Recetas saludables, recreación de postres en su versión "sana", ideas para adelgazar, cuerpos definidos, influencers que se hacen pasar por falsos nutricionistas para aconsejar a sus seguidores sobre una alimentación y un algoritmo que se convierte en un arma de doble filo. Esto es lo que muchas de las personas, sobre todo jóvenes, se encuentran en redes sociales como TikTok o Instagram y que, en algunos casos, conlleva al desarrollo o agudización de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). La persona que los sufre muestra una fuerte preocupación en relación a su peso, su masa corporal y presenta alteraciones con la alimentación.
En una sociedad en la que el físico y la idea de un estilo de vida saludable han tomado las riendas de la cotidianidad, las redes sociales fomentan muchas veces de forma extrema este contenido que puede generar trastornos de conducta alimentaria. Pero, primero de todo, ¿qué tipo de TCA existen? En concreto, podemos enumerar tres de estos trastornos psicológicos graves: la bulimia, anorexia nerviosa y el trastorno por atracón que, en España, afectan alrededor de 400.000 personas, según la Sociedad Española de Médicos de Familia (SEMG).
Según explica Alicia López, psicóloga general sanitaria especializada en trabajos terapéuticos con menores y sus familias, la bulimia es un trastorno en la que la alteración física del paciente no es tan llamativa, pero hay más episodios de atracones. "Comen descontroladamente durante un periodo de tiempo y ante la culpa tienen unas conductas compensatorias que pueden ir desde vomitar, actividad física excesiva, ayunos o laxantes y también existe una gran preocupación por el peso, pero no tienen por qué tener un peso bajo", apunta.
La anorexia nerviosa se presenta como "una restricción y reducción de una ingesta nutricional, con un miedo intenso a engordar y, sobre todo, una gran insatisfacción con tu cuerpo y puede llegar a haber una falsa percepción del físico, viéndose más gordas de lo que están".
En cuanto al trastorno por atracón, existe también la ingesta excesiva de alimentos como en la bulimia, pero en este caso no hay en sí una conducta compensatoria. "Estas personas suelen tener un gran aumento de peso y les genera un profundo malestar recordar los atracones y suele estar vinculada a síntomas depresivos", detalla.
Indicios que pueden aflorar desde los nueve años
Pese a que muchas personas piensan que los trastornos de la conducta alimentaria aparecen a partir de la adolescencia, lo cierto es que se están manifestando indicios en niños desde los nueve años de edad. "Aparecen algunos signos de alerta que si no se tratan podrían desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria", explica la psicóloga.
Las familias deben estar alerta a ciertos comportamientos como que niñas estén preocupadas por el peso, el uso de la báscula de manera compulsiva, que evitan algunas comidas o alimentos, insatisfacción con su cuerpo, llorar cuando se miran en el espejo o vestir de una manera más ancha para que no se vea su silueta. "Sobre todo la insatisfacción con el peso porque no es propio de esa edad", indica Alicia López.
A pesar de ello, según explica la profesional, los TCA "no tienen una causa o factor en sí mismo, sino que tienen factores genéticos, psicológicos (trauma, situación de acoso o problema familiar), rasgos de la personalidad o dificultad en la regulación emocional porque a veces usamos la comida como estrategia para manejar situaciones difíciles".
En la educación de los niños y adolescentes, la familia es fundamental, así como a la hora de la relación con la comida. "Muchas veces no se trabaja tanto la conciencia de la saciedad o de las necesidades fisiológicas", apunta, lo que lleva en ocasiones a que los padres obliguen a sus hijos a comerse platos enteros en lugar de "conectar al niño con su sensación de hambre y que pare cuando no quiera seguir comiendo más".
El impacto de las redes y el algoritmo en un cerebro en pleno desarrollo
En los niños y adolescentes, cuando el cerebro aún se encuentra en pleno desarrollo, las redes sociales y su contenido pueden resultar nefastos para el crecimiento cognitivo del menor. "La corteza prefrontal está inmadura porque es la parte que se desarrolla más tarde y conlleva aquellas funciones cognitivas como el juicio, el autocontrol o la toma de decisiones", apunta López.
Esto influye en funciones como la atención, que provoca una falta de ella. "Un ejemplo es el consumo de YouTube y los vídeos muy cortos, que influyen en la atención", detalla. Sin embargo, también afecta al correcto desarrollo de la reactividad emocional, de "cómo responde a las críticas, las comparaciones o la dependencia de la validación social a través de los me gusta o los comentarios en redes".
"Todo esto lo que hace es disminuir la autoestima, generar ansiedad y hacer que la persona busque continuamente esa validación externa", continúa la experta. Asimismo, aparecen también los cambios en la regulación emocional, lo que da lugar a que "tengan menos recursos para manejar emociones intensas y, sobre todo, la comparación constante porque hay un modelo normativo de cuerpo e imagen que los menores persiguen y lo comparan".
El algoritmo, el sistema que filtra nuestros gustos o aficiones y hace que el contenido de nuestras redes sociales sea un claro reflejo de lo que queremos ver, se convierte en una herramienta muy potente y peligrosa en personas con trastornos de la conducta alimentaria. "La sobreexposición a contenido relacionado con el ideal corporal aumenta la sensación de malestar y, lo que podrían ser conductas saludables, se convierten en conductas de riesgo", comenta la psicólogo.
En personas que sufren un TCA, este algoritmo "termina por mostrarles contenido relacionado con dietas estrictas, cuerpos perfectos y conductas que fomentan estos trastornos", lo que acaba siendo un bucle del que es muy complicado salir.
Y es que a la hora de que un menor tenga un móvil, los padres deben tener en cuenta algo más que la edad del niño. "Lo que siempre recomiendo es no ser bruscos, no pasar de no tener nada a tener un iPhone, sino ir acompañando al niño con un teléfono tuyo primero, unas redes sociales supervisadas y, según veas la preparación de tu hijo, darle un dispositivo propio", aconseja Alicia López. Además, "ver las redes con el niño, criticarlas y ver lo que es real y lo que no para poco a poco ir dándole autonomía", continúa.
Solo un 2,1% del contenido nutricional en TikTok es veraz
Según un estudio elaborado en 2024 por la Universidad de Dublín y la aplicación móvil MyFitnessPal, solo el 2,1% del contenido en forma de vídeos que se publica en la red social TikTok es veraz. El estudio llegó a esta conclusión después de analizar 67.000 vídeos, lo que revela que la mayoría aplastante del contenido sobre alimentación y nutricional son inexactos y no se ajustan a la realidad.
Esto puede tener un impacto en la salud, sobre todo de los jóvenes, que acuden a TikTok con el objetivo de aprender recetas saludables de forma gratis y de informarse sobre los valores nutricionales de los alimentos cuando muchos de los vídeos no son realizados por profesionales. "Esto significa que la gran mayoría de lo que la gente está consumiendo no está respaldado por la ciencia", apunta Flavia Baridón, nutricionista y dietista.
Las consecuencias derivadas de ello pasan por, según Baridón, "adoptar dietas desequilibradas o generar relaciones problemáticas con la comida, algo que puede ser muy difícil de resolver". "Las plataformas premian lo que se hace viral y sabemos que esto normalmente no es lo más riguroso", prosigue la experta.
Por otro lado, el bombardeo de vídeos sobre recetas saludables o variaciones sanas de postres y comidas en redes sociales difunde el mensaje de que todo lo que comamos debe ser siempre sin azúcar y bajo en calorías. Sin embargo, la realidad es que no pasa nada por llevar un estilo de vida saludable y comer de vez en cuando algo más calórico o no tan sano como pueden ser un trozo de tarta o una hamburguesa. "Yo estoy a favor de la flexibilidad y no pasa nada si te apetece comerte una golosina una vez, la alimentación saludable está muy bien, pero sin obsesionarse", asegura la nutricionista.
No obstante, estas recetas saludables son una muy buena opción cuando, de forma diaria o más a menudo, queremos comer de forma rica pero eliminando los alimentos ultraprocesados y que sea nutritiva. El quid de la cuestión de la cuestión se encuentra en comer saludable de forma general, pero pudiendo disfrutar de vez en cuando de otros alimentos no tan sanos. De lo contrario, es posible que una persona desarrolle ortorexia, un trastorno de la conducta alimentaria que se caracteriza por una obsesión por alimentarse de comida pura, saludable y "limpia".
"Hablarle a una persona con ortorexia de ser flexible en su alimentación un día es inviable, no se lo pueden permitir porque sienten culpa y frustración", explica Flavia Baridón.
Recuperación de una persona con TCA
Las personas con trastornos de la conducta alimentaria se enfrentan a una gran lucha tras ser conscientes de su enfermedad y comenzar la recuperación. En este proceso entran en juego varios profesionales sanitarios que forman un tándem multidisciplinar para acompañar al paciente durante este camino.
En este sentido, puede haber casos en los que la persona se recupere totalmente, pero también hay muchos otros en los que nunca llegan a recuperarse del todo y tienen pequeñas recaídas. "La posibilidad de recuperación total existe, pero siempre con un buen tratamiento a nivel nutricional, farmacológico, psicológico, psiquiátrico e, incluso, a veces conlleva el internamiento en unidades de TCA, además de un seguimiento muy específico", detalla la psicóloga.
Este proceso puede alargarse mucho en el tiempo, dependiendo siempre de la capacidad de cada persona y de la gravedad del trastorno que sufre. "No se trata de volver a comer bien, se trata de desmontar creencias, perder miedos, reconstruir la confianza con el propio cuerpo y perder el miedo a comer para tener esa flexibilidad", asevera por su parte la nutricionista Flavia Baridón.
Para una correcta recuperación, los profesionales sanitarios deben estar continuamente formándose y actualizándose, ya que cada vez surgen nuevos trastornos de la conducta alimentaria. Eso sí, todo ello con "empatía, respeto y sin juicios porque son personas que sienten mucha culpa y ansiedad" para volver a disfrutar de la comida sin remordimientos.