Los 85 metros bajo Lanzarote: los jóvenes que se atrevieron a entrar en el abismo

El 24 de septiembre de 1963, un grupo de jóvenes de Haría descendió hasta 85 metros en unas grutas de Tinajo que entonces parecían no tener fondo

Wikiloc

Había una Lanzarote que podía contemplarse desde la superficie y otra, mucho más desconocida, que comenzaba precisamente cuando desaparecía la luz. El 24 de septiembre de 1963, mientras la isla se asomaba lentamente a una nueva época marcada por el turismo y las primeras grandes transformaciones de su paisaje, un grupo de jóvenes de Haría decidió mirar hacia abajo. Y descendió hasta donde entonces parecía imposible llegar: 85 metros bajo tierra. 

La noticia quedó recogida aquel mismo día por el semanario Antena. El número 524, correspondiente al 24 de septiembre de 1963, dedicó su página 5 a contar la exploración de unas grutas de Tinajo que la publicación describía como «insondables». El motivo tenía algo de leyenda y algo de vértigo. Las piedras arrojadas al interior producían un sonido que se prolongaba durante un tiempo antes de desaparecer en las profundidades. La documentación histórica conservada identifica entre los protagonistas a Nicolás Reyes, Francisco Reyes, Juan Pablo de León y Hermelindo Navarro. Eran jóvenes espeleólogos aficionados de Haría que consiguieron descender dificultosamente hasta los 85 metros. 

 

Una isla que también se exploraba hacia abajo 

La hazaña de 1963 no apareció de la nada. Durante los años anteriores, los aficionados y estudiosos de Haría habían desarrollado una intensa actividad alrededor del mundo subterráneo de Lanzarote. En 1961, dos jóvenes espeleólogos catalanes habían recorrido unos cuatro kilómetros y medio de la galería volcánica de la Cueva de los Verdes. La exploración fue presentada entonces como una marca mundial en cavidades volcánicas. 

En abril de 1962 llegó a Lanzarote una expedición del Club Montañés Barcelonés. Sus trabajos se centraron en las galerías y el cráter del volcán de La Corona. Formaba parte del equipo Joaquín Montoriol, profesor de Mineralogía de la Universidad de Barcelona, junto a los lanzaroteños Nicolás Reyes y Óscar Torres. La prensa de la época presentó aquella exploración como un récord en cavidades volcánicas. 

Los jóvenes de Haría tampoco se limitaron a acompañar a científicos llegados de fuera. En mayo de 1962, un grupo integrado por Nicolás Reyes, Óscar Torres, Francisco Rosa, Juan Hernández, Alejandro Acosta y Domingo Socas descubrió dos lagos volcánicos subterráneos próximos a la Cueva de los Verdes. La documentación histórica de la época estimó entonces una longitud aproximada de 70 metros para uno de ellos y de unos 170 para el segundo. 

En enero de 1963, pocos meses antes de aquella exploración de Tinajo, otro grupo de espeleólogos aficionados de Haría localizó una nueva galería en el entorno de la Cueva de los Verdes. La documentación histórica conservada situó entonces el desnivel máximo en 250 metros. Aquellos episodios muestran que los 85 metros alcanzados en septiembre formaban parte de una historia mucho mayor. Era la historia de una generación de jóvenes lanzaroteños que empezó a explorar científicamente el interior de la isla cuando todavía quedaba muchísimo territorio por descubrir. 

 

Cuando una piedra tardaba en dejar de sonar 

Hay algo especialmente poderoso en la descripción que dejó Antena. No había drones. No había teléfonos móviles. No había sistemas modernos capaces de proporcionar inmediatamente un mapa tridimensional del subsuelo. Había oscuridad, roca volcánica, conocimientos adquiridos sobre el terreno y una pregunta fundamental: hasta dónde llegaba aquel agujero. 

La propia descripción periodística explica por qué aquellas grutas eran consideradas «insondables». Las piedras lanzadas al interior producían un sonido que se prolongaba antes de desaparecer. En una Lanzarote en la que buena parte de la población todavía vivía vinculada a la agricultura, la pesca y una economía muy diferente de la actual, aquella imagen debía resultar extraordinaria. Jóvenes de Haría descendían por una cavidad volcánica situada en Tinajo mientras intentaban averiguar qué había al otro lado de la oscuridad. 

 

Nicolás Reyes, un nombre ligado al subsuelo de Lanzarote 

Entre aquellos exploradores aparece un nombre especialmente significativo: Nicolás Reyes. Décadas después, la memoria local lo recordaría como uno de los grandes conocedores de las cuevas, barrancos, cimas y acantilados de Lanzarote. La documentación biográfica conservada sobre Reyes explica que, cuando la Cueva de los Verdes todavía no estaba abierta al público, penetró en ella junto a otros espeleólogos y participó en la elaboración de uno de sus primeros mapas topográficos. 

Su trayectoria ayuda a comprender que la exploración de 1963 no fue una aventura aislada. Formaba parte de una pasión por conocer físicamente una isla que hasta entonces había sido observada mucho más desde sus caminos y cultivos que desde sus entrañas. 

 

Una Lanzarote que todavía estaba por descubrir 

Lo extraordinario es que todo esto sucedía en un momento de cambio acelerado. En aquel mismo verano de 1963, equipos vinculados a Televisión Española y Radio Nacional habían recorrido Lanzarote para realizar reportajes y habían grabado imágenes en lugares como las Montañas del Fuego y la Cueva de los Verdes. El paisaje empezaba a convertirse en imagen. La isla empezaba a convertirse en destino. Y, al mismo tiempo, algunos de sus habitantes estaban descubriendo que aquel paisaje no terminaba donde acababa la superficie. 

Pocas semanas después de la exploración de los jóvenes de Haría, la investigación científica seguiría avanzando. En diciembre de 1963, el geólogo canario Telesforo Bravo visitaría Lanzarote para estudiar la Cueva de los Verdes. La documentación histórica de Antena recoge que llegó a definirla como «el tubo volcánico mayor del mundo», aunque las cifras transmitidas por aquella publicación deben entenderse dentro del conocimiento científico disponible en aquel momento. 

La sucesión de acontecimientos permite entender mejor lo que estaba ocurriendo. Lanzarote empezaba a despertar simultáneamente como territorio turístico, paisaje artístico y laboratorio natural.

 

El misterio que permanece 

Hay, sin embargo, una parte de aquella historia que sigue en la oscuridad. La referencia histórica conservada identifica las cavidades únicamente como unas grutas de Tinajo. La documentación localizada no permite determinar con seguridad cuál era su denominación actual ni cuál es exactamente su ubicación. Tampoco resulta prudente convertir los 85 metros en un supuesto récord mundial o insular. La fuente acredita el descenso hasta esa profundidad, pero no establece que se tratara de un récord. 

Y precisamente ahí reside parte del atractivo de la historia. Conocemos los nombres de algunos de aquellos jóvenes. Sabemos la profundidad alcanzada. Sabemos cuándo ocurrió. Sabemos que la noticia fue publicada el 24 de septiembre de 1963. Pero la cavidad permanece parcialmente escondida detrás de las palabras de una vieja crónica. 

Sesenta y tres años después, la noticia conserva la capacidad de provocar la misma pregunta que probablemente se hicieron aquellos muchachos: ¿qué había más abajo? 

 

24 de septiembre de 1963: cuando Lanzarote miró hacia sus entrañas 

El episodio merece ser recuperado no solamente como una curiosidad de la espeleología lanzaroteña. También como un capítulo de la historia científica y social de la isla. Aquel 24 de septiembre, varios jóvenes de Haría quedaron vinculados a una exploración que los llevó hasta 85 metros de profundidad en unas grutas de Tinajo. Entre los nombres documentados aparecen Nicolás Reyes, Francisco Reyes, Juan Pablo de León y Hermelindo Navarro. 

Hoy Lanzarote dispone de centros turísticos, senderos señalizados, estudios geológicos, tecnología cartográfica y un conocimiento científico infinitamente superior al de aquella época. Pero hubo un tiempo en que conocer la isla significaba también atreverse a entrar en una oscuridad que no aparecía en los mapas. 

Mientras Lanzarote comenzaba a ser descubierta por los turistas, aquellos jóvenes intentaban descubrirla desde dentro. A 85 metros bajo tierra encontraron una parte de la isla que hasta entonces pertenecía casi al territorio de la leyenda. Una Lanzarote que estaba allí desde hacía miles de años. Una Lanzarote que nadie veía. Una Lanzarote debajo de Lanzarote. 

Fuentes 

• Antena, nº 524, 24 de septiembre de 1963, pág. 5, referencia conservada en Memoria de Lanzarote. • Memoria de Lanzarote, documentación histórica sobre ciencia, territorio y deporte. 

• Documentación histórica sobre las exploraciones espeleológicas de Haría y la Cueva de los Verdes. • Historia de Haría, documentación biográfica de Nicolás Reyes Espino. 

• Referencias de Antena correspondientes a las exploraciones realizadas en Lanzarote entre 1961 y 1963.

 

Añadir La Voz de Lanzarote como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora