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Concurso de Microrrelatos

El concurso de microrrelatos de Radio Lanzarote supera ya los 130 textos

El concurso, que dio comienzo este pasado 1 de julio, homenajea al pintor, ensayista, narrador, dramaturgo y gestor cultural lanzaroteño Félix Hormiga

Radio Lanzarote
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La XVI edición del certamen de Microrrelatos de Radio Lanzarote 2026 ha acumulado ya más de 130 textos enviados a  la redacción de La Voz de Lanzarote y Radio Lanzarote-Onda Cero.

El concurso, que dio comienzo este pasado 1 de julio, homenajea al pintor, ensayista, narrador, dramaturgo y gestor cultural lanzaroteño Félix Hormiga (1951-2025). Un año más, los Centros Turísticos colaboran con el certamen, que abre el plazo este miércoles 1 de julio de 2026 hasta el 31 de agosto, ambos inclusive.

En esta ocasión los participantes deberán presentar una microhistoria que no debe exceder las 100 palabras entre las que no cuenta la frase que aportaremos a continuación. Todos los relatos tendrán el mismo título "...Y por la tarde llovió". A partir de este título los participantes deben imaginar qué pasa posteriormente.

Cada autor podrá enviar un máximo de cinco relatos, que podrá firmar con pseudónimo, aunque deberá indicar siempre un nombre y un teléfono de contacto. Asimismo, los relatos se enviarán a la dirección: concursorelatos@lanzarotemedia.net. 

A medida que se vayan recibiendo los relatos se publicarán en La Voz de Lanzarote. En la publicación no figurará el nombre del autor. Solo después del fallo se conocerán los nombres de los autores ganadores y finalistas.

Un jurado compuestos por periodistas de Radio Lanzarote y La Voz de Lanzarote elegirán tres relatos ganadores y siete finalistas. El fallo del certamen se hará público en la segunda quincena de septiembre. 

Este año se mantendrá la numeración original de los textos teniendo en cuenta también aquellos que han sido descalificados. Hasta el momento se han recibido los siguientes textos:

 

112) ....Y por la tarde llovió. 

En mi corazón viejo y cansado. Ghosting lo llaman esos irresponsable emocionales, que sin pedirlo te hacen participe de su vida; inventan conexiones que no sienten; malgastan tu tiempo creando vinculos que no quieren, solo para alimentar su pobre ego cobarde, buscando validación a cualquier precio. Por cualquier motivo y sin necesidad, te rompen el corazón y el alma, para luego marcharse sin tener el valor ni el respecto de despedirse. Echo de menos los tiempos en los que al menos nos tomábamos la molestia de decir: "Vete a la mierda fantasma".

113) ....Y por la tarde llovió. 

 Y cuando escampó, subí a la azotea a recoger la colada que, lógicamente, se había empapado. Me acompañaba mi hijo. Llevaba el tirachinas que le habían regalado en su octavo cumpleaños. Y mientras yo recogía, el niño se entretenía cargando el tirachinas y apuntando a diestro y siniestro. El pobre carecía de puntería. Pero visto lo visto, para todo hay una primera vez, señor juez. Él me jura que a lo que le apuntó fue a una paloma y que lo del derribo del helicóptero que apareció de repente en el cielo de la azotea, fue por pura casualidad.


114)....Y por la tarde llovió. 

Y las olas llegaron hasta él suaves, besuconas y lánguidas a acariciarle los pies con sus guantes de encaje. Poco después, sintió que el viento se movía a su alrededor con una fuerza inusitada, el cielo se pobló de nubes negras, las olas se enfurecieron y, locas de ira y rabia, sin tener la más mínima consideración a su vejez, se abalanzaron sobre él, embistiéndolo furiosas y salvajes y dejándolo temblando y chorreando de humedad, salitre y espumarajos por todos sus poros. Pero como él se pregunta con resignación monacal, ¿qué otra cosa puede hacer el viejo Faro de Pechiguera?

115)....Y por la tarde llovió. 

Nació en Abril, un mes seco, aunque la sal en las ventanas de los hogares de Arrecife  era lo habitual. Félix creció entre redes y mareas, aprendiendo que la isla también  podría escribirse con palabras. Actor de las escenas cotidianas, fue asi como se  convirtió en cronista del mar y guardián de las memorias. Sus libros hablan del viento  canario, los barcos que regresan, de las mujeres que siempre saben donde y cuando  estar. Valiente y generoso supo crear su modo de estar en el mundo. Hoy, cuando  llueve en Lanzarote, su historia se repite, alegando bajito, no lo olvidan.     

116)....Y por la tarde llovió.  

Una sinfonía sobre pétalos y piedras desgastadas se recitaba con viento racheado. Mil
noches faltando a una cita con nubes negras que descargaban su furia sobre la tierra madre, bailando al son de cientos de aves que buscaban refugio sobre la penúltima  ramita reseca. Insólito palo de agua, rozando cuerpos exhibidos a la intemperie,  reducidos a ser comparsas de un tiempo desabrido.
Lluvia sobre nuestras conciencias, limpia, reparadora, cerrando una tarde gris mahón que recibíamos con las manos abiertas y el corazón henchido. Lluvia agradecida,   fintando a una sed que nos sorprendía con las manos secas y arrugadas. 

117)....Y por la tarde llovió. 

600 GOTAS. Aquella tarde caía fina, sin hacer ruido. Puerta a puerta, se ocupó de  mostrar sus credenciales con un toc, toc leve, sin levantar pasiones, a un vecindario  que había olvidado qué aspecto tenía cuando decidió abandonarlos. Enojados, y con las bocas resecas, imploraron su presencia in sécula, llevando a sus gestos un signo  de resignación fatal.
—Lluvia eterna, ¡aliméntanos de vida!
La inclemencia sentó sus reales al borde de un río sin caudal, que enseñaba tripas y  un corazón débil.
—Me quedo, dioses del Parnaso.
—Que los vientos catabáticos lleven vendas en los ojos, amiga.
Se quedó dormida.
 
118)...Y por la tarde llovió. 

Y yo observando la escena desde la orilla. Te siento en todos lados y sé que todo te siente a ti. Porque la playa también llora. Desesperada de dolor, trata de bañarme en su llanto para apaciguar el mío.
Y yo casi puedo reconocer tu silueta sobre el espejo de Famara en esta marea baja. Como volviendo. 
Pero he esperado horas y no llegas. No sé. Quizá lleve semanas, pero tampoco podría decir cuántas.

119)  ...Y por la tarde llovió. 

Yaiza miró la cicatriz de su muñeca, se había tatuado a los dos lados unas alas de mariposa para recordarse que un día de lluvia resbaló y cayó en la calle Real, después dolor, cirugía y meses de rehabilitación, pero consiguió transformarse y volver a emprender el vuelo como las mariposas. Llovía y Yaiza  decidió coger su paraguas y volver al lugar donde se cayó, camina decidida, la vida le hizo aprender a resistir, a ser paciente y luchadora, ahora es más fuerte, ahora no tiene miedo del infortunio, pues aunque caiga sabe volar como las mariposas.

120)  ...Y por la tarde llovió. 

Lilith despertó, oyó como su marido, que era pescador, cogía los bártulos y salía a la mar.
Miró por la ventana y un escalofrío diabólico le recorrió de las tripas hasta el oído,  transformándose en un susurro.
- Nunca me gustó ese santurrón para ti.
A las tres llegó la primera gota y a las cinco el cielo sombrío se convirtió en diluvio.
- Papá si le pasa algo, bautizaré al hijo que llevo en mis entrañas.
Y en el horizonte, entre la bruma apareció una vela familiar.

121) ...Y por la tarde llovió. 

Me levanté como pude del sofá y me acerqué al balcón, la tarde seguía gris, no se  distinguía el edificio de enfrente y los árboles se movían también agitados, no tenía  fuerzas de tanto llorar, te habías ido, marchado para siempre y mi angustia no paraba  de crecer.
Tantas cosas que contarnos, tanto que decir, tanto que vivir, el alma me dolía, el día  me acompañaba.
El sol nunca brillaría igual en mi corazón, entonces esa fuerza interior que tu solo  sabes irradiar me llenó de amor.
122) ...Y por la tarde llovió.  

Ella no vuelve sola de aquel viaje; la acompañan polizones invisibles. Su desembarco se produce bajo un cielo llorón que, horas antes, bombardeó la tarde. Al día siguiente, una oscura mancha en la almohada le aterra. Va al baño y al verlo ante el espejo grita. Allí está el enemigo, multiplicándose en su trinchera frondosa. Un picor en la base de la oreja la enciende. Temblorosa, activa la artillería y, con un ataque feroz neutraliza a los invasores. Al verlos caer al lavabo su cuerpo recobra la paz. Victoriosa, desenchufa la máquina: ¡calva, y sin gorra, fuera complejos! Próximo embarque…

123) ...Y por la tarde llovió.  

Por la tarde llovió café. Con sus burbujas de amor tocó nuestros corazones, cual pez que, con su nariz, toca en la pecera de con quien toda una noche en vela pretende compartir. Siempre tuvo ese poder, y aquella tarde de julio demostró con su Bilirrubina que, sobradamente, lo sigue teniendo. 
Fue algo digno de ver. A ti especialmente, con lo bailonga que siempre fuiste, estoy convencido de que te habría encantado. Aunque, por otro lado, tampoco me extrañaría que algo tuvieras tú que ver en que aquella tarde de julio, al menos para nosotros, del cielo lloviera café.

124)...Y por la tarde llovió.  

 O eso creo... Salí fuera y me pregunté: ¿Son las gotas de lluvia las que chocan conmigo o soy yo quien choca con ellas? 
Sentí un gran vacío; la vida continuaba a pesar de todo. Para mí todo acababa ese día, pero al mundo no le importaba; aun así, decidí entrar de nuevo. Estaba empapado y sentí una lluvia interna que no dejaba pensar, que se desbordaba externamente en lágrimas, una lluvia cuya única función era ser lo que era, lluvia.
Esa tarde llovió o quizás fue el espejismo de una realidad en la que nunca ha dejado de llover."

125)...Y por la tarde llovió.

La lluvia sorprendió a todos.
La gente corrió a buscar un techo. Él buscó el cielo.
Se quitó el sombrero y alzó el rostro. Una gota le cruzó la cara. Después otra.
No se movió.
Las grietas de sus manos se parecían cada vez más a las grietas de la tierra. 
Durante años había saludado al cielo cada mañana, incluso cuando el cielo parecía no responderle.
Abrió las manos.
Dejó que el agua llenara sus surcos, los de la tierra y los suyos.
Y sonrió.
Después de tantos años de silencio, por fin reconoció la voz del cielo.

126)...Y por la tarde llovió. 

Fue la última en abandonar la nube.
Había sido ola antes de aprender a volar. 
Un día, el sol la volvió ligera y el viento se la llevó. 
Subió sin nombre, aprendiendo el idioma de las nubes.
Tuvo miedo.
Había aprendido a volar, pero nadie le había enseñado a caer.
La nube la dejó ir y la vio danzar en el aire.
Descendía hacia una isla negra rodeada de azul.
Abajo, la tierra abrió sus grietas como quien abre los brazos, el mar la reconoció desde lejos.
Tocó la lava y comprendió.
No estaba cayendo. Estaba volviendo a casa.

127)...Y por la tarde llovió. 

Cuando empezó a llover, todos buscaron los paraguas.
El abuelo encontró uno al fondo de un armario. Su nieto nunca había visto uno abierto.
“¿Qué es?”
“Un paraguas.”
El niño observó cómo aquella tela negra crecía sobre sus cabezas.
“¿Para qué sirve?”
“Para que la lluvia no te moje.”
Se quedó pensativo.
Después salió de debajo del paraguas, abrió los brazos y levantó la cara. Una gota cayó sobre su lengua.
El abuelo sonrió.
El niño también.
“Abuelo…”
“¿Qué?”
“Si tanto queríamos que viniera, ¿por qué no dejamos que nos toque?”

128).             Descalificado 102 palabras

129)..Y por la tarde llovió.

Después de la lluvia, las calles devolvieron lo que la gente había olvidado.
Una mujer encontró en un charco la voz de su madre llamándola a cenar. Un anciano recuperó el sabor de su primer beso. Un hombre sacó del agua una carcajada de su infancia.
La ciudad entera buscaba entre los charcos.
Una niña también.
Metió las manos en uno, después en otro. Nada.
Miró a los adultos abrazando canciones, aromas, domingos, promesas, sueños.
“Mamá, ¿por qué la lluvia no me devuelve nada?”
Su madre se agachó y le acarició el pelo.
“Porque todavía no has aprendido a olvidar.”

130) ..Y por la tarde llovió. 

Juana yacía en mitad de la carretera, la lluvia arrastraba la sangre que cubría su cuerpo, su marido la había golpeado hasta matarla. Ella lo había amado con locura, de blanco se casó y ahora blanca será su mortaja, él le susurraba palabras de amor bajo la luna y ahora eran gritos los que salían de su boca, él le abrazó y besó con dulzura y ahora sus manos eran puños que la golpeaban. Tú amante, tu asesino. El sol ya no calentará su cara, pues la cubrirá la fría sepultura. Juana descansa, ahora las estrellas  serán tus compañeras.
 
131)  ..Y por la tarde llovió.  

Nos pusimos como sopas. Mi madre nos advirtió: «No salgáis a pescar que esta tarde va a llover». Era la barca de mi abuelo que la acababan de restaurar, y bien bonita que había quedado. Nos hacía mucha ilusión estrenarla de nuevo, y mereció la pena la mojada por la buena pesca que tuvimos.
Esa noche nos cenamos los pescados a la salud de mi abuelo.

132)  ..Y por la tarde llovió.

Agitaba la lluvia, haciendo cabriolas en el aire. Los hayedos jugaban al escondite con el roble albar, que se protegía de semejante tempestad, y con el acebo versus  agrifolio, que departía sus horas con el urogallo errante, reclamando ambos su  supervivencia en una naturaleza repleta de paradojas.
El bosque susurraba al oído de sus habitantes la bondad de un relato bajo épica  diluviana, alertando sobre las manos grasientas del inconfundible don Humano  Perverso, expulsado de la tierra de aquellos insignes pobladores.
El hijo de Melanippe volvió a girar, mientras la lluvia acunaba a los mil vástagos
de un hábitat infinito.

133)  ..Y por la tarde llovió. 

Jules y Julie se conjuraron con todo lo que una tarde de lluvia les regalaba, compartiendo paragüas, sonorizando con el cris cras de la llave, conciliando cuerpos,  degustando unas chuletillas al sarmiento y brindando con el mejor vino de la Grand  Cru. Charlaban sobre un Proust más pendiente de sus magdalenas que de la vanidad  de las tentaciones mundanas, almibarando unos deseos que necesitaban de un espacio ad hoc para reventar destinos en lo físico, lo culinario e irracional. Sentados en torno  a una mesa, lágrimas sobre la lluvia les recordaban lo efímero de unas gotas, más allá de Orión.

134)...Y por la tarde llovió. 

Su gesto taciturno, a medio camino entre Wayne y Clint Eastwood era el indicador de  que faltaba poco, sin que la niebla de verano empañase su visión.
Nunca le gustó el bullicio de la discoteca, la intimidad del bar sería el mejor marco  para conversar a gusto. Se había puesto sus mejores galas: “Estás matador”, le dijo  su amigo Juan; una cita así merecía cualquier esfuerzo.

La lluvia marcaba la hora indicada. Sin pudor alguno cogió su bolígrafo, su libreta de  tapas duras, y acompañado de una humeante taza de té de jazmín, comenzó a desnudar su alma.

 

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