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"Cuadros que Suenan" conquista al público en el convento de Santo Domingo de Teguise

La Asociación Cultural Aceró ofreció una velada inolvidable en la que la música y la pintura de los siglos XVI y XVII dialogaron en perfecta armonía, en un encuentro lleno de sensibilidad, conocimiento y belleza artística.

"Cuadros que Suenan"  (Fotos: Norberto del León)
"Cuadros que Suenan" (Fotos: Norberto del León)

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El convento de Santo Domingo, en la Villa de Teguise, se convirtió el pasado sábado en el escenario elegido por la Asociación Cultural Aceró para presentar su propuesta artística Cuadros que Suenan, un concierto que logró cautivar al público mediante una original combinación de música y pintura, invitando a los asistentes a descubrir nuevas formas de acercarse al arte y disfrutar del patrimonio cultural.

A las 19:30 horas daba comienzo esta cita cultural en un espacio que parecía concebido para una velada de estas características. La amplitud de la sala, su ambiente acogedor y, especialmente, la extraordinaria acústica del antiguo convento ofrecieron el marco idóneo para disfrutar de una propuesta en la que cada nota y cada imagen adquirieron un significado especial.

Construido a principios del siglo XVII, el convento de Santo Domingo constituye uno de esos lugares con encanto donde historia, arquitectura y cultura se dan la mano. Subir a un escenario como este representa, sin duda, una oportunidad especial para cualquier artista, y quienes tuvieron el privilegio de protagonizar la velada supieron aprovecharla para ofrecer al público todo su talento y sensibilidad.

Bajo el título Cuadros que Suenan, el concierto se convirtió en un auténtico éxito artístico y de público, gracias a una propuesta que consiguió fusionar las artes plásticas y la música en una experiencia enriquecedora, capaz de despertar emociones y, al mismo tiempo, ampliar los conocimientos de quienes tuvieron la oportunidad de disfrutarla.

La presentación corrió a cargo de Luz Mary Duque, encargada de introducir al público en una experiencia cultural que fue mucho más allá de un concierto convencional. La iniciativa propuso un recorrido por algunas de las grandes obras de la pintura europea de los siglos XVI y XVII, estableciendo un diálogo entre las imágenes proyectadas y las composiciones musicales seleccionadas para acompañarlas.

Los músicos Liana Llauger y Javier Ovejero fueron los encargados de poner sonido a esta singular propuesta, interpretando un repertorio que encontró en las pinturas su complemento perfecto. Ambos artistas demostraron una notable sensibilidad interpretativa y una gran capacidad para establecer vínculos entre los lenguajes visual y sonoro, creando una atmósfera que permitió contemplar las obras pictóricas desde una perspectiva diferente, dejándose llevar por las emociones que despertaban tanto las imágenes como la música.

La propuesta contó también con la participación de Roberto Fernández Perdomo, responsable de analizar y contextualizar los cuadros que se proyectaron durante la velada. Sus explicaciones ayudaron a profundizar en los detalles de cada obra, descubrir elementos simbólicos y comprender mejor el contexto histórico y artístico en el que fueron creadas. Una intervención didáctica que aportó un valor añadido al concierto y contribuyó a que el público disfrutara de una experiencia cultural más completa.

El recorrido pictórico incluyó obras de grandes maestros de la pintura europea, entre ellos Rembrandt y Vermeer, cuyas creaciones permitieron acercarse a diferentes sensibilidades, estilos y maneras de interpretar la realidad. Estas imágenes encontraron su correspondencia musical en composiciones de los siglos XVI y XVII, con autores como Kapsberger y Johann Sebastian Bach, entre otros, cuyas obras contribuyeron a tender puentes entre la pintura y la música, demostrando que ambas disciplinas, aun expresándose mediante lenguajes diferentes, comparten una extraordinaria capacidad para transmitir sentimientos, contar historias y emocionar al espectador.

Uno de los grandes aciertos de Cuadros que Suenan fue precisamente su carácter divulgativo. La iniciativa ofreció a los asistentes una manera distinta de disfrutar del patrimonio artístico, invitándolos a mirar y escuchar con otros ojos y oídos. La música dejó de ser únicamente una sucesión de melodías para convertirse en compañera de las imágenes, mientras que los cuadros adquirieron nuevas dimensiones al contemplarse bajo la sensibilidad que despertaban las composiciones interpretadas en directo.

El resultado fue una velada en la que conocimiento, interpretación y emoción caminaron de la mano, demostrando que la cultura también puede ser una experiencia compartida, capaz de sorprender, enseñar y despertar nuevas inquietudes artísticas.

La excelente acogida del público y el éxito de convocatoria ponen de manifiesto el interés que despiertan las iniciativas culturales que apuestan por propuestas originales, en las que la divulgación y la interpretación artística se complementan para acercar el arte a la ciudadanía. Desde la Asociación Cultural Aceró se quiso poner en valor la colaboración institucional que ha hecho posible esta iniciativa, así como el compromiso de los artistas participantes y la magnífica respuesta de los asistentes, elementos esenciales para continuar impulsando actividades culturales de calidad en el municipio de Teguise.

Y si durante el concierto las imágenes y las melodías habían logrado mantener la atención de los asistentes, el desenlace fue el mejor testimonio de la satisfacción que se respiraba en la sala. Llegado el final, el público se puso en pie y premió con una prolongada ovación el magnífico trabajo de los intérpretes, reconociendo la calidad musical, la sensibilidad de las interpretaciones y la elegante puesta en escena que habían acompañado la velada de principio a fin.

Fue ese aplauso, sincero y cargado de admiración, el que terminó de confirmar el éxito de una propuesta que supo unir dos grandes manifestaciones del arte en un mismo escenario, demostrando que la música puede dar voz a la pintura y que la pintura, a su vez, puede inspirar nuevas formas de escuchar.

Teguise volvió a demostrar que su patrimonio histórico no solo conserva la memoria del pasado, sino que continúa siendo un espacio vivo para la cultura, la creatividad y el encuentro. En el convento de Santo Domingo, entre melodías que evocaban otros siglos e imágenes que parecían cobrar vida al compás de la música, Cuadros que Suenan dejó una hermosa huella en quienes tuvieron la fortuna de asistir.

Una noche para escuchar con los ojos, mirar con los oídos y, sobre todo, dejarse llevar por la emoción del arte. Porque cuando la música y la pintura se encuentran, como sucedió en esta inolvidable cita cultural, el resultado no solo se contempla o se escucha: se siente.

 

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