Una de las realidades a las que se enfrenta la zona norte de Lanzarote es la degradación de las cumbres de Famara, motivada por la erosión del suelo. Esta situación supone un grave problema para una de las zonas con mayor biodiversidad de Lanzarote, ya que se sitúa a gran altura y lo convierte en uno de los lugares con más humedad de la isla. Para llevar a cabo una solución y atajar este problema, la empresa pública Gesplan y el Cabildo de Lanzarote llevan desarrollando desde 2024 un proyecto para recuperar y conservar esta zona.
Francisco Fabelo, jefe del área de Medio Ambiente del Cabildo de Lanzarote, explica que esta pérdida de suelo no solo se debe a la acción de los fenómenos climáticos, sino también "a la acción de herbívoros como las cabras". Las lluvias, sobre todo torrenciales, y el viento "han dado lugar al arrastre de suelo desde las zonas más altas a las más bajas de la isla". Este proyecto para la recuperación de estas cumbres se está llevando a cabo en terrenos de titularidad pública y cuenta con un presupuesto de casi 900.000 euros.
La zona de actuación está comprendida entre El Bosquecillo y Montaña Aganada, lugar donde el suelo no tiene la capacidad de retener la tierra al no haber vegetación suficiente. Y es que las raíces de los arbustos, árboles y demás vegetación son la herramienta perfecta para sujetar el suelo y que la acción del agua no cause estragos. "Durante las lluvias se forman una especie de barrancos que cada vez se hacen más hondos y grandes (llamadas cárcavas), lo que hace que cuando llueve, el agua corra en forma de escorrentía que acentúa la erosión más y más", señala Fabelo.
De hecho, este tipo de suelo, conocido en Lanzarote por muchos como "caliche", es un suelo muy calizo y muy poco permeable que se llegó a utilizar para elaborar cal. "Es un suelo al que le falta mucha materia orgánica, por lo que hacemos una enmienda para corregir su composición para hacerlo más fértil", asevera. Estos trabajos se están llevando a cabo en tres hectáreas divididas en 18 parcelas diferentes.
Preparación del suelo
Aunque la plantación de vegetación autóctona es vital y forma parte de esta iniciativa, el paso más importante es la preparación del suelo, ya que es muy calizo y el agua de lluvia no penetra en la tierra, sino que discurre por la superficie. "Lo hacemos añadiendo materia orgánica y otros elementos que aumentan la permeabilidad", explica.
Esto no solo se consigue añadiendo estiércol, sino también fibra de coco y con la colocación de pequeños enmallados con restos de poda de otras zona de la isla como varas de viñas. "Esto lo introducimos en las zonas más hondas de las cárcavas y vamos añadiendo mucha materia orgánica", apunta Francisco Fabelo. Por ello, la modificación del suelo pasa por una transformación física y química para que retenga más cantidad de agua, empiece a haber vida en él en cuanto a la microbiota y cuando reciba las distintas especies de vegetación, estas tengan todos los nutrientes necesarios.
Al mismo tiempo de estos trabajos en el suelo, desde Medio Ambiente han ido recolectando diferentes semillas de especies de flora endémicas de la zona. Este banco de semillas se ha germinado en el vivero de Máguez de forma controlada. "Aceleramos el crecimiento a través de técnicas como un clima controlado dentro del invernadero, pero después las sacamos de él para que se vayan aclimatando y por último, las trasladamos a las parcelas de restauración, su lugar definitivo", detalla el jefe del área de Medio Ambiente.
El bejeque, la lavanda, la tabaiba, la margarita de Famara o el cerrajón son algunas de las más de treinta variedades de plantas que se cultivan para repoblar las cumbres de esta zona. El cerrajón, en concreto, es una de las especias más atacadas por herbívoros cabras o conejos, ya que "es muy nutritiva y apetecible para la fauna". Las especies plantadas están protegidas por un vallado para evitar el ataque de los herbívoros. De esta manera, se asegura la supervivencia de esta vegetación.
Estos trabajos se están realizando para evitar la pérdida de suelo que afecta gravemente a muchas otras zonas de Lanzarote, como a la Montaña de Guanapay. "Las cárcavas de esta zona ya no tienen vegetación porque cualquier planta que intente colonizar este lugar, por efecto de las lluvias es arrastrada y se pierde todo", explica Fabelo. Por ello, es muy importante evitar que el agua corra con fuerza.
Evolución del proyecto
El proyecto, que se encuentra actualmente a poco más de un año de finalizar, avanza de forma favorable en un año que ha coincidido con abundantes lluvias distribuidas en varios meses. "Ha sido una garantía total para la plantación, no ha habido fallas de estos cultivos", celebra.
Ahora, la iniciativa se encuentra en pleno proceso para crear un acceso para una cuba de agua que pueda abastecer a la zona para regar las especies plantadas, pero también se contempla la utilización de agua a través de los captadores de niebla. "Ante las olas de calor que puedan venir de varios años seguidos sin periodos de lluvias de por medio, tendremos que regar", apunta.
En lo que respecta a la posibilidad de trasladar este proyecto de recuperación a otras zonas de Lanzarote, Francisco Fabelo señala que "tenemos una obligación, también por parte de la Unión Europea, de aumentar nuestra superficie restaurada, la cual ha sido castigada por el cambio climático y por la erosión y que, si no tomamos medidas, la desertización de la isla crecería a pasos agigantados y no queremos que Lanzarote se convierta en un desierto en pocos años".
Por ello, una vez finalice el proyecto de las cumbres de Famara en el año 2027, afirma que "se deberá continuar con la restauración de otras parcelas".
Posibilidad de reforestación con pinos canarios en la zona norte de la isla
Al contrario de lo que muchas personas puedan pensar, en Lanzarote sí que existe un minúsculo grupo de pinos canarios (Pinus canariensis) en la zona de las curvas de Malpaso, en el municipio de Haría. Antiguamente, había un sistema arbóreo muy importante formado pinos, cipreses y tarajales en la zona del Barranco de Elvira Sánchez.
Sin embargo, ¿sería posible una reforestación con esta especie en algunas zonas del norte de la isla? El jefe del área de Medio Ambiente explica que esta vegetación arbórea es "muy sensible al viento, pero también a la propia humedad de la zona que hace que crezca un liquen en las ramas que no les ayuda a desarrollarse del todo".
Por ello, estos dos factores suponen una desventaja para una posible reforestación con pino canario en esta zona a pesar de que los pocos que existen sigan con vida.