Existe el falso mito de que el sector de la moda es un mundo elitista e inalcanzable, reservado solo para unos pocos con un alto nivel económico. Sin embargo, la moda es mucho más que vestir una marca; es el reflejo de un momento histórico, un canal de expresión y el espejo de nuestra personalidad. A través de sus diseños y su arte, Regina Ferragut busca romper estos estereotipos para demostrar que la vestimenta es una poderosa herramienta con la que transmitir nuestras emociones, nuestro origen y nuestro destino.
De las tuneras de Mala a las aulas de Madrid
Criada en el norteño pueblo de Mala, la esencia de Lanzarote —con sus tradiciones y el paisaje indómito de tuneras y cochinilla— modeló desde la infancia la identidad de Regina Ferragut. Su andadura académica comenzó en el IES Haría, pero bajo las aulas de secundaria ya se agitaba en ella una inquietud creativa insaciable.
Lo que empezó como un juego adolescente plasmado en libretas llenas de bocetos, pronto se transformó en una meta clara. Con la valentía de quien persigue un sueño, se trasladó a Madrid para estudiar el Grado en Diseño y Gestión de Empresas de Moda en la Universidad Rey Juan Carlos. Cuatro años de intensa formación que consolidaron lo que siempre supo desde niña: que el diseño y el arte serían su forma de entender el mundo.
“Para Regina Ferragut, la moda no es un despliegue frívolo; bajo su mirada, la ropa es arte dramático y las prendas actúan como intérpretes sobre la pasarela.”
El tinte de la tierra: el desafío de la cochinilla
Su gran punto de inflexión llegó gracias a la Asociación Milana. La entidad, liderada por Chana Perera en su incansable defensa y conservación de la cochinilla, le lanzó a Ferragut un desafío mayúsculo: crear una colección basada en el uso de este tinte natural tan arraigado a la historia lanzaroteña.
La diseñadora aceptó con una certeza absoluta: sus diseños no serían simple ropa. Cada prenda contaría una historia, cada textura tendría un porqué y cada desfile se transformaría en una performance artística y sensorial.
Para Regina, la moda busca conmover al público sin importar su origen, logrando que el espectador se identifique y se emocione igual que lo haría ante un buen actor o una melodía inolvidable.
Así nacieron Mukanda, Media Lúa y Lágrimas de volcán, tres colecciones únicas presentadas en los escenarios más emblemáticos de Lanzarote, inaugurando una forma revolucionaria de entender el diseño en la isla: el arte de hilar, con orgullo, la tradición y la vanguardia.
Las tres joyas de la corona
Mukanda: El inicio de la experimentación textil.
Media Lúa: El diálogo entre el paisaje insular y las formas.
Lágrimas de volcán: La consagración del tinte natural sobre la pasarela.
‘Magua’: el lienzo urbano de Arrecife
Sin dejar de viajar y absorber estímulos del mundo para nutrir su creatividad, el gran desafío de Regina llegó en 2024. El Ayuntamiento de Arrecife le encomendó una misión de gran responsabilidad: diseñar una colección conmemorativa por el 225 aniversario de la fundación de la capital.
En una alianza perfecta con creadores locales como el pintor Iván T., la diseñadora dio vida a Magua. Esta rompedora propuesta fusionó la rebeldía del estilo vaquero con los trazos del pintor para plasmar la esencia más pura de Arrecife: sus rincones emblemáticos, sus raíces marineras y el alma de su gente.
El resultado fue un éxito rotundo que no dejó indiferente a nadie, consolidando su visión de la moda como un lienzo vivo y un paso más allá en el diseño contemporáneo.
Un pie en la capital, el alma en el taller
En la actualidad, Regina reside en Madrid, donde cursa un Máster en Estilismo y Dirección Creativa mientras compagina su especialización con diversos proyectos en la industria de la moda.
Con una presencia cada vez más activa en redes sociales, la diseñadora utiliza las plataformas digitales como un escaparate idóneo para conectar con un público global. Sin embargo, su cordón umbilical con Lanzarote sigue intacto. Ferragut regresa a la isla cada mes y, en la intimidad y el silencio de su taller, da forma en secreto a nuevas propuestas.
Una vanguardia silenciosa que promete marcar, una vez más, un antes y un después en el sector.
En definitiva, el viaje de Regina Ferragut demuestra que la aguja y el hilo pueden ser tan elocuentes como la palabra o la música. Al democratizar la moda y despojarla de sus falsos elitismos, la creadora de Mala ha logrado devolverle al diseño su función más pura: la de conmover.
Sus colecciones nos recuerdan que vestirnos es, en realidad, una forma de narrar quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos. Mientras el público espera en vilo sus nuevos proyectos confidenciales, una cosa queda clara: en el universo de Regina Ferragut, la moda nunca será un despliegue frívolo, sino un latido artístico que late con la fuerza indómita de su propia isla.
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