La vegetación terrestre se encarga de depurar el aire absorbiendo dióxido de carbono y generando oxígeno. Sin embargo, esto no ocurre solamente en tierra, sino también bajo el mar. Es el caso de al especie Valonia aegagropila, un alga presente en el Charco de San Ginés y que supone el mayor aliado para la depuración de sus aguas.
Tenerife y Lanzarote, además de en Italia, es donde podemos ver esta especie de alga tan singular debido a unas características específicas. El Charco de San Ginés es sistema lagunar, por lo que "tiene una restricción del flujo de agua porque solo tiene entrada de agua en una zona", explica el biólogo marino Giacomo Palavicini. Además, esta zona fue muy importante hace décadas para la industria pesquera, y "mucho de los residuos orgánicos que generamos en la ciudad terminan en la zona del Charco de San Ginés, por lo que hay mucha materia orgánica".
Esta materia orgánica, según el experto, "es un alimento predilecto para muchas algas". Y es que "las algas pueden ser bioindicadores, es decir, que reflejan que existe un aporte ecológico muy importante que sirve para saber si las condiciones son buenas o malas", indica Palavicini.
En el caso de la Valonia, son bioindicadores de "regeneración saludable de un ecosistema", ya que la función de este tipo de algas es muy importante "al servir como refugio y alimento para muchas especies". Este alga se encuentra todo el año en esta zona, pero hay una mayor abundancia en los meses en los que la radiación solar es mayor, es decir, en primavera y verano.
Características de la Valonia
Aunque se vea a esta especie flotar en el agua, realmente la Valonia vive sujetada al lecho marino, pero termina saliendo a superficie. Esto ocurre, según explica el biólogo, porque "realizando la fotosíntesis en exceso forma gases".
Al comienzo de su vida, adquiere una forma de ventosa que hace que esté sujeta al lecho del Charco de San Ginés que, en este caso, está formado por una especie de arcilla y arena. Una de sus características más singulares es su forma de bola.
En cuanto a su esperanza de vida, puede vivir varios años aunque todo depende de las condiciones climáticas. "Depende muchísimo del calentamiento del agua", indica. "Al hablar de una zona lagunar como esta y dependiente de las mareas que hacen que haya un recambio más rápido, el agua puede calentarse mucho más", asegura.
A pesar de que el alga puede soportar altas temperaturas en los meses estivales, si aumenta demasiado debido a las olas de calor y la calima, esto "puede incidir en la temperatura del agua y matarla".
Respecto a su tamaño, es variable. Puede alcanzar el tamaño de un puño aunque su crecimiento va muy ligado al sol que reciba y al material orgánico que absorba.
Su impacto positivo en el ecosistema del Charco
El biólogo hace hincapié en que su supervivencia también va ligada a las mareas y dependen de ellas a lo largo del año. "Es un alga muy importante para proteger la biomasa y la biodiversidad de especies dentro del Charco de San Ginés porque esas mismas especies que la Valonia protege ayudan a regenerar el ecosistema", detalla.
En muchas ocasiones, si caminamos junto al Charco podemos notar mal olor, como a descomposición, algo que muchas veces relacionamos con esta alga. Sin embargo, este olor proviene realmente de la descomposición de la propia agua estancada de algunas zonas de este espacio de la capital. "Son estas algas las que se encargan de limpiar esta descomposición del agua, de aportar nutrientes como fosfatos que le sirven a otras algas o peces", resalta.
Estas especies pasan por distintos tipos de crustáceos, invertebrados o moluscos que "tienen una función muy importante, además del aporte que realiza el alga en oxígeno y en la limpieza del sistema".
Como explica Giacomo Palavicini, el valor de este tipo de especies "no está en sí misma, sino en el valor que aporta en un ecosistema más complejo donde cada uno tiene una función específica". Y es que el Charco de San Ginés actúa como "un refugio para larvas y crías de peces que sin vitales para la pesca, el buceo o el mismo ecosistema".
Otras de las especies que tienen un impacto positivo en los ecosistemas lanzaroteños son, por ejemplo, las esponjas de mar, que tienen una gran capacidad de filtración y sirven como refugio para muchos peces. También los pepinos de mar, que se encargan de limpiar los sedimentos, y los moluscos, los cuales filtran el agua.
El sargazo, una amenaza para la Valonia aegagropila
El sargazo es un alga que en muchas zonas del mundo causa graves problemas económicos y en la biodiversidad cuando llega a la costa. Se trata de una especie de color parda que en Lanzarote podemos ver en algunas ocasiones amontonadas en la orilla.
Causan mal olor cuando comienzan a descomponerse y llega a dificultar también el baño cuando la cantidad de esta alga es grande. Además, su aumento está relacionado con el cambio climático y la contaminación de las aguas, que hace que aumenten los nutrientes de los océanos y, con ello, una mayor presencia del sargazo.
"El problema está cuando hay mucho aporte de material orgánico o deshechos, lo que puede hacer que beneficie a un alga que no sea tan importante como lo es la Valonia", apunta el experto, que señala la ausencia de estudios sobre esta alga esférica. "Faltan estudios para establecer la fragilidad del sistema lagunar del Charco de San Ginés porque es pequeño y está rodeado de toda la ciudad de Arrecife", prosigue.
Sin embargo, Palavicini ve positivo que cada vez se promuevan más actividades sostenibles como el kayakismo o piragüismo en esta zona de Arrecife, ya que "fomenta un mayor cuidado de la zona porque la propia gente de la ciudad hace uso de ese recurso y beneficia a la fauna y flora que habita en el Charco de San Ginés".
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