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¿Renunciar a decir 'chinijo' para que te entiendan o compartir el lenguaje para que no se pierda?

El catedrático y miembro de la Academia Canaria de la Lengua Zebensuí Rodríguez reflexiona con La Voz sobre el valor del español hablado en Canarias: "La lengua expresa una manera de sentir y de ver el mundo"

Zebensuí Rodríguez, miembro de la Academia Canaria de la Lengua. Foto: Juan Mateos.

Asustarse no es lo mismo que tener unas ganas incontrolables de ir al baño por sentir mucho miedo (chijarse) ni asomarse a una ventana es lo mismo que alongarse, que es mucho más gráfico y muestra la idea de tener medio cuerpo por fuera. "La lengua expresa una manera de sentir y de ver el mundo", expone Zebensuí Rodríguez, miembro de la Academia Canaria de la Lengua y licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de la Laguna, que profundiza con La Voz sobre el valor del español hablado en Canarias.

El catedrático expone que "renunciar a usar palabras como alongar no es solamente renunciar a una parte de nuestra identidad lingüística, sino que es renunciar también a un matiz de significado, a una intuición semántica que viene a enriquecer el idioma". De este modo, aunque las palabras puedan utilizarse como sinónimos, no necesariamente significan lo mismo. 

En Lanzarote y La Graciosa, un niño pequeño no es simplemente un menor, sino que es un chinijo y ser un chinijo no es simplemente ser un niño. Un chinijo ha crecido cerca del mar, con el olor del salitre, camina con destreza sobre los callaos y cuando llega a adolescente aprende a jugar al chinchón o a la ronda en las mesas del teleclub. 

 

¿Luchar por preservar el lenguaje o aceptar que se pierda?

El lenguaje está en constante cambio y está atravesado por la historia de cada lugar.  Actualmente, la irrupción del lenguaje tecnológico, marcado por el fuerte uso de anglicismos, confluye con los flujos poblacionales de Lanzarote, donde hay municipios en los que los habitantes nacidos en Canarias rondan solo el 30%, como ocurre con Yaiza. Esta realidad hace plantearse si se terminará perdiendo parte del dialecto canario.

Este catedrático expone que pueden darse dos casos, que se produzca en Lanzarote "la acomodación lingüística y el hablante canario abandone ciertas formas que considera vernáculas por otras más generales para garantizar la comunicación" o, al contrario, como reacción a la confluencia de personas procedentes de otros territorios, "potenciar su forma de hablar", como señal de identidad. "Un amigo me dijo, yo voy a seguir diciendo chinijo y fonil y si se lo tengo que aclarar al que me está escuchando, se lo aclaro", ejemplifica.

Hacer predicciones sobre el futuro de la lengua, es "muy difícil", pero al analizar la realidad lingüística del archipiélago es habitual toparse con palabras que narran la influencia histórica de otras poblaciones en el dialecto canario. Por ejemplo, gaveta, un portuguesismo que hace referencia a un cajón, o encachazar, otro portuguesimo que alude a cuando un objeto, especialmente la ropa, está muy sucio. Este filólogo explica que las relaciones constantes con Portugal entre los siglos XV y XVII supusieron la entrada de otros términos como el de casa terrera. 

El español hablado en Canarias no solo tiene influencias de Portugal, sino que también muestra términos procedentes del francés, como jable, o de los constantes movimientos migratorios entre las islas y el continente americano, como el término pibe o guagua.

"En Canarias, hace mucho tiempo padecimos esa creencia —que todavía persiste lamentablemente— de que nuestra modalidad de habla era inferior a otras. Llegamos a pensar que nuestra modalidad de habla era menos legítima, menos correcta, a sentir incluso en algún momento cierta vergüenza de nuestra forma de hablar", expone Rodríguez, que añade que actualmente "tenemos un conocimiento mayor de lo que es la realidad lingüística". 

Muestra de este empoderamiento cultural es el éxito, también fuera de las fronteras canarias, de autoras como la lanzaroteña Lana Corujo, quien con su obra Han cantando bingo, donde predomina el uso de canarismos y la descripción de personas y paisajes de la isla ha vendido miles de ejemplares; o la obra de Panza de burro, de la tinerfeña Andrea Abreu, que plasmó en negro sobre blanco la oralidad del dialecto canario. Rodríguez expone que antes, escritores como los lanzaroteños Félix Hormiga, Ángel Guerra o Benito Pérez Armas reivindicaron su cultura. 

 

Cada isla tiene su peculiaridad

Aunque el español de Canarias es un dialecto común para todo el archipiélago, conceptos como chinijo muestran que cada isla tiene sus singularidades. "Es evidente, cualquier hablante del español de Canarias lo percibirá así, que hay diferencias entre islas", expone Rodríguez. En Lanzarote, por ejemplo indica que es habitual aspirar la r, cuando va antes de una l: "Por ejemplo, decir Juan Cal-los en lugar de Juan Carlos". 

Quizá, la diferencia más clara es la que registra el acento de las personas grancanarias, donde las consonantes que están delante de una se pronuncian como si fueran dos y se registra en fases como: "Son las dos". 

En la otra punta del archipiélago, en la isla de El Hierro, este filólogo describe su acento como "más conservador", frente al carácter innovador con el que define la pronunciación de Gran Canaria. "El Hierro mantiene ciertas formas lingüísticas, por ejemplo, la pronunciación plena de la s", explica. En las islas occidentales, los gomeros también emplean el uso del vosotros, a pesar de que en el resto del archipiélago está más extendido el ustedes, que funciona como símbolo de identidad. 

Este catedrático y experto en el habla canaria señala que la separación geográfica entre islas, hace que sean "pequeñas comunidades de habla", pero con sus similitudes. 

Zebensuí Rodríguez, licenciado en Filología Hispánica. Foto: Juan Mateos.

 

Ajaches, gofio, guirre o tabaiba: los guanchismos que nos quedan

El idioma y sus palabras cuentan la historia de la isla y la de quienes la han habitado. Entre ellas, los guanchismos son aquellas palabras, topónimos o expresiones que proceden de las lenguas aborígenes habladas por los primeros pobladores del archipiélago y que aún resuenan en las islas. Por ejemplo, la palabra guirre (Neophron percnopterus), una subespecie del alimoche común y la única rapaz carroñera que vive en las islas, procede de las lenguas tamazight o bereberes canarias. Esta ave está en peligro crítico de extinción y con su desaparición no solo se perdería una especie única en Canarias, sino también un término isleño.    

En la obra Los Guanchismos. Diccionario de Toponimia de Canarias, elaborado por Maximiano Trapero y con la colaboración de Eladio Santana, se recogen 414 guanchismos solo en Lanzarote. El diccionario de guanchismo contempla palabras como Famara o Femés, pero también gambuesa, que hace referencia a un corral grande de piedra donde normalmente se guardan cabras.

Entre las palabras que perduran aún hoy, también se encuentra chinijo, que es el nombre que se le otorga al archipiélago compuesto por La Graciosa, los islotes de Alegranza y Montaña Clara, así como los roques del Este y del Oeste, aunque esta denominación parece haber sido importada.

La lista es larga y algunos guanchismos se hayan nada más abrir la ventana, conceptos que hacen referencia a la vegetación como la tabaiba, tan propias del paisaje de Lanzarote o la más conocida de Canarias, gofio. 

 

Lanzarote se pinta de verde tras el paso de las últimas lluvias. Foto: Andrea Domínguez.