Antes del BUP y del COU, el instituto que cambió la educación de Lanzarote

Hubo un tiempo en que estudiar después de la escuela podía cambiar por completo el rumbo de un joven lanzaroteño

Escultura de Blas Cabrera Felipe en el instituto situado en Arrecife que lleva su nombre

El 9 de octubre de 1959, a las ocho de la mañana, la iglesia de San Ginés acogió la misa con la que se inició oficialmente el curso 1959-1960 del Instituto Nacional de Enseñanza Media de Arrecife. Mientras comenzaba aquel nuevo curso, Lanzarote se encontraba ante una realidad que pronto sería imposible ignorar: cada vez más jóvenes querían continuar estudiando y el único centro de enseñanza secundaria de la isla empezaba a quedarse pequeño. Aquella apertura de curso, aparentemente rutinaria, permite asomarse a una época en la que continuar el Bachillerato podía convertirse en el primer paso hacia una vida diferente.

La historia había comenzado mucho antes. En 1928 se había creado el Instituto Local de Segunda Enseñanza de Arrecife, que inició su trayectoria en las proximidades del Charco de San Ginés. Su primer director fue Agustín Espinosa García, cuyo nombre terminaría ligado décadas después al segundo instituto de la capital. El centro cambiaría de denominación y de ubicación a lo largo de su historia, pero mantendría durante medio siglo una característica esencial: fue el único instituto de enseñanza secundaria de Lanzarote.

En 1947-1948 se trasladó al edificio de la calle Coronel Bens, construido por el Cabildo. Allí se encontraba en 1959, cuando recibió a una nueva generación de alumnos. Para muchos jóvenes de otros municipios, llegar hasta aquellas aulas significaba desplazarse hasta Arrecife para poder cursar el Bachillerato, en una época en la que continuar los estudios después de la enseñanza primaria todavía estaba condicionado por la distancia, la economía familiar y las necesidades de cada casa.

Aquellos desplazamientos formaban parte de una realidad que hoy resulta difícil imaginar. Para algunas familias, mantener a un hijo estudiando significaba asumir gastos y organizar desplazamientos, mientras que para determinados jóvenes suponía retrasar su incorporación al trabajo. En una isla donde la agricultura, la pesca y el pequeño comercio seguían ocupando buena parte de la actividad económica, el Bachillerato representaba una oportunidad que todavía no estaba al alcance de todos.

El instituto empezó a convertirse así en algo más que un centro educativo. En sus aulas, un joven podía descubrir que después del Bachillerato existían otros estudios, una profesión y la posibilidad de no repetir necesariamente el mismo camino laboral de su familia. La educación comenzaba a modificar las expectativas y, al mismo tiempo, generaba una demanda que las instalaciones existentes tendrían cada vez más dificultades para absorber.

La evidencia apareció muy pronto. En julio de 1960, el semanario Antena denunció la grave situación que atravesaba el Instituto Nacional de Enseñanza Media de Arrecife por la falta de espacio y la escasez de profesores, hasta el punto de advertir de que aquellas carencias podían conducir a su desaparición. La paradoja resultaba evidente: mientras aumentaba el número de jóvenes que querían estudiar, el centro que debía recibirlos no disponía de medios suficientes para atenderlos.

Una de las respuestas más significativas fueron los estudios nocturnos. En 1960 comenzaron a funcionar para atender las solicitudes de trabajadores que querían continuar su formación sin abandonar sus obligaciones laborales. El primer curso reunió a 34 alumnos y 33 alumnas, 67 personas que acudían al instituto después de terminar su jornada. La enseñanza secundaria empezaba a abrir una segunda puerta para quienes habían tenido que trabajar o no habían podido estudiar cuando les correspondía.

Entre los profesores de aquel instituto se encontraba María Luisa Perdomo Sosa, nacida en Nazaret. Había sido alumna del propio centro antes de trasladarse a La Laguna para estudiar Filosofía y Letras y desde 1947 ejercía como profesora interina de Latín. Durante el curso 1959-1960 obtuvo por oposición una plaza como agregada de Latín en el mismo instituto donde años antes había ocupado un pupitre.

Su trayectoria resume como pocas las posibilidades que podía abrir la educación. Después de formarse fuera de la isla, regresó como profesora al mismo centro en el que había iniciado sus estudios. Entre una etapa y otra estaban la universidad y una profesión que mostraban hasta dónde podía conducir una formación iniciada en Lanzarote.

Las fotografías de aquellos años conservan otros rostros de aquella historia. En una de ellas aparecen alumnas y profesores en las escaleras del instituto, entre ellos las profesoras Ana María Suárez Lubary y Natalia Cabrera Medina, junto al portero Jaime Salces. Son nombres que hoy pueden resultar desconocidos para muchos, pero forman parte de la memoria de una institución por la que pasó buena parte de la juventud que comenzaba a mirar más allá de la escuela.

El centro también buscaba entonces un nombre propio. En 1960, su claustro planteó que llevara el nombre de Blas Cabrera Felipe, el científico nacido en Arrecife que había alcanzado reconocimiento internacional. La propuesta volvería a aparecer durante los años siguientes hasta que el primer instituto de Lanzarote acabaría adoptando definitivamente ese nombre.

La presión sobre las instalaciones terminó haciendo necesario un nuevo edificio. En 1969, el primer instituto abandonó la calle Coronel Bens y se trasladó a Titerroy, donde continuaría su trayectoria como el centro que posteriormente recibiría el nombre de Blas Cabrera Felipe. El viejo edificio, sin embargo, no dejó de tener uso educativo: permaneció como sección delegada del instituto.

Para entonces, una nueva generación comenzaba a llegar a las aulas. La reforma educativa de 1970 reorganizó profundamente el sistema español y creó el Bachillerato Unificado y Polivalente y el Curso de Orientación Universitaria. Las siglas BUP y COU acabarían formando parte de la memoria escolar de miles de jóvenes, también en Lanzarote, pero cuando comenzaron a entrar en las aulas la historia de la enseñanza secundaria de la isla ya llevaba más de cuatro décadas.

La demanda siguió aumentando hasta hacer inevitable la creación de un segundo instituto. En 1978, cincuenta años después de la creación del primero, el Ministerio decidió establecer otro centro de enseñanza secundaria en Arrecife para atender la creciente necesidad de plazas de Bachillerato. Nació así el Instituto Mixto número 2 de Arrecife, que comenzó a funcionar durante el curso 1978-1979 precisamente en el edificio de la calle Coronel Bens que había sido sede del primer instituto hasta 1969.

La escena tiene algo de paradoja histórica: el edificio que había sido pequeño para una generación volvió a abrir sus puertas para recibir a la siguiente. El lugar que había concentrado durante décadas a los jóvenes de la isla que querían continuar estudiando se convertía ahora en la sede de un segundo instituto porque un solo centro ya no bastaba para atender a una población escolar que reclamaba más espacio.

Aquel nuevo instituto recibiría posteriormente el nombre de Agustín Espinosa, en recuerdo de quien había sido el primer director del instituto creado en 1928. El dato permite distinguir dos historias que con el paso del tiempo pueden haberse confundido: el primer instituto de Lanzarote fue el creado en 1928, cuya continuidad histórica está vinculada al actual IES Blas Cabrera Felipe, mientras que el actual IES Agustín Espinosa nació como segundo instituto de Arrecife en 1978.

Ambos centros quedaron unidos, además, por un mismo edificio. El actual IES Agustín Espinosa continúa ocupando la calle Coronel Bens, número 7, mientras que el IES Blas Cabrera Felipe conserva la continuidad histórica del primer instituto de Lanzarote.

Después llegarían nuevos centros a otros municipios y, a comienzos de los años noventa, Lanzarote entraría en una nueva etapa de expansión de su red de enseñanza secundaria. Aquello que en 1959 obligaba a numerosos jóvenes de la isla a desplazarse hasta Arrecife terminaría dando paso a una oferta educativa mucho más cercana a los distintos municipios.

Vista desde hoy, la secuencia resulta reveladora. En 1928 había un único instituto; en 1959 seguía siendo el centro de referencia para toda Lanzarote; en 1960 abrió sus aulas por la noche para atender a trabajadores; en 1969 tuvo que trasladarse a Titerroy; en 1970 llegaron BUP y COU y, en 1978, la isla necesitó un segundo instituto. Detrás de esas fechas había personas concretas: alumnos que recorrían kilómetros para estudiar, familias que hacían esfuerzos para mantenerlos en las aulas, trabajadores que regresaban al centro después de su jornada y profesores que acompañaban a una generación que empezaba a imaginar posibilidades distintas. Entre ellos estaba María Luisa Perdomo Sosa, que había sido alumna del instituto y terminó regresando a aquellas mismas aulas como profesora después de pasar por la universidad.

Por eso aquella mañana del 9 de octubre de 1959 adquiere otra dimensión cuando se contempla desde el presente. La misa de San Ginés abrió oficialmente un nuevo curso, pero dentro del edificio de la calle Coronel Bens se estaba produciendo algo mucho más profundo: cada vez había más jóvenes que querían seguir estudiando y cada vez resultaba más difícil dar cabida a todos. Dos décadas después, aquel mismo edificio volvería a recibir alumnos, pero esta vez como sede de un nuevo instituto.

Ahí está, quizá, la verdadera medida de lo ocurrido. No en las placas de las fachadas, ni en los cambios de nombre, ni siquiera en las reformas educativas que fueron modificando los planes de estudio. Está en aquellos alumnos que llegaron a Arrecife desde otros municipios, en quienes estudiaron de noche después de trabajar, en las familias que hicieron posible que sus hijos siguieran sentados en un aula y en quienes salieron de la isla para estudiar y regresaron después con una profesión.

El BUP y el COU llegaron después y ocuparon durante décadas un lugar central en la memoria escolar de Lanzarote. Pero cuando aparecieron, otros ya habían abierto el camino.

Lo habían abierto los primeros alumnos del instituto de 1928, los jóvenes que en los años cincuenta cruzaban la isla para llegar a Arrecife, los trabajadores que en 1960 entraban por la noche y quienes, como María Luisa Perdomo, demostraron con su propia trayectoria que una formación iniciada en Lanzarote podía llevar mucho más lejos de lo que entonces parecía posible.

Y quizá por eso la historia de aquel instituto no termina en una fecha, ni en un edificio, ni en un nombre. Continúa cada vez que alguien recuerda que hubo una época en la que estudiar era una conquista, cada vez que un antiguo alumno reconoce aquellas aulas como el lugar donde empezó a imaginar su futuro y cada vez que una generación descubre, como descubrieron aquellas primeras, que el lugar donde uno nace no tiene por qué marcar hasta dónde puede llegar.

Porque aquel instituto no solo enseñó asignaturas. Enseñó a una isla a imaginar que sus hijos podían llegar más lejos. Y cuando una sociedad consigue que esa idea entre en sus aulas, ya no hay edificio, distancia ni circunstancia capaz de volver a cerrarle las puertas.

FUENTES

  • Antena, n.º 328, 13 de octubre de 1959, pág. 5.

  • Antena, n.º 368, 26 de julio de 1960, pág. 2.

  • Memoria de Lanzarote, cronología histórica de la educación en Lanzarote.

  • Enrique Díaz Herrera, El Instituto de Arrecife: los inicios de la enseñanza secundaria en Lanzarote.

  • Academia de Lanzarote, documentación histórica sobre el primer instituto y la creación del segundo centro de Arrecife.

  • Boletín Oficial del Estado, Ley 14/1970, de 4 de agosto, General de Educación.

  • Boletín Oficial del Estado, Real Decreto 2053/1978, de 15 de julio, de creación del segundo instituto de Arrecife.

  • Documentación histórica sobre María Luisa Perdomo Sosa.

  • Documentación histórica del IES Blas Cabrera Felipe.

  • Documentación oficial de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias sobre el IES Agustín Espinosa.

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