Jenny Broudin, directora del Hotel Emblemático DelMás, Finca La Crucita y Zeus Experience, sabe de primera mano lo que es el esfuerzo para conseguir lo que sueñas. Esta francesa de nacimiento pero lanzaroteña de adopción, comenzó trabajando en Cruz Roja y luego de socorrista en un hotel, pero pronto se dio cuenta de que quería aspirar a más.
En una entrevista con el espacio radiofónico Más de Uno Gorumet de Radio Lanzarote - Onda Cero, Broudin hace un recorrido por su vida profesional que le ha llevado a gestionar tres establecimientos a la vez.
¿Cómo lo haces para gestionar todos estos negocios?
Con mucha motivación y con muchas ganas. Ver crecer lo que vas proyectando en la mente y lo vas haciendo poco a poco, creciendo día a día y enfocándote en lo que a mí me gusta y me apasiona. Obviamente son sectores muy parecidos, pero no tienen nada que ver, pero al fin y al cabo es la persona y cómo se van de la isla, con qué sensación, con qué recuerdos y lo que le has aportado.
¿Quién es Jenny Broudin?
Llegué a Lanzarote con tres añitos y soy francesa. Mis padres son franceses, vinieron y se enamoraron de Lanzarote en 1998 y estuve aquí hasta los diez años en La Villa de Teguise. De allí me fui a Francia, al País Vasco, estudié allí y me volví con 18 años a Lanzarote.
A mí me encanta ayudar a las personas, me siento muy útil y es algo que me apasiona, por lo que estuve en Cruz Roja, donde me formé y estuve en emergencias sanitarias. Estuve en todos los proyectos porque cuando me meto me gusta saber de todo. Pero allí hubo una crisis muy grande y tuve que replantearme mi situación laboral. Tras ello, me fui de socorrista a un hotel de Playa Blanca, pero me enfoqué y sabiendo idiomas dije: puedo llegar a recepción. Me creé mi propia estrategia para llegar a un puesto de ayudante de recepción sin ningún tipo de formación. Al cabo de seis meses fui al despacho del director general y me dijo que no, pero a los tres días me llamó y me dio una oportunidad, así fui escalando puestos.
¿Cómo fue la experiencia de trabajar con personal a tu cargo?
Fue increíble porque tenía como un poco la base de etiquetas sociales del puesto que representaba. Había noches en las que yo soñaba con estar en la barra de recepción porque tenía que aprender todo de la A a la Z.
Todo es importante y la recepción es el núcleo central de un hotel. Desde recepción se gestiona la mayoría de los departamentos y tú te tienes que anticipar a todo y obviamente tienes que hablar desde el jefe de cocina, gobernantes, directores hasta el jefe de reservas. Nosotros tenemos que ser el filtro y solucionar los problemas, y si no se puede resolver lo gestiona la dirección o subdirección.
Luego fui directora de otro hotel en Playa Blanca, pero yo yo ya me sentía fuera de allí porque yo estaba buscando algo más de mi isla, de transmitir esos valores, esa cultura, esa gastronomía, esa historia que al fin y al cabo es lo que busca un turista europeo, vivir la realidad de lo que es Lanzarote. Yo que amo Lanzarote, que soy francesa y tengo las dos culturas, para mí lo más importante es que los turistas vean Lanzarote bajo mis ojos. En recepción les decía que se alquilaran un coche y les cogía el mapa y les indicaba a dónde ir o a dónde tenían que ir a comer.
¿Esto te llevó a trasladarte al norte de la isla?
Me trasladé a La Villa de Teguise primero con un proyecto más chiquitito de turismo deportivo y ahí estuve seis años en una casa familiar de mi padre que la transformé. Hacíamos surf, surf yoga y windsurf. Vi que funcionaba muy bien, que esta isla tiene todas las posibilidades deportivas en todos los ámbitos porque se puede hacer desde estar en el aire, bajo el agua, encima de ella hasta encima de los caminos de tierra o en carretera... lo tiene todo y el clima es espectacular. Y entonces pensé en buscar un sitio más grande para albergar más deportes y abrir el abanico.
Luego aterrizas en Haría...
Sí, cogí todos los proyectos de golpe y no estaba previsto. Yo estaba buscando un alojamiento que representara a Lanzarote y al Haría de toda la vida, que son villas tradicionales como si estuvieras en casa de tu abuela y que tienen ese carisma, ese César Manrique, por lo que entonces me traslado a Finca La Crucita. Aquí aumento las actividades y las experiencias y ahora ofrecemos surf, surf yoga, windsurf, wingfoil, apnea, buceo, senderismo y bicicleta con una capacidad de sesenta personas semanales. Son ocho villas en 10.000 metros cuadrados con piscina interior y otra exterior, bodega, restaurante, etc.
Son grupos cerrados que vienen desde Francia y vienen a vivir esa experiencia. Vamos a viñedos y a bodegas. Tienen allí tanta comida porque tienen mucha actividad deportiva. Hacen deporte desde las diez de la mañana y hasta las dos, luego comen y se van otra vez. Nosotros les damos recomendaciones, pero ellos hacen lo que quieren.
Ahora nos vamos al Hotel Emblemático DelMás, ¿cómo acaba en tus manos?
Al poco tiempo de estar en Finca La Crucita, la propietaria del Hotel Emblemático contactó conmigo para llevar la explotación del establecimiento y hablando las dos vimos que teníamos mucha afinidad y que veíamos las cosas de la misma manera. El turismo que va a este hotel busca un valor añadido, calidad, experiencias y tranquilidad. También aprecia mucho la arquitectura, la naturaleza y la historia de Haría y el Hotel Emblemático es una casa del siglo XVII, es espectacular.
Tenemos diez habitaciones y ofrecemos desayuno y brunch. Para mí es muy importante que todos lleguemos a ese servicio. Tenemos restaurantes en Haría como es El Tacande o la Puerta Verde que están preparados a nivel gastronómico para recibir a ese tipo de público y mi lógica empresarial es que nos necesitamos unos a otros, no que una persona abarque todo.
De ahí supongo que viene Zeus Experience...
Sí, como yo veo el viaje, cómo lo concibo y lo que quiero transmitir... ahí decidí crear una agencia de viajes que me represente a mí, a lo que yo aspiro en destino y ahí nace Zeus Experience. Ahora mismo estamos presentes en Lanzarote, Gran Canaria y vamos a expandirnos a Francia, País Vasco y el norte de Francia de forma virtual.
Con solo 34 años, además de dirigir tres proyectos turísticos, también tienes cuatro hijas. ¿Cómo lo haces?
Tengo mucha ayuda. Tengo a los padres de las niñas también que me ayudan muchísimo en el día a día, la ayuda familiar que hay y obviamente tengo las hijas más maravillosas del mundo, por lo que me lo ponen fácil (Risas).
Yo cuando llego a casa me convierto en madre y busco mi refugio con ellas. Creo que todavía no son conscientes al cien por cien de todo lo que conlleva, pero ellas ven el sacrificio porque yo no estoy. Entonces, cuando llego a casa, muchas veces intento darles tiempo de calidad y obviamente el teléfono no para de sonar. Yo me enfrento conmigo misma a un dilema de tener que atender esto, pero también de atenderlas a ellas. Es una lucha interna continua de replantearme todo todo el rato e intento siempre hablar conmigo misma y pensar cómo mejorar.
¿Dónde ves estos proyectos dentro de un año?
Pues mantener y afianzar lo que hay, atraer también más destinos a esas experiencias y expandir la agencia de viajes, con calma.