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Heridas y falta de higiene: un testimonio se suma a las críticas contra la residencia de Tías

Rafael Hernández cuenta a 'La Voz' la experiencia de su padre en el centro de día, también gestionado por Amavir, donde habría enfrentado problemas de higiene y diversas heridas

Herida en el mentón del anciano tras una caída en la residencia de día de Tías

Tras hacerse públicos los vídeos y fotografías de las vejaciones y burlas a las que algunos empleados habrían sometido a los mayores de la residencia de Tías, gestionada por la entidad privada Amavir, no han parado de conocerse testimonios que se suman a los reclamos. A las quejas por las deficiencias de material y personal de este servicio, son varios los testimonios de familiares que han salido a la luz denunciando el trato a sus mayores. Es el caso de Rafael Hernández, cuyo padre, ya fallecido, estuvo en esta residencia de día desde el año 2021 hasta 2024 y donde su hijo vio cómo llegaba a casa con continuas infecciones de orina y numerosas heridas

Según relata su hijo Rafael Hernández a La Voz, al comienzo de acudir a la residencia de día todo iba muy bien hasta que comenzó a tener infecciones de orina de forma continua, a llegar sucio a casa y a perder peso. "Yo preguntaba y me mandaban un informe donde decían que estaba comiendo bien y que todo iba estupendamente, pero es verdad que yo iba viendo un deterioro a pesar del alzhéimer que padecía", cuenta. 

Por este motivo, empezó a sospechar que en el centro de día no le estaban cambiando el pañal y decidió marcarlo para comprobar si lo hacían o no. "Cuando llegaba a casa por la tarde comprobaba el pañal y vi que había sido el mismo, venía muy orinado", relata. A pesar de quejarse a la Dirección de la residencia de que llegaba a casa sucio, atribuían esa suciedad al trayecto entre el centro y la vivienda familiar, asegurando que se ensuciaba por el camino. "De hecho, ya lo habían operado para intentar evitar esas infecciones de orina que tenía y al final descubrimos que era algo tan sencillo como cambiarle el pañal, algo que no estaban haciendo", señala.

Por otro lado, Hernández observaba también una falta de higiene en su padre. "Venía con la boca y la ropa sucia, y me decían que qué bien que comió él solo cuando eso era mentira porque mi padre no era capaz de coger una cuchara y metérsela a la boca... solo si le dabas un trozo de pan sí se lo lleva a la boca y se lo come, pero una cuchara no la coordinaba", apunta.

En este sentido, asegura que "los informes no cuadraban con la realidad y llegaron a decirme que mejor no llevara a mi padre al centro porque se dormía y me decían que está aquí como si estuviera sedado y me preguntaban que si no estaba durmiendo por la noche, además, de decirme que para que venga así que mejor no viniera".

Tras estos problemas, Rafael Hernández decidió solicitar una reunión con la directora, pero su sorpresa fue que cuando llegó, en la sala había seis personas más además de la responsable del centro. Se trataba de algunos de los trabajadores y "estaban todos en el otro lado de la mesa y yo solo... de hecho, cuando entré en aquella habitación dije: "No sabía que tenía que traer un abogado porque aquello para mí era una encerrona". En esa reunión, le comentó al personal que si no estaban preparados para atender a personas dependientes, que no lo hicieran. 

Poco tiempo después, su padre llegó a casa con medicación que no era suya en el bolsillo. Se trataba de un medicamento cuyos efectos secundarios producían debilidad en las piernas y somnolencia. "Mi padre no tomaba esa medicación y entonces llamé a la directora y me dijo que lo iba a mirar", explica. Por ello, critica la gestión farmacéutica de la medicación, ya que es el propio centro quien se encarga de administrarle las pastillas a los mayores y que las familias envían mensualmente. "No puedes dejar que personas con Alzheimer tengan pastillas y sospecho que le estaban dando esa pastilla a mi padre a pesar de que ellos lo niegan", dice. Y es que tras comentarle a Amavir esta situación, su padre comenzó a caminar de nuevo y mejoró.

"La experiencia que tengo con ellos es que los problemas los intentan solucionar sin muchos aspavientos, solo que se quede entre tú y yo y se acabó e intentan convencerte para que no vayas a más", continúa.

 

Heridas en orejas, mentón y brazos 

El transporte fue otro de los servicios en los que Hernández tuvo problemas, sobre todo con el conductor del que, según cuenta, Amavir era consciente de su mala praxis con los ancianos. "La directora me reconoció en su día que era una persona conflictiva, que no tenían manera de echarlo y que estaban intentándolo", indica.

"Este conductor trataba a los ancianos como si fueran sacos de papas, de prisa y corriendo... de hecho, mi padre tuvo un par de heridas producidas por él, una de ellas metiéndolo en casa, rozó la pared con la silla y le produjo una herida bastante importante en un brazo sangrante", relata. "Cuando mi madre lo recibió le preguntó al conductor y le dijo: "no sé, a mí me lo dieron así y ahí te lo dejo", no hizo nada por curársela o interesarse por cómo estaba", prosigue.

 
Herida en uno de los brazos

 

En otra de las ocasiones, su padre llegó a su casa con una de las orejas sangrando. "Llegó con la oreja reventada y me dijo que se golpeó con el cristal de la furgoneta", cuenta. Y es que el conductor aseguró que los cinturones de seguridad de la silla estaban averiados y estaban transportando a los mayores sin los anclajes al suelo. Tras ello, Hernández llevó a su padre a Urgencias donde le realizaron un parte de lesiones al que este medio ha tenido acceso donde se refleja la herida sufrida y dónde ocurrió.

Herida en la oreja

 

Estos no fueron los únicos incidentes, ya que su padre sufrió una profunda herida de siete centímetros en el mentón estando en el centro. "Me llamó un médico, me dijo que mi padre se había dado un golpe en el mentón y que necesitaba sutura, por lo que me pidió que fuera yo a buscarlo para llevarlo al médico", recuerda. En ese momento, le comentó que lo hicieran en el propio centro con el personal sanitario, pero la herida resultó ser más grave de lo que le estaban diciendo. "Me dice que lo que ocurre es que tiene mala pinta, parece ser un poquito más grave y debería llevar al hospital para que le hagan radiografía, por lo que me enfadé muchísimo y le pedí que llamara él mismo a la ambulancia... cuando llegué se le veía el hueso", narra.

Tras salir a la luz esta situación tan grave en la residencia gestionada por Amavir, Hernández cuenta emocionado que sus familiares y amigos le pasaban las noticias pero "no tenía estómago para abrirlas".

Su padre estuvo en la residencia de día de Tías hasta abril de 2025, momento en el que pasó a la residencia diurna del Hospital Insular de Lanzarote. "Son una maravilla, el cambio fue bestial de la noche a la mañana y ahí son muy humanos y te dan toda la información, es otro mundo", concluye.

Hematoma en uno de los ojos