Comienzan a llegar los primeros microrrelatos del concurso literario de Radio Lanzarote 2026

El concurso, que dio comienzo este pasado 1 de julio, homenajea al pintor, ensayista, narrador, dramaturgo y gestor cultural lanzaroteño Félix Hormiga (1951-2025)

Radio Lanzarote recibe microrrelatos que competirán en el certamen
Radio Lanzarote recibe microrrelatos que competirán en el certamen

Los primeros textos de la convocatoria de la XVI edición del certamen de Microrrelatos de Radio Lanzarote 2026 han comenzado a llegar a la redacción de La Voz de Lanzarote y Radio Lanzarote-Onda Cero. El concurso, que dio comienzo este pasado 1 de julio, homenajea al pintor, ensayista, narrador, dramaturgo y gestor cultural lanzaroteño Félix Hormiga (1951-2025).

Un año más, los Centros Turísticos colaboran con el certamen, que abre el plazo este miércoles 1 de julio de 2026 hasta el 31 de agosto, ambos inclusive.

En esta ocasión los participantes deberán presentar una microhistoria que no debe exceder las 100 palabras entre las que no cuenta la frase que aportaremos a continuación. Todos los relatos tendrán el mismo título "...Y por la tarde llovió". A partir de este título los participantes deben imaginar qué pasa posteriormente.

Cada autor podrá enviar un máximo de cinco relatos, que podrá firmar con pseudónimo, aunque deberá indicar siempre un nombre y un teléfono de contacto. Asimismo, los relatos se enviarán a la dirección: concursorelatos@lanzarotemedia.net. 

A medida que se vayan recibiendo los relatos se publicarán en La Voz de Lanzarote. En la publicación no figurará el nombre del autor. Solo después del fallo se conocerán los nombres de los autores ganadores y finalistas.

Un jurado compuestos por periodistas de Radio Lanzarote y La Voz de Lanzarote elegirán tres relatos ganadores y siete finalistas. El fallo del certamen se hará público en la segunda quincena de septiembre. 

Este año se mantendrá la numeración original de los textos teniendo en cuenta también aquellos que han sido descalificados. Hasta el momento se han recibido quince textos. 

Texto 1: ...Y por la tarde llovió

No podía imaginar lo que iba a suceder. Un poco antes yo estaba en la nube y la descubrí cerca de mí: la gota más preciosa que había visto en mi vida. Nuestro proceso de condensación había coincidido en el tiempo y yo hice lo imposible por aproximarme a ella, pero ni siquiera reparó en mi presencia.

Cuando pensaba que la perdería entre la multitud, el aparato eléctrico hizo estallar la tormenta y la música de los truenos acompañó nuestro primer baile. Entonces, nos precipitamos al abismo en un abrazo húmedo que nos hizo inseparables para siempre.

 

Texto 2: ...Y por la tarde llovió

Y por la tarde llovió, primero con timidez y luego con una furia que parecía querer borrar del mapa la ciudad de Nueva York… A 200 metros de altura, el paraguas del funambulista, vencido por el vértigo y el cansancio, confundió Times Square con un multicolor y laborioso hormiguero.

 

Texto 3: ...Y por la tarde llovió.

En la calle se oye a unas niñas cantar en el portal: “El patio de mi casa es particular...”.

Ella se detiene. Esa canción siempre la lleva a Doña Gregoria, su maestra de parvulitos, que les enseñaba el corro de la patata con una paciencia que parecía eterna. Recuerda las manos pequeñas unidas, los pasos torpes, el “agáchate y vuélvete a agachar”.

Por un instante, siente que vuelve a estar allí, girando en aquel patio que olía a tiza y merienda.

Y entonces vuelve a llover, como si la tarde quisiera ponerle música a la canción.

 

Texto 4. ...Y por la tarde llovió.

Ella salió a la calle como siempre, buscando charcos. No le gustan las personas que los esquivan, que caminan con cuidado para no meterse en ninguno. Dice que quienes los evitan viven secos por dentro. “Son egoístas —murmura—, solo piensan en sí mismas, incapaces de ver el charco en el que puede estar metido el vecino, incapaces de ayudar a quien tiene delante y se hunde”.

Todos, en la vida, antes o después, pisamos charcos.

Todo depende de nuestra actitud y de la suerte de que una mano amiga —o anónima— nos saque a tiempo del agua.

 

Texto 6: ...Y por la tarde llovió.

Con el coche cargado hasta el techo y las últimas cajas ya dentro, solo faltaba arrancar.

—Vamos, que perdemos el barco —dijo Mamá.

Ella dio un paso hacia la puerta del copiloto.

Y de pronto comenzó a llover.

Se detuvo en seco. Se descalzó con una prisa que no le conocíamos, dejó los zapatos en su mano izquierda y corrió hacia la arena con el vestido verde pegándosele al cuerpo.

Mamá abrió la boca para llamarla, pero le sujeté el brazo.

—No —susurré—. Déjala que baile.

 

Texto 8: …Y por la tarde llovió.

La orquesta se quedó muda a mitad del estribillo. Mientras los músicos corrían a cubrir los equipos con plásticos, alguien anunció por megafonía que la verbena había terminado.

En la plaza, el silencio apenas duró un instante.

Una mujer empapada alzó las manos y siguió cantando sola:

—¡Suavemente, bésame!

A su lado, tres amigas le hicieron el coro y, en un parpadeo, las trescientas personas de la plaza se cerraron en una sola masa, saltando sobre los charcos.

Ya no había altavoces, ni luces, ni escenario.

Solo un pueblo cantando bajo el aguacero.

 

Texto 9: …Y por la tarde llovió.

La madera de la patera crujió contra las rocas y el golpe nos arrojó a la arena oscura de la caleta. Gateamos entre el jable, tiritando, con los ojos cegados por la costra de sal y el miedo pesado de los que habían cruzado el canal a oscuras.

Fue entonces cuando el cielo se abrió.

El aguacero empezó a lavarnos la cara, disolviendo el picor del mar en las mejillas. Abrí los párpados despacio, tragando el agua dulce del cielo, y por fin pude volver a ver el rostro de mi hermano.

Estábamos vivos.

Texto 10: ...Y por la tarde llovió.

No sabe este pájaro negro cuánto anhelo una cascada de angustias. Un dolor en las costillas que me haga sentir compañía. El sol baila por mi piel mientras ruedo por la colina. Quiero ver el recuerdo de su cara en el cielo despejado. En cambio, veo muchos ojos que no se callan.

—Mira qué le hiciste al cielo. El sol ya no calienta. ¿Por qué nos condenas a verlo todo?

Se cerraron con fuerza hasta oscurecerlo todo. Sentí un tirón, un dolor-madre me arropó. Una brisa fría y un llanto me inundaron. Y por la tarde llovió.

 

Texto 11: ...Y por la tarde llovió.

Las nubes cabalgan sobre sí mismas. El cielo se da la vuelta de adentro a fuera. Mis latidos son truenos. Las paredes están agrietadas, los cristales temblorosos. Me gustaría saber qué hay más allá de esta tormenta, más allá del gris. Toda una vida recordando lo que no existe y extrañando lo que no quiero. Siento una tensión entre las nubes que quizás no debe resolverse. Un destello siempre es una esperanza. Y por la tarde llovió. Llovió sobre mí bajo el techo de casa.

 

Texto 12: ...Y por la tarde llovió.

El cielo era color caries y por la tarde llovió. Colmillos blancos con la punta de nácar.

Penetraron el techo y el calcio inundó el cuarto. Mi hermana tapada en la cama no paraba de llorar. Me dijo que Dios quería comérsela por portarse tan mal, como mamá siempre dice. Le dije que podía tener razón. No contestó nada. La destapé y era una mandíbula gigante supurando calostro. Masticó la cama y se tragó a mamá, que dejó tras ella una flor de leche.

 

Texto 13: ...Y por la tarde llovió.

Me pesan los pies a cada paso que doy.

Toneladas de petróleo me recorren y empapan el rofe. Soy del color del mirlo.

Tengo el carácter del viento. Me encontré una breva en el suelo y me dijo que estoy limpia, que eso todito se lo lleva el agua. Yo le dije que creía que no, porque Achamán me abandonó hace ya tiempo. Y luego la mordí. Goteó en mí la leche que era su sangre. Ya no me importaba estar sucia. Y por la tarde llovió.

 

Texto 14: ...Y por la tarde llovió.

Tuve un sueño en el que pintaba un cuadro con sangre de bichos. Levantaba las piedras y cogía todos los que podía. A veces también iba a por cochinillas. Pinté un grito de volcán. Monocromático y denso. Casi como el óleo. Pero olía mucho mejor. Lo puse en la orilla y se lo ofrecí al mar. Pero la marea bajó y ahí se quedó esperando. Pero empezó a llover. Quería que se volviera negro. Que la lava se enfriara. Pero se quedó igual. Gritando.

 

Texto 15: ...Y por la tarde llovió.

Aquel día, el viento arrancó unas viejas tejas y dejó al descubierto una carta oculta durante cuarenta años. La anciana, que apenas veía, reconoció al instante aquella caligrafía. La abrió con manos temblorosas y el corazón de la joven que fue volvió a latir.

“Si aceptas, te esperaré bajo el gran nogal”.

Nunca recibió aquella carta. Alguien decidió su destino.

La besó, la apretó contra el pecho y alzó la mirada al cielo sin rencor. Entonces, como si el tiempo descansara, y por la tarde llovió.

 

Texto 16: ...Y por la tarde llovió.

Amanece. No es un día cualquiera. Las perlas húmedas se mueven por las hojas como

lágrimas de Virgen.

Soy un privilegiado por vivir en un entorno entre monte y montaña, esa combinación de colores verdes, esa paz de ambiente, ese sonido de las ramas sobadas por el viento. El trinar de los pájaros invade mi imaginación, me transporta a vivir el sueño de mi vida.

Ver amanecer, disfrutar de paz, olor a humedad de flores y rosas, sonreír a esta vida que me queda y soñar, soñar mi libertad.

Soy feliz.

 

Texto 17: ...Y por la tarde llovió.

Hoy los árboles me dan los buenos días con sus bailes y cánticos al viento, ese perfume húmedo, esas lágrimas de alegría en sus hojas, ese trinar de pajarillos, dando gracias al cielo, por su don de dar vida con su luz de amanecer y libertad. Ese nuevo manantial de agua transparente y pura; ¡Qué milagro de la naturaleza! Y, de repente, todo se ilumina aún más con un haz de colores. ¡Oh Dios! ¡Qué grande es este misterio del tiempo!

¿Hay algo más hermoso que un arcoíris?

Sabia naturaleza.