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La Mareta (Fotos: Juan Mateos)
La Mareta (Fotos: Juan Mateos)

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Lanzarote no era todavía la isla internacional que conocemos hoy, pero en aquellos primeros años de la década de los ochenta ya había comenzado a proyectar una imagen diferente, el paisaje volcánico se había convertido en uno de sus principales argumentos, César Manrique había demostrado que el turismo podía convivir con la identidad insular y espacios como los Jameos del Agua o el Mirador del Río empezaban a convertir la isla en un lugar reconocible mucho más allá de Canarias, en ese escenario apareció Hussein I de Jordania, uno de los monarcas más conocidos del mundo árabe, acompañado por la reina Noor. 

La visita había despertado interés desde semanas antes, el viaje tenía inicialmente carácter privado, pero la presencia de la familia real jordana no tardó en convertirse en noticia, la pareja buscaba descanso y privacidad, aunque la propia naturaleza del destino hizo inevitable que la estancia quedara ligada a algunos de los lugares más representativos de Lanzarote, y uno de ellos fue precisamente el espacio que mejor resumía la revolución paisajística que estaba viviendo la isla, los Jameos del Agua. 

La noche celebrada allí quedó recogida por El País el 6 de septiembre de 1981, Hussein y Noor asistieron a una cena en el restaurante de los Jameos del Agua, después participaron en una fiesta musical de carácter canario, la reina Noor fue invitada a bailar por el primer bailarín del grupo folclórico Arrecife y el propio rey bailó con la primera danzarina, además, los soberanos recibieron objetos de artesanía lanzaroteña de manos del presidente del Cabildo Insular. 

La imagen tiene una enorme fuerza periodística, el rey de Jordania y su esposa en el interior de una antigua burbuja volcánica, convertida por Manrique en uno de los grandes símbolos culturales de Lanzarote, compartiendo música y baile con los habitantes de la isla, aquella noche mostraba mucho más que una anécdota de unas vacaciones, mostraba el encuentro entre una monarquía de Oriente y una Lanzarote que empezaba a presentarse al mundo a través de una fórmula propia, naturaleza, cultura y arquitectura. 

Hussein pareció comprender rápidamente el atractivo de aquella combinación, quería volver, y para volver necesitaba un lugar donde alojarse con la privacidad propia de un jefe de Estado, así comenzó a tomar forma la historia de la finca que posteriormente sería conocida como La Mareta, en Costa Teguise. 

La cronología de Memoria de Lanzarote sitúa precisamente en el 1 de octubre la noticia de que el rey había adquirido un chalet en la urbanización, una referencia que convierte aquella fecha en algo más que una simple visita protocolaria, porque el viaje terminó teniendo una consecuencia física sobre el territorio lanzaroteño. 

La futura residencia no sería un palacio convencional, y ahí aparece una de las claves de la historia, el proyecto debía responder al lugar, integrarse en el paisaje y mantener la relación entre arquitectura y naturaleza que había convertido a Lanzarote en un caso singular dentro del turismo español. 

La Fundación Fernando Higueras identifica La Mareta, en 1981, como una vivienda para el rey Hussein de Jordania, y explica que el proyecto partió de la restauración de una vivienda modesta existente a la que se añadieron seis bungalows destinados al servicio y al séquito. 

La colaboración entre Fernando Higueras y César Manrique resulta especialmente importante para entender el resultado, Higueras aportó la arquitectura y Manrique participó en la integración artística y paisajística, una relación profesional que ya había producido otras intervenciones relevantes en Lanzarote, entre ellas el Hotel Las Salinas, y que volvió a encontrarse en esta residencia privada. 

La documentación académica de la Universidad de La Laguna recoge la construcción de la vivienda vacacional de La Mareta entre 1981 y 1983, señalando que Manrique diseñó la piscina y la disposición de las piedras basálticas, una intervención que ayuda a explicar la particular relación entre la vivienda y el paisaje volcánico. 

La residencia acabó convirtiéndose en un conjunto mucho mayor de lo que podría sugerir la expresión «chalet», el complejo ocupa actualmente 30.900 metros cuadrados, con unos 1.900 metros cuadrados construidos y aproximadamente 9.850 metros cuadrados de espacios ajardinados, según la información oficial del Ministerio de Industria y Turismo y Patrimonio Nacional, la arquitectura combina paredes blancas y cubiertas planas con referencias a la arquitectura tradicional canaria y elementos de inspiración colonial. 

Incluso el nombre tiene una historia lanzaroteña, La Mareta debe su denominación a la existencia previa de un aljibe excavado en el suelo, una construcción tradicional conocida en la isla con ese nombre. 

Hay, sin embargo, una paradoja en toda esta historia, Hussein construyó la residencia pero no llegó a utilizarla como residencia habitual, según la documentación histórica recopilada sobre La Mareta, uno de sus hijos sí llegó a utilizarla durante un periodo de vacaciones después de su boda, mientras que el propio monarca continuó visitando Lanzarote en otras ocasiones y llegó a alojarse en otros establecimientos de la isla. 

La casa que había nacido para convertirse en el refugio personal de Hussein terminó teniendo otro destino, el 22 de junio de 1989 fue cedida al rey Juan Carlos I y el 18 de julio de ese mismo año pasó a formar parte de Patrimonio Nacional, de acuerdo con la documentación oficial. 

El recorrido de La Mareta no terminó entonces, la residencia comenzó una nueva etapa vinculada a la Corona española y, posteriormente, a diferentes autoridades y personalidades internacionales, la propia documentación histórica de Memoria de Lanzarote recoge que la primera visita de la Familia Real española se produjo en abril de 1993 y que después fueron numerosas las visitas de mandatarios nacionales y extranjeros. 

Uno de los episodios más dramáticos de su historia ocurrió en enero de 2000, cuando falleció allí María de las Mercedes, madre del rey Juan Carlos I, un acontecimiento que añadió una nueva dimensión a la trayectoria de una residencia que había comenzado como proyecto privado de un monarca jordano. 

Décadas después, La Mareta continuaría formando parte de la vida pública española, aunque manteniendo su carácter reservado, en 2015 el Gobierno y Patrimonio Nacional suscribieron un convenio para poner la residencia al servicio de determinados intereses turísticos de España, con la posibilidad de acoger actos y visitantes internacionales, siempre bajo la gestión y autorización de Patrimonio Nacional. 

Pero todo aquello comenzó mucho antes, comenzó con un rey que llegó a Lanzarote para descansar, descubrió los Jameos del Agua, conoció el folclore de la isla, recibió artesanía lanzaroteña y encontró en Costa Teguise un lugar donde quería tener una casa. 

La historia de La Mareta es también la historia de una Lanzarote que estaba aprendiendo a mostrarse al mundo, una isla que había convertido sus volcanes en patrimonio, su arquitectura tradicional en inspiración y sus paisajes en una parte esencial de su identidad turística, Hussein llegó como visitante y terminó dejando una huella permanente sobre ese paisaje. 

El 1 de octubre de 1981 quedó así asociado a una de esas historias que empiezan como una noticia menor y terminan adquiriendo una dimensión mucho mayor, un rey extranjero descubrió Lanzarote, decidió construir allí su refugio y terminó dejando tras de sí una residencia que décadas después seguiría siendo uno de los lugares más singulares de la isla. 

Hussein no consiguió convertir La Mareta en su residencia habitual, pero su decisión sí consiguió algo que perduró mucho más tiempo, unir para siempre su nombre con Lanzarote, con Costa Teguise, con Manrique y con una arquitectura que todavía hoy forma parte del paisaje insular. 

Aquel 1 de octubre de 1981, Lanzarote no recibió solamente a un rey, recibió a un visitante que quedó fascinado por la isla y que decidió que quería tener allí un lugar propio, sin saber que aquella decisión acabaría creando una de las residencias más conocidas de la historia reciente de Lanzarote, La Mareta. 

 

Fuentes documentales 

• Memoria de Lanzarote, cronología del 1 de octubre de 1981, con referencia al semanario Lancelot, no 3, páginas 1 y 12. 

• El País, 6 de septiembre de 1981, sobre la estancia de Hussein y Noor y la celebración en los Jameos del Agua. 

• Fundación Fernando Higueras, ficha de La Mareta, vivienda para el rey Hussein de Jordania. 

• Ministerio de Industria, Energía y Turismo y Patrimonio Nacional, documentación oficial sobre La Mareta, dimensiones, características y cesión de 1989. 

Efemérides de Lanzarote · 1 de octubre de 1981 · 3 

• Fundación César Manrique, bibliografía sobre las visitas de Hussein de Jordania y La Mareta. 

• Universidad de La Laguna, estudio sobre César Manrique y Haría, con referencia a la construcción de La Mareta entre 1981 y 1983. 

 

 

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