casa y que no falte detalle comienza normalmente una semana antes, pero depende de las condiciones climatológicas, sobre todo del viento. Mari Nieves y Antonio Jesús reconocen que se implican por pura pasión y entretenimiento. "Lo hacemos porque nos gusta y para que los niños se diviertan", señalan. Tanto es así que no cobran absolutamente nada por acceder a su casa.
"Todos los años compramos cosas nuevas y nos gastamos entre 400 y 500 euros", desvelan. Sin embargo, también reciclan decoración de años anteriores y elaboran nuevas, ya que una gran parte de esta decoración está hecha a mano con imaginación, paciencia y mucho jeito.
Además de la decoración, también elaboran la estructura del túnel del terror. "Hacemos toda la instalación porque no es una casa que tú la decoras, sino que tienes que hacerla y, a partir de la casa, ya la decoras", detalla Gallego.
Este año, la temática de la Casita de Chocolate es una casa, aunque otros años ha sido una cueva o un castillo. "Vamos cambiando la fachada", apuntan.
A pesar de que comienzan a montar el túnel del terror una semana antes, confiesan que alrededor de quince o veinte días antes ya empiezan a hacer y poner algunas cosas. "Vamos pensando en algunas cositas y vamos haciendo", puntualiza.
Además, uno de los pilares fundamentales para que la noche en la Casita de Chocolate sea lo más terrorífica posible es la familia que participa disfrazándose y asustando a los visitantes. "Vamos cambiando todos los años, mi hijo Echedey y su novia participan. Mi hija no participa porque no le gusta pero nos ayuda con la música y está pendiente del perro", comentan.

Muñecos que cobran vida gracias a materiales reciclados
Muchos de los muñecos escalofriantes que decoran la casa la noche del 31 de octubre están hechos a mano y, además, elaborados con materiales reciclados para poder darles vida. Ni tutoriales de YouTube ni indicaciones de ningún tipo, las principales herramientas de Antonio Jesús y Mari Nieves es la imaginación y la creatividad.
Uno de los muñecos, cuenta Antonio Jesús, tiene un motor de un microondas para conseguir que dé vueltas. Estos materiales reciclados se usan en otras decoraciones como la cama de la niña de El Exorcista, que tiene una cuna oculta a la vista para poder darle vida a este personaje diabólico.
Otra de las creaciones de esta familia es una motosierra elaborada con la carcasa de una sopladora, el arma perfecta para aterrorizar a quien se atreva a entrar en la Casita de Chocolate.
A todas estas decoraciones se unen la máquina de humo, las cruces, las lápidas y, sobre todo, la música tétrica, algo que juega un papel vital a la hora de crear una atmósfera de terror.
El recorrido por el túnel del terror
En mitad del proceso de creación, Mari Nieves y Antonio Jesús muestran cómo van construyendo el túnel del terror que se convertirá en una experiencia. En mitad de palets y lonas, explican que vallan todo el perímetro para que los más pequeños y sus familias sepan por dónde caminar durante el recorrido y evitar caídas. "Vallamos todo el jardín, el cual decoramos entero", apunta.
Cuando el recorrido finaliza, los visitantes salen por la entrada principal de la vivienda, donde reciben golosinas de la mano de dos personas de la familia. Según desvelan, cada año acuden cientos de personas a esta cita, unas 400 aproximadamente. "Cada año va a más y, de hecho, hace dos años la Policía Local comenzó a cerrar la carretera para que no haya problemas porque se junta mucha gente", declaran.
Al entrar a la casa, cuentan que muchos de los niños pequeños "se asustan, lloran y algunos ni entran". Sin embargo, asegura que "les encanta". "Días antes me ven por la calle y me preguntan si este año hay Halloween", cuenta. Mari Nieves recuerda que en una ocasión, se encontró frente a su casa una caja de bombones junto a unos dibujos y una nota escrita agradeciendo su labor.
Este año, después de que la gente abandone el túnel del terror a eso de las diez de la noche, la familia ha decidido seguir la fiesta. Eso sí, ellos solos. "No solemos hacerlo porque terminamos muy cansados y vamos desmontando las cosas por el viento o por lo que sea, pero este año decidimos hacer una fiesta porque solo pensar en tener que desmontar todo esa noche después de haber trabajado tanto...", reconoce.
De hecho, Antonio explica que los años anteriores, a la mañana siguiente ya tenía toda la decoración desmontada. Y es que a la decoración se suman las hojas secas que esparcen por el suelo, por lo que también tienen que limpiar al terminar la noche. "Otro problema es guardar las cosas porque son maniquíes y muñecos gigantes", dice. A esta decoración de Halloween se suma la de Navidad, ya que esta familia también participa en el concurso de belenes del Ayuntamiento de Teguise y en el que ha conseguido quedar entre los mejores.
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